Diario de Valladolid

BIENESTAR ANIMAL

El calor pone a prueba la resistencia del vacuno de leche

Las olas de calor producen adversidades que siguen sin recibir respaldo económico

Un ganadero riega en una explotación para sofocar las altas temperaturas del verano que afectan a los animales.

Un ganadero riega en una explotación para sofocar las altas temperaturas del verano que afectan a los animales.E.M.

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Valladolid

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Las altas temperaturas han dejado de ser un episodio puntual para convertirse en uno de los principales factores que condicionan la rentabilidad de las explotaciones de vacuno de leche. La sucesión de olas de calor registradas durante las últimas semanas está provocando una importante reducción de la producción láctea en buena parte del país, una situación que preocupa especialmente al sector por su creciente frecuencia y por el elevado coste que supone adaptar las granjas a una realidad climática cada vez más extrema. Las organizaciones agrarias alertan de que el estrés térmico ya está pasando factura a miles de explotaciones y reclaman un plan específico de apoyo para garantizar la viabilidad en el medio rural.

La Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCLl) ha sido una de las organizaciones en cuantificar el impacto de esta situación. Según sus estimaciones, las pérdidas de producción en leche de vaca, oveja y cabra se sitúan ya entre el 20% y el 25%, mientras que otros sectores ganaderos, como el vacuno de carne, el porcino o la avicultura también sufren importantes mermas productivas derivadas del calor.

En Castilla y León, aunque las explotaciones conviven habitualmente con veranos cálidos, la intensidad de las últimas olas de calor están dejando una huella evidente. David Alonso, ganadero de vacuno de leche en la provincia de Ávila y representante de UCCL, explica que las vacas empiezan a sufrir mucho antes de alcanzar las temperaturas que una persona considera normales. «A la vaca le afecta el calor mucho a partir de los 25-30 grados. Lo que para nosotros es una temperatura suave, para ellas ya es una temperatura alta», resume.

El problema tiene una explicación fisiológica. Las vacas apenas disponen de mecanismos para eliminar el exceso de calor corporal, por lo que cualquier incremento de temperatura repercute directamente sobre su metabolismo. «Nosotros sudamos; las vacas no. Se regulan con las sales minerales», explica el ganadero. De ahí que durante los meses más cálidos sea frecuente observar a los animales lamiendo piedras o tierra para compensar la pérdida de minerales mientras intentan mantener su equilibrio térmico.

Cuando el termómetro supera los 30 grados, la producción comienza a resentirse casi de inmediato. «Todas las temperaturas por encima de 30 grados hacen perder producción», afirma Alonso. La razón es sencilla: el animal destina buena parte de su energía a combatir el calor en lugar de producir leche. Además, disminuye el consumo de alimento, aumenta la ingesta de agua y reduce considerablemente su actividad, una combinación que termina reflejándose en el tanque de leche.

Las cifras empiezan a ser visibles en las propias rutas de recogida. Durante la última ola de calor, con máximas cercanas a los 39 grados en distintos puntos de Castilla y León, las cisternas transportaron menos leche que en jornadas anteriores. «En la cisterna del lechero había entre un 5% y un 10% menos de leche», explica Alonso. Esa reducción supone un duro golpe para unas explotaciones cuyos gastos diarios permanecen prácticamente invariables independientemente del volumen producido.

Porque el calor no solo reduce los ingresos, también incrementa los costes. Los animales consumen más agua, en verano una vaca puede pasar de ingerir entre 80 y 100 litros diarios a superar los 150 litros, y las explotaciones necesitan mantener en funcionamiento durante muchas horas sistemas de ventilación y refrigeración que elevan el consumo eléctrico. A ello se suma que las vacas comen menos y transforman peor el alimento en leche. «El verano afecta al bolsillo de los ganaderos. Hay que seguir pagando las inversiones dando menos leche», resume el productor .

La situación alcanza tintes especialmente preocupantes en aquellas zonas donde tradicionalmente apenas existía estrés térmico. Alonso relata conversaciones mantenidas con ganaderos que este año han vivido una situación completamente inédita. «Me decían que habían llegado a 42 grados y que las vacas se estaban quedando sin leche porque no estaban acostumbradas a esas temperaturas». En algunos casos, asegura, las pérdidas de producción alcanzaban entre el 15% y el 20% en apenas unos días.

Pese a todo, el consumidor puede estar tranquilo. La calidad de la leche no se ve comprometida por estos episodios. Sí disminuye ligeramente el porcentaje de grasa, consecuencia del mayor consumo de agua por parte del ganado, pero parámetros como la carga bacteriana o las células somáticas permanecen dentro de los estándares habituales. «La calidad sigue siendo buena», subraya el ganadero.

La adaptación de las explotaciones pasa inevitablemente por mejorar el bienestar animal. Ventiladores industriales, aspersores, duchas automáticas, sensores de temperatura, robots de ordeño capaces de controlar la actividad de cada vaca o sistemas inteligentes que activan automáticamente los mecanismos de refrigeración forman parte de las soluciones que ya incorporan muchas explotaciones de nueva generación. Sin embargo, modernizar una granja requiere inversiones que, en numerosas ocasiones, superan la capacidad económica de las explotaciones familiares.

«No hay ayudas para poner ventiladores o instalar duchas. Todo lo financia el ganadero», denuncia Alonso. Como ejemplo, cita el caso de un productor que invirtió cerca de 80.000 euros únicamente en la instalación de ventiladores para mejorar el confort térmico de su explotación. A ello se suman robots de ordeño que pueden superar los 150.000 euros o instalaciones automatizadas cuyo coste resulta inasumible sin respaldo público.

Por ello, las organizaciones agrarias reclaman un programa específico similar al Plan Agricultura 4.0, pero dirigido exclusivamente a la ganadería. Consideran que las inversiones destinadas al bienestar animal deberían contar con líneas de apoyo específicas, ya que responden tanto a las exigencias de la normativa europea como a la demanda de los consumidores. «Los 8.500 ganaderos de leche que quedamos en España y los 550 que quedamos en Castilla y León somos los grandes olvidados de la Administración», lamenta el representante de UCCL.

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