En pleno corazón de Castilla, donde el horizonte se funde con el cielo y el páramo guarda silencio, crece un olivar que desafía el clima y la tradición. Allí, en Medina de Rioseco, nace Pago de Valdecuevas, un proyecto que ha transformado la manera de entender el aceite de oliva virgen extra en el norte de España.
Más que una almazara, Pago de Valdecuevas es un símbolo de arraigo, innovación y orgullo local. Desde su fundación, la familia Martín Rodríguez ha apostado por convertir una tierra históricamente cerealista en un territorio de olivos, demostrando que Castilla también puede producir aceites de categoría mundial.
Un olivar a 850 metros de altitud
El secreto de su carácter está en la altitud y el contraste. A casi 850 metros sobre el nivel del mar, el olivo vive bajo inviernos rigurosos y veranos secos, condiciones que fortalecen el fruto y concentran su esencia.
El resultado es un AOVE de perfil aromático intenso y equilibrado, donde destacan notas de hierba fresca, almendra y tomatera, con un amargor sutil y un picor elegante que prolonga el sabor.
Cada cosecha es fruto de un trabajo minucioso: recolección temprana, molturación inmediata y control exhaustivo de temperatura. La almazara, equipada con tecnología de última generación, se encuentra integrada en el propio olivar, lo que permite transformar la aceituna en aceite en cuestión de horas, preservando así todo su potencial sensorial.
Tradición y vanguardia que se dan la mano
Pago de Valdecuevas nació con una visión clara: producir un aceite de pago, fiel a su origen y elaborado íntegramente en la finca. Ese modelo, más propio de regiones mediterráneas, ha marcado un antes y un después en Castilla y León.
Hoy, los AOVEs de Pago de Valdecuevas se exportan a más de una docena de países y han obtenido reconocimientos en concursos nacionales e internacionales, entre ellos su reciente posición como finalista en los Premios Mario Solinas 2025, los más prestigiosos del mundo del AOVE.
Pero el éxito de la marca no se mide solo en premios. Su auténtico valor está en la coherencia: desde la sostenibilidad del cultivo hasta el diseño de sus envases, cada detalle refleja respeto por la tierra y una estética cuidada que transmite excelencia.
Una experiencia que va más allá del aceite
El proyecto no se limita a la producción. Pago de Valdecuevas ha convertido su finca en un destino de oleoturismo donde los visitantes pueden recorrer el olivar, descubrir la almazara y participar en catas guiadas que revelan todos los matices del aceite.
Es una forma de conectar con el origen, de comprender la paciencia y la pasión que hay detrás de cada gota. En un entorno natural de gran belleza, la experiencia une gastronomía, paisaje y cultura, consolidando a Pago de Valdecuevas como un referente del turismo agroalimentario en Castilla.
Además, la marca impulsa colaboraciones con artesanos y productores locales, reforzando el vínculo entre el AOVE y otros productos emblemáticos de la región. Un ejemplo reciente ha sido la creación de un polvorón gourmet con aceite Valdecuevas junto a Dulces El Toro, reinterpretando la repostería tradicional castellana con una mirada moderna y saludable.
El sabor de una tierra que se reinventa
ha demostrado que la calidad no depende del clima, sino de la convicción de quienes creen en su tierra.
Su AOVE arbequina de alto contenido oleico, equilibrado, elegante y versátil, representa la esencia de una nueva Castilla: orgullosa de su pasado, pero decidida a proyectarse al futuro.
En el mercado del AOVE, Pago de Valdecuevas destaca por su autenticidad. Es el reflejo de una región que ha sabido transformar su paisaje en un legado líquido: verde, aromático y eterno.
PAGO DE VALDECUEVAS