Diario de Valladolid

26 Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle

El Teatro de Calle toma desde hoy Valladolid con sus primeras propuestas

Visitants, Lézards Bleus, Okidok o el burgalés Silberius de Ura protagonizan las primeras representaciones de esta 26 edición

Una imagen de 'Iraun'

Una imagen de 'Iraun'

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Valladolid

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Ha llegado el momento, el tiempo en el que es necesaria otra forma de caminar por la ciudad, de mirarla, de vivirla. Arranca hoy la vigesimosexta edición del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid con las 14 primeras propuestas de la programación, con unos espectáculos que obligarán a alzar la vista al cielo, a recogerse en sus planteamientos íntimos e inmersivos, a dejarse llevar por el estruendo o por la poética que generan un cuerpo en movimiento danzando al son de un singular músico...

Serán cinco días en los que 44 compañías darán cuerpo a una programación que contemplará, en 35 espacios urbanos, 46 espectáculos, con 260 representaciones. Humor, crítica social, propuestas cargadas de lirismo y riesgo laten en una edición con mucho circo, danza, teatro y música. «Con esta programación reforzamos nuestra vocación multidisciplinar e integradora, apostando por la diversidad de formatos, disciplinas y audiencias, con especial atención al público infantil, al equilibrio en cuestiones de género, a nuestro compromiso con una cultura accesible, participativa y viva», advertía hace dos semanas el director artístico del TAC, Juan Ignacio Herrero.

Esa vocación por lo multidisciplinar y por la diversidad se ve ya en esta primera jornada. Abrirá fuego la francesa 1Watt con los estrafalarios personajes del paródico Nouvelles de noone (Noticias de nadie). Teatro de calle para empezar, en la plaza de la Trinidad. Y el humor empezará a brotar a la misma hora, en Portugalete, con el catalán Pere Horta y su Dis-Order, o con los belgas Okidok en Poniente, con In Petto.

Si algo suele caracterizar la jornada inaugural es la espectacularidad de alguno de los montajes, que suele tener como escenario la plaza Mayor. Antes de que la francesa Transe Express tome el cielo vallisoletano con su ADN, Odyssée verticales, los días 23 y 24, la compañía valenciana Visitants ofrecerá la primera de las cuatro Mascletàs poèticas previstas hasta el viernes: un espectáculo que pretende «generar una catarsis colectiva» a cargo de la compañía que recibirá el homenaje del Festival, rendido a su historia, iniciada en 1989, jalonada con espectáculos como La familia Vamp, Extraños en la noche o Ciudadanos, títulos mostrados en Valladolid –alguno, en la desaparecida Ambigú–.

No será el único título impactante de la jornada inaugural. Los vallisoletanos aún conservan en la memoria los arriesgados movimientos que la compañía francesa Lézards Bleus ofrecieron hace tres años en las alturas del Museo de la Ciencia con Lignes de Vie. De nuevo de la mano del coreógrafo, bailarín y escalador Antoine Le Menestrel buscarán un escenario singular, en este caso las alturas de la iglesia de Santa María de la Antigua, para adaptar con su danza vertical la conocida historia de Víctor Hugo Notre-Dame de París en Quasimodo / Esmeralda.

Y esa afán por abrirse a los diferentes lenguajes de las artes escénicas se hace visible también en propuestas como la de la compañía catalana Ortiga, con sus títeres y objetos en el patio de San Benito, en el primer espectáculo con entrada en esta 26 edición del TAC. Con An-Ki pretenden componer un singular universo en torno al viaje vital una menuda niña en un mundo a veces desolador.

Y en la danza de la tolosarra Amaia Elizaran al son de la música del singular intérprete burgalés Silberius de Ura (Neonymus), en las ruinas de la colegiata Santa María la Mayor con Iraun. Una de las contadas ocasiones en las que se podrá ver a un artista de la tierra en esta edición del TAC.

Y en el teatro físico de los neerlandeses Panama Pictures y de la catalana Sound de Secà, en la acera de Recoletos y en la plaza Zorrilla. Y en el circo de la francesa Das Arnak.

Regresa el TAC decidido a «resignificar» la ciudad y a forzar un cambio de paso, al menos por cinco días, en la cotidianidad del vallisoletano.

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