Los paseos de ministros por Castilla y León es un vaticinio de elecciones

ERNEST URTASUN
Los mayores del lugar contaban un viejo chascarrillo en Soria sobre la política. Un hombre se encontraba con un amigo en la plaza de Mariano Granados le decía: «Creo que va a haber elecciones pronto». El otro, sorprendido, le respondía: «Y por qué lo sabes». A lo que el primero concluía: «Es que he visto a Jesús Posada un par de días paseando por El Collado». El chascarrillo soriano podría aplicarse perfectamente a Castilla y León. Los castellanos y los leoneses saben que va a haber elecciones pronto, aunque no están en esa pantalla todavía, porque no paran de ver a ministros paseando por las provincias de esta tierra como descosidos. Ministros que no han pisado para nada Castilla y León en sus mandatos. O al menos para nada concreto y fructífero. Ahí está, sin ir más lejos, la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, inoperante a tiempo completo, repartiendo pisos a mansalva por todas parte. Pisos que ni ha hecho ni hará. Entre otras cosas porque está de prestado en el ministerio, gracias a que Pedro Sánchez no ha acometido la latente crisis para reformar el gabinete. Será a la primera a la que pongan de patitas en la calle. La segunda será la de Valladolid si es que Sánchez se decide a reformar el desastre de gabinete con el que surca el mandato. La otra opción es que se decida a una reforma general a base de jugársela en un adelanto electoral, ahora que Junts ha empezado a dar y no sólo amagar.
Prepárense que vendrán ministros, de aquí al 19 de enero que se disolverán las Cortes y se convocarán elecciones, como si fueran mercaderes de Khan Al-Khalili, el gran bazar de El Cairo. El último trilero aparecido es el de Cultura, Ernest Urtasun, interesado por la debacle que va a sufrir su socio de gobierno en la provincia de León, ofreciendo la reforma del Teatro Emperador, cuya promesa data del primer gobierno de Zapatero. Sólo han pasado 20 años. Pero Urtasun no lo sabe y piensa que los ciudadanos son imbéciles, además de desmemoriados. Urtasun intenta pescar para Sumar en el río revuelto del PSOE de Castilla y León, cada día más asomado al abismo de un batacazo antológico con un candidato que no quiere serlo, además de prisionero de su propia desidia. Vendrán ministros sin parar. Es la cantinela de cada elección. Y con cada visita en forma de tomadura de pelo prometiendo lo que no han hecho enterrarán más las expectativas de un Carlos Martínez, entregado al tudanquismo, por el que ya nadie da un duro en su propio partido. El desánimo ha cundido en las filas socialistas hasta extremos escalofriantes. Y no es por la ola de frío polar. Es por el desasosiego, el desbarajuste y el desacierto que se ha instalado en el equipo de un Carlos Martínez cada día más ausente.