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El violador del ascensor confiesa y pide perdón: «Tengo una obsesión que no puedo controlar»

En una puesta en escena para dar lástima, dice que no es como la Manada, ya que no lo hace para disfrutar y censura que en la cárcel no le han dado la terapia que reclama / El fiscal rebaja de 96 a 90 años su petición

MADRID
04/10/2019

 

Pedro Luis Gallego, conocido como el ‘violador del ascensor’, confesó ayer por primera vez desde que se le detuvo, que violó a dos jóvenes e intentó agredir sexualmente a otras dos entre diciembre de 2016 y abril de 2017, mostrando su «arrepentimiento» y reconociendo que sufre desde los 19 años «un problema psicológico con una obsesión que no puede controlar».

«Me considero culpable», afirmó de forma rotunda al inicio del juicio el violador en serie tras ser preguntado por el tribunal sobre los quince delitos que suponen los hechos relatados en los escritos de acusación. Una vista celebrada en la Audiencia de Madrid que fue rápida, ya que duró dos horas y cuarto, y en la que el reo obtuvo el beneficio de que las cámaras solo pudieran tomar imágenes suyas de espaldas.

A petición de las partes, el tribunal de la Sección Sexta acordó que las víctimas declarasen a puerta cerrada y renunciar a parte de la prueba. El juicio quedó visto para sentencia, informa Europa Press.
En su turno de derecho a la última palabra, el asesino y violador de Leticia Lebrato dijo hablar «con el corazón en la mano» y reconoció que tiene «un problema psicológico» al sufrir «una obsesión que no puede controlar», reprochando que durante los 32 años que ha pasado en prisión con buena conducta se le haya negado asistir a terapias para controlar sus impuestos.

«Víctima de mí mismo»

«Soy víctima de mí mismo. Me arrepiento haber nacido», ha dicho mostrándose arrepentido y pidiendo perdón a las víctimas por el daño que les ha hecho para toda su vida. «Desde los 19 años tengo un problema psicológico porque mi vida no ha sido normal y nunca lo he podido resolver», ha subrayado explicando que tuvo que acudir a una psicóloga de pago para controlar sus impulsos al negarle la prisión acudir a los programas específicos para delincuentes sexuales.

«Tengo una obsesión que no puedo controlar y no comprende. Mi vida ha sido un fracaso y nunca he tenido armas para contrarrestar este impulso que no he podido controlar. Solicito que se me den programas de tratamiento, aunque quizá sea tarde porque moriré en prisión», recalcó, y confesó que se intentó quitar la vida porque no tenía que haber nacido.

Sin embargo fuentes penitenciaras desmintieron ayer que hubiese pedido ayuda una sola vez. Según estas fuentes no ha solicitado durante los dos años que ha cumplido prisión preventiva en la cárcel de Herrera de La Mancha (Ciudad real) asistir a terapias para el control del impulso sexual. El programa para el control de la agresión sexual es voluntario y se presta para presos que tienen sentencia firme, algo que será su caso en unas semanas cuando el tribunal de la Audiencia de Madrid materialice en una sentencia la petición fiscal de 25 años de cumplimiento efectivo de condena.

Gallego además declaró que no es un criminal como los de ‘la Manada’, ya que él cometía las agresiones sexuales no para divertirse en grupo como ellos, sino porque no lo podía controlar. «Pido perdón a las víctimas y solo pido ayuda dentro de prisión», concluyó.

El acusado llegó a las 9.39 horas en un furgón de la Guardia Civil, saliendo con su rostro oculto con una gorra y unas gafas de sol. Su recorrido por el pasillo dejó ver el rostro visiblemente deteriorado y demacrado del acusado, quien no quiso desprenderse de unas grandes gafas de sol que ocultaban parte de su cara.

En su informe, el fiscal solicitó 25 años de cumplimiento efectivo en la cárcel, rebajando de 96 a 90 años su solicitud de condena y ha reclamado la aplicación del artículo 76. Además, ha pedido que no se pueda beneficiar de permisos carcelarios y que, una vez que sea excarcelado, se aleje durante diez años de sus víctimas y de Madrid. «No quiero que se haga más daño a las víctimas, me quedo con su reconocimiento de hechos porque nunca ha querido hablar», subrayó el fiscal.

Las víctimas declararon de forma presencial, a puerta cerrada y sin biombo. Apenas duró unos diez minutos la declaración de las cuatro y fue para ratificar el testimonio prestado durante la instrucción y así evitar volver a recordar los malos momentos vividos.

Violador en serie

La inspectora de la Policía que llevó el atestado ha relatado cómo fue la instrucción, coincidiendo las víctimas en un mismo ‘modus operandi’. Así, ha relatado que todos los parámetros les llevaron a pesar desde los hechos de la segunda víctima que era el mismo violador en serie.

Las chicas eran abordadas de noche a punta de pistola en la calle Arzobispo Morcillo, próxima al Hospital de La Paz de Madrid. Las introducía en un vehículo de cuatro puertas y de color blanco. A dos de ellas las llevó a su casa de Segovia, donde las agredió varias veces. Las dejó en el mismo lugar. En dos casos, consumó las agresiones sexuales y en otro dos, no.

La línea de investigación partió del vehículo de marca Toyota Auris que captó las cámaras de un punto de tráfico situado en el distrito Fuencarral-El Pardo. Comenzaron a rastrear entre un total de 75.000 coches que les dio tráfico de ese modelo en Madrid. A partir de las matrículas, se fueron descartando opciones.Estos datos se añadieron a un teléfono fijo del dueño de uno de los Toyotas detectados en la calle Herrera Oria con la Masó a nombre de un tal Eliseo, cuñado de Pedro Luis Gallego. Tras aparecer el nombre del acusado, comprobaron la cantidad de antecedentes por agresiones sexuales que tenía la persona identificada.

En el registro de su coche y de su vivienda, los investigadores hallaron bridas y las gafas de sol que describían las víctimas. Tras el análisis de su móvil, se observan los desplazamientos de Segovia a Madrid en los cuatro días de los hechos juzgados. Tras los hechos, las víctimas tenían restos de ADN en diferentes partes de su cuerpo.

Amplio historial

Gallego ya había sido condenado anteriormente por dos delitos de asesinato y varios de violación. En junio de 2017, fue detenido acusado de nuevas agresiones sexuales tras ser excarcelado en 2013 tras cumplir parte de la condena por el asesinato de la menor Leticia Lebrato, de Valladolid y el asesinato de la burgalesa Marta Obregón (ambos en 1992) y otros 18 delitos por agresión sexual.

Su ‘modus operandi’ era secuestrar a punta de pistola a sus víctimas en una zona próxima al Hospital de La Paz. Luego se las llevaba a Segovia para agredirlas sexualmente y las devolvía al lugar del rapto en coche.

Gallego era un violador en serie excarcelado en noviembre de 2013 tras materializarse la derogación de la Doctrina Parot sobre sus actuaciones entre los años 70 y 90. Gallego no había sido vigilado por la Policía desde su excarcelamiento.

La primera acción delictiva que la Fiscalía imputó al acusado en el juicio de ayer se produjo el 16 de diciembre de 2016 cuando abordó «repentinamente» en una calle situada en la zona norte de Madrid, pero esta víctima pudo fazarse. Dos meses después, el 19 de febrero de 2017, encañonó a una joven con una pistola le llevó hasta su coche, la llevó hasta un domicilio situado en Segovia y la agredió sexualmente en cinco ocasiones. El tercer hecho ocurrió el 2 de abril de 2017, y la víctima logró huir. El último, cometido el 14 de abril de 2017 y sí culminó la agresión en su casa de Segovia.

 

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