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El voluntariado que da créditos

Prestan su tiempo a cambio de nada o de un puñado de créditos. Refuerzan su formación universitaria con una labor social por la que los campus les conceden reconocimiento académico / 800 universitarios, 300 en Valladolid, ejercen voluntariado / Noelia estudia Enfermería y divulga entre alumnos sobre las drogas: «Cala más el mensaje cuando lo escuchan de alguien de su edad. No pierdo el tiempo, ayudando a cambiar algo me siento mejor»

ALICIA CALVO / VALLADOLID
05/11/2017

 

Noelia no lleva reloj, pero tiene el tiempo muy organizado. Hay amigos que le preguntan cómo lo pierde en dar conferencias y charlas u organizar campañas de sensibilización para otros universitarios.

Cursa cuarto de Enfermería, tiene 21 años y forma parte de ese grupo de más de 800 alumnos de una de las universidades de Castilla y León que desempeñan voluntariado social.
La mayoría recibe créditos por las actividades solidarias. El secretariado de Asuntos Sociales ofrece la posibilidad de que los estudiantes de grado obtengan un reconocimiento académico por la participación en actividades solidarias, bien propias o en instituciones con las que posean convenio. En concreto, les conceden un crédito por cada 25 horas de voluntariado con un máximo de tres por curso.

En la práctica, muchos alumnos continúan colaborando con distintas causas cuando ya los superaron y otros ni siquiera llegan a solicitarlos.

Es el caso de Noelia Llamas, que el curso pasado consiguió tres y éste no aspira a ninguno. Ella responde a quien cuestiona que dedique esfuerzos en esta labor desinteresada en que también le repercute en su ámbito más personal. «Me lo dedico a mí. Me siento mejor sabiendo que gracias a mi acción he ayudado a alguien o a cambiar algo».

Las posibilidades que abren los campus abarcan áreas distintas, desde la asistencial, formativa o la cooperación al desarrollo, mediante convenios con organizaciones sin ánimo de lucro de toda la Comunidad.

Noelia se decantó por la divulgación porque quería trasladar lo aprendido en el grado de Enfermería y porque piensa que «el mensaje engancha más cuando te lo cuenta una persona de tu misma edad».

Imparte conferencias a compañeros de otras facultades sobre el efecto del alcohol y las drogas.
La joven, que precisa que también sale de fiesta, detalla a otros estudiantes cómo un consumo excesivo afecta al cerebro y a otros aspectos a corto, medio y largo plazo. «En Salamanca se sale mucho ylo que trato de decirles a los demás es: ‘Sabemos que vas a beber y a excederte, pero que sepas las consecuencias y no llegues a puntos descontrolados’».

El voluntariado alcanza a tres de las cuatro universidades públicas, ya que la de León no dispone de esta opción. Y también atañe al ámbito privado.

La Universidad de Valladolid (UVA) cuenta con mayor número de alumnos voluntarios (300), casi a la par que la de Salamanca (USAL), con 290, y la de Burgos, donde 130 estudiantes participan en estas labores, según un reciente informe publicado por Fundación Mutua Madrileña, que incorpora datos de la mayoría de los campus del país e incluye también a la Europea Miguel de Cervantes, en Valladolid, con 70 voluntarios.

Sin embargo, no todos estos universitarios reciben la contraprestación de uno, dos o tres créditos. Por ejemplo, en la Universidad de Valladolid (UVA), de esos 300, sólo 178 estudiantes obtuvieron reconocimiento académico por su aportación social.

Noelia reconoce que su motivación inicial no es la misma que la actual. «Lo confieso. Me motivó el canjeo de créditos, pero luego se te olvida y te empiezas a dar cuenta de lo importante que es lo que haces; lo que contribuyes a mejorar las cosas».

Esta enfermera en ciernes expone que aunque resulta difícil medir su efecto, ya ha comprobado cómo repercute en el resto. «Ves cómo gente de tu misma edad empieza a interesarse y a preguntar por lo que les estás explicando».

Cuenta que incluso hubo quien después de escucharle detectó que tenía un problema con las drogas y pidió ayuda a Asuntos Sociales.

La información no sólo circula en un sentido. Ese contacto con otros alumnos también revirtió en más hombros para la causa. Para esa y para otras. «Muchos terminan queriendo estar también al otro lado y prestar su apoyo».

En otras áreas, a unos cuantos kilómetros, Carla Rodríguez y Ángela Montes también hacen virguerías con sus horarios para participar en actividades sociales. «Todo es cuestión de organizarse», apuntan.

Las dos son alumnas de la UVA, no se conocían antes de este reportaje, pero mantienen un relato similar sobre lo que les mueve para ejercer el voluntariado.

Carla estudia Educación Primaria y dedica parte de las tardes a ofrecer apoyo escolar y emocional a niños en riesgo de exclusión social, a través de la ONG Agustiniana Cebú.

Acude cuatro días por semana y asegura que refuerzan los aspectos escolares y transforman la desidia de esos niños en entusiasmo.

Reconoce que, como futura profesora, conocer otras realidades le abre la mente y le aporta perspectiva. «Te enseña a preguntarte algo más; a no juzgar y a saber que cada niño es distinto. Ves más allá de tu entorno. Te da un toque de humanidad, ya no te centras sólo en ti y se acaba cualquier egocentrismo».

En ese ámbito, la coordinadora de la Asociación de Voluntariado de la UVA, Alexandra Posac, añade que «completa la formación académica con su formación como personas».

De hecho, coordina un curso que combina teoría y práctica, está dotado con tres créditos y busca iniciar en el voluntariado y «que los alumnos tengan un marco de referencia sobre cómo está el mundo para que quieran empezar a cambiarlo».

Ángela, de 23 años y en breve educadora social, lo cursa y ahora debe empezar con la parte activa.
Después de haber probado anteriormente con apoyo extraescolar a niños con problemas, se ha decantado –entre las 39 entidades con las que su universidad tiene convenio– por colaborar con la asociación Aclad en el reparto de metadona, impartición de talleres de ayuda a la drogodependencia y apoyo emocional a personas afectadas.

Reconoce que la prestación desinteresada y generalizada de tiempo y conocimientos contribuye a que la red del tercer sector se mantenga. «Es un apoyo para una gran cantidad de gente y muchas asociaciones no podrían tener a todas estas personas contratadas y el servicio que ofrecen se resentiría», señala.

Tradicionalmente, existía un perfil definido entre quienes se lanzaban a esta experiencia desde el aula, pero los tiempos cambian. Tanto desde la asociación de la UVA, como desde Asuntos Sociales de la USAL, detallan esta evolución en los usuarios.

Begoña Lázaro, responsable de la Unidad de Voluntariado del campus salmantino, explica que los rasgos comunes se han diluido. «Hace años, quizá predominaban claramente las titulaciones de perfil más social (Educación, Trabajo Social y Psicología) y de últimos cursos. En la actualidad, siguen teniendo mayor peso que el resto, pero no con tanta diferencia», indica.

Frente a esta variación, sólo una característica prevalece, la de género. Precisa Lázaro que «también hay más estudiantes que se apuntan desde primero y, lo que no ha variado, es la mayor participación de las estudiantes, que representan más de un 70% del total».

Desde Asuntos Sociales, defiende la importancia de que esta iniciativa social parta de la universidad porque «coincide con una etapa fundamental, ya que en ella su vitalidad y curiosidad suelen ser muy altas». En este contexto, agrega que el papel de la institución académica «es el de facilitarles información, orientación y acompañamiento para que completen sus estudios con este tipo de experiencias de aprendizaje no formal, que les abre la mirada, les hace ser más críticos y, al mismo tiempo, les conecta con otras personas, en una relación de cooperación y no de competición».

Noelia, Carla y Ángela son una muestra de esa prevalencia y encarnan la filosofía de estos programas. Begoña Lázaro incide en que suponen «un complemento con el que desarrollar un comportamiento cívico en el día a día, que [el alumno] extienda su compromiso con la realidad, más allá de un proyecto concreto o de unas horas a la semana».

Una evaluación de resultados a buena pluma concluiría que al menos en tres casos se puede dar por conseguido. La implicación Noelia, Carla y Ángela va más allá del reconocimiento académico.

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