Diario de Valladolid

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Realmente casi nadie sabe y muy pocos creemos que la economía española goce de solidez. Y aunque el ministro Carlos Cuerpo se empeñe en decirlo y en no dejar de decirlo en todos los foros, nadie o casi nadie se lo cree. Ya que la solidez económica de un Estado de la Europa Comunitaria debería de estar perfectamente alineada con la solidez económica de todos y cada uno de los que viven y participan en ese Estado que, en este caso concreto y de momento, se sigue llamando España, pese a quien le pese. Y es que al ministro Cuerpo se le llena la boca ofreciendo datos macroeconómicos, que en la mayoría de los casos se alejan mucho de la realidad. La buena marcha económica de España camina por senderos tortuosos y complejos que, en muchos casos, han sido imaginados y creados de modo artificial. Pues, sobre todo, se han pensado diezmando las economías perentorias e insuficientes de millones de españoles que no llegan a fin de mes, porque el Estado se ha convertido en un “Estado-depredador” que devora todo lo que se pone a su alcance. Un Estado que continuamente crea impuestos para dar cobertura a la infinidad de ministerios que gastan sin ton ni son: es el libre albedrío... Por esa razón es por la que miles de ciudadanos no ven con sus propios ojos lo que manifiesta el ministro cuando asegura que hay auténtica fortaleza en nuestra economía.

Porque para hablar con criterio tendríamos que poner sobre la mesa todo lo que planea en este asunto espinoso y tan complejo; ya que nuestra deuda soberana no para de crecer, y esa deuda, a corto plazo y también a largo plazo, acarreará muchas complicaciones que pagarán nuestros hijos e incluso los hijos de nuestros hijos. Y aunque mi discurso no pretende ser del todo pesimista, está en guardia, en cuarentena, ya que, como un ciudadano que frecuenta este entorno, temo – realmente temo - que no es oro todo lo que reluce o todo aquello que el ministro Cuerpo nos dice que reluce.

La economía española está en crisis porque faltan oportunidades reales y veraces para que deje de estarlo. Y simplemente me remito a la falta de calidad de vida que hoy padecen millones de españoles, a que las empresas no encuentran trabajadores a pesar del paro que padecemos, a que la vivienda se ha convertido en un eje de conflictos que no somos capaces de solucionar, a que han tenido que cerrar miles de autónomos y de pequeñas empresas que no pueden con lo que se les viene encima, a que los mínimos vitales no ofrecen nada más que un parche sin visos de esperanza y de futuro...

Y es que las reformas de cohesión social pretendidas por el gobierno de Sánchez no han logrado alcanzar lo que habían anunciado. En fin, que la política económica española está profundamente ligada a un modo obsoleto de gobernar y que, como consecuencia de todo ello, así nos va el pelo.

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