MENSAJES CRUZADOS
El invierno
El invierno ha llegado para representar de nuevo su riptus y su impronta por toda la geografía de Castilla y León, por las nueve provincias de esta comunidad autónoma que recrea silencios y nostalgias cuando el frío se mece en sus paisajes y los viste de blanco. Por esta tierra plena de historias y leyendas que siempre se repiten, descendiendo a la ínfimos espacios las miserias impías y estrecheces. Es la obsesión baldía de una nada que fecunda más nadas con vilezas y con promesas vanas y vacías de nuestros gobernantes. El invierno ha llegado para demostrar que las previsiones de los seres humanos son casi imperceptibles ante una naturaleza vigorosa e indomable que es capaz de modificar los cálculos humanos a su antojo...
El invierno es la estación en la que los que vivimos en estas tierras frías, norteñas e interiores seguiremos padeciendo la inclemencia como vínculo repetitivo que regresa cada año para unir el pasado y el presente. Es así nuestro invierno más rotundo, el que custodia los días y las noches de crueles asperezas y solemnes verdades que sucumben ante el frío glaciar. El que no nos cobija en los hogares que se abrazan a espacios heladores. Porque los impuestos a los combustibles imposibilitan que se temple la vida en los hogares que acunan la peor de las pobrezas.
Pero los gobernantes insensibles siguen aplicando impuestos inoportunos dirigidos a evitar que las familias puedan hacer acopio de los combustibles necesarios para que las más bajas temperaturas no se inserten en sus huesos. Son los impuestos injustos que vaticinan un tiempo peor y más gravoso que el que antes tuvimos, y es por eso que muchos de los hogares habitados por millones de españoles no puedan, ni tan siquiera, encender la calefacción.
Porque el invierno es un potente símbolo que se inmiscuye desde tiempos seculares en la impronta sagrada de la vida y en el alma de las gentes sencillas que aguantaban carros y carretas sin que nadie haga algo para remediar tantos males. Porque el frío, la nieve y las heladas ya habían sido protagonistas de la mejor literatura, esa que había sido representada en las obras de Tolstòi y Dostoievski, y que había asistido a las miserias que abarrotan el mundo más terco e insensible. La que adujeron crudos personajes que sustancian la injusticia que suelen aprovechar los gobernantes para urdir la miseria y sus legados.
El invierno es cenáculo de miedos, adalid de nostalgias que sucumben cuando la nada abrasa pesadumbres que padecen los seres más pequeños de nuestro purgatorio terrenal. Es verdad que desata pragmatismos y que invade certezas cotejadas en despachos muy cálidos que no padecen límites.