Diario de Valladolid

Creado:

Actualizado:

EL MUNDO en que vivimos está estrechamente condicionado y manejado por las grandes multinacionales que ya tienen mucho más poder que algunos de los pequeños estados europeos. Pues la propia Úrsula Von der Leyer está siendo tentada y presionada por esas grandes empresas o trust económicos y por sus espurios intereses, para que en la Europa Comunitaria y fuera de lo que de momento representa no se retrase ni un segundo más la definitiva prohibición de los automóviles que funcionan con combustibles petroquímicos. El universo de la política europea está siendo corrompido por grandes empresas productoras de electricidad para que los políticos que deberían marcar las rutas definitivas no tengan miedo a cancelar la fabricación de todos los vehículos que expulsan CO2 a la atmósfera ¡Somos los salvadores del planeta! Los dóciles personajes que siguen la pauta señalada sin, ni siquiera, pestañear. La política europea esta siendo engañada y traicionada por las consignas que marcan algunos intereses para que a partir del año 2035 tengamos la obligación de circular con los vehículos que se supone que no contaminan. Este nuevo mundo que estamos creando podrá definirse «mundo de los lobbys», de esos «lobbis» que forman parte del paisaje decrépito y manoseado en un continente que no termina de arrancar y que, de momento, no pinta nada en el panorama internacional. Nadie quiere escucharnos….

Vivimos en el viejo continente que chochea. Al que nadie hace caso, y en él que se atisba un panorama envejecido, o casi enmohecido que no da con la tecla de la definitiva modernidad, porque se empeña en continuar señalando el camino más rancio y pernicioso de todos los caminos de la tierra.

Los intereses que presionan y seguirán presionando a Von der Leyer son y van a seguir siendo intereses que perjudican a los europeos, ya que nos obligan a cambiar nuestros hábitos de modo repentino. La Presidenta de la Comisión Europea va a gusto en la burra de ese progreso que programan y señalan las multinacionales que desean fervientemente seguir vendiendo vehículos y, de paso, el combustible que los hace funcionar. Y todo esto se justifica desde observatorios también interesados, que pretenden influir en el modo en que los habitantes de este viejo continente hemos de vivir. Después suprimirán el dinero contante y sonante y después, cuando no tengan mucho más que suprimir, suprimirán a todo el que no entienda que todo esto forma parte de una novelística diseñada para que unos pocos decidan lo que haremos y pensaremos los demás. Esa es la estructura emocional de un mundo cambiante que ya no se resiste a seguir las pautas señaladas por siglos de experiencia.

tracking