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ATENCIÓN SANITARIA

Urgencias que no urgen

Casi la mitad de los 83.698 pacientes que acudieron en el último año al servicio de Urgencias del Clínico presentó patologías menores que podrían ser resueltas en Atención Primaria / Pasan por un filtro de clasificación común que determina el orden de atención en función de la gravedad y retrasan la clasificación del resto/ Algunos pacientes acuden por cercanía o por la demora del especialista

ALICIA CALVO
20/03/2017

 

Si alguien quiere confirmar si se juega un partido de fútbol de trascendencia o hay algún acontecimiento social que congregue a bastante gente, un termómetro que pocas veces falla son las salas de espera de Urgencias de los hospitales vallisoletanos. Probablemente, si la respuesta es afirmativa, permanecerán más vacías que de costumbre y en cuanto termine el evento volverán paulatinamente a llenarse.

Pese a que estos servicios están enfocados a atender a pacientes con patología grave y urgente, casi la mitad (el 45%) de las personas que acuden al Hospital Clínico Universitario de Valladolid presentan patología leve, que podría atenderse en los centros de salud.

Estos usuarios con patologías menores ascendieron en el último año a 37.962, dentro de las 83.698 urgencias de adultos atendidas en total en el último año en este centro..

Las patologías más frecuentes atendidas en estos niveles que no requieren atención de urgencia corresponden a infecciones en las vías aéreas superiores, afecciones de la piel, ansiedad o dolores diversos, entre otras.

El jefe de Urgencias del Clínico, Carlos del Pozo, explica que en determinadas horas la presencia de estos pacientes «aumenta hasta tal punto que podría saturar y retrasar la asistencia de otros pacientes más graves».

Por este motivo, en enero de hace dos años, cuando el hospital inauguró las instalaciones del servicio en un edificio anexo, Sacyl decidió habilitar un área para personas que presentaran patologías que ya en la presentación del nuevo servicio la Gerencia calificó como área «para banales».

La asistencia de este tipo de urgencias menores repercute en la carga de trabajo del servicio, la sobrecarga en muchas ocasiones y aumenta la presión asistencial, pese a que tras una clasificación inicial ya salen del circuito general y son atendidos en dos salas llamadas de consulta rápida.
Todos los pacientes –salvo los que llegan con alguna dolencia que requiere de una atención inmediata, como puede ser un infarto, un ictus o un accidente grave– pasan un filtro.

En una consulta un profesional de Enfermería recibe a todo aquel que acude a Urgencias en un proceso de clasificación por niveles conocido como triaje.

En base a un programa informático y a los síntomas que describe el propio paciente, se le asigna un nivel de gravedad (de uno a cinco) para determinar el orden de atención.

Los de nivel uno son los más graves y no pueden esperar nada. Los del dos tienen prioridad alta y deben ser atendidos «en menos de media hora».

Después, los pacientes vuelven a la sala de espera o pasan al interior del servicio hasta que les llaman.

En ese momento, todos los que aparecen clasificados como de nivel cuatro y cinco [que según el sistema significa que la dolencia que presentan no requiere de atención médica en menos de tres horas] pasan a ser vistos por uno de los equipos destinados sólo a esas consultas rápidas.
Sólo en ese momento, empiezan a engrosar otra lista propia de atención.

El año pasado, los profesionales sanitarios atendieron a casi 38.000 personas de los niveles 4 y 5. De ellos, más de 20.000 pasaron por las consultas rápidas y los restantes fueron vistos en Traumatología.

El jefe del servicio, Carlos del Pozo, asegura que se atiende «a todo el que va», pero reconoce que «hay gente que podría ser atendida en otros sitios» y que «se conoce poco algunos recursos como las urgencias de Atención Primaria».

«A veces vienen y les decimos que cómo no han ido a las urgencias de Pilarica, por ejemplo, y responden que ni sabían que permanecían abiertas durante el día», ilustra Del Pozo sobre unos servicios que descongestionarían algunas áreas hospitalarias.

Por este desconocimiento, aboga por campañas para promocionarlos más: «El centro de atención continuada debería publicitarse más porque no se conoce muy bien y es muy útil», diagnostica.
Cree Carlos del Pozo que si la ciudadanía conociera mejor el funcionamiento y la disponibilidad de estos centros evitarían muchas veces esperar hasta varias horas para que un médico les explique que lo que padecen es simplemente «un catarro o una otitis».

Existen varios factores que explican que las salas de espera de Urgencias permanezcan con abundante trasiego, mientras los centros de salud están operativos.

«La cercanía, la comodidad, la tranquilidad» que aporta el servicio, la demora en las pruebas para algunos especialistas...

El máximo responsable del servicio subraya la «accesibilidad» como una de las razones principales por la que reciben a tanta gente. «A veces por proximidad, porque saben que los atendemos, vienen directamente y porque estamos las 24 horas», señala.

También hay quien lo hace por rapidez. No en la atención de ese día, sino a largo plazo. Por tratar de acelerar esa prueba para el especialista que a veces conlleva una demora de meses e incluso un año, si no se trata de algo demasiado grave.

De una de esas puertas de consulta rápida sale María. «He estado más de una hora esperando y me duele mucho la garganta. Llevo toda la noche sin casi dormir de lo que me dolía», protesta María, que reconoce que ni se planteó acudir a su centro de Atención Primaria. «No tenía hora y ahí te pueden dar para otro día», indica esta mujer que supera en dos años la media de 48 de quienes pasan por esta consulta rápida.

Ella, como muchos otros, es el ejemplo de la distancia con los centros de atención continuada, con las urgencias en Primaria. «Ah, ni idea. Pensé que sin hora previa sólo me verían aquí, pero se hace eterno», comenta esta usuaria.

Las estadísticas del último ejercicio reflejan que en esa toma de contacto inicial, el triaje, ese filtro que sirve para que un sistema informático, en el que el enfermero introduce los parámetros, determine la urgencia que requiere su atención, salvo casos claros que se derivan en ese instante a ‘paradas’ y pasan directamente, no esperaron más de once minutos.

La letanía empieza justo después. La espera para la primera atención sanitaria ronda los 46 minutos de media.

En general, los pacientes permanecen casi cuatro horas en Urgencias desde que entran, los examinan, permanecen a la espera de alguna prueba, de que los vea el especialista o lleguen los resultados... hasta que abandonan el hospital con el alta o ingresan. Aquí computan todos, las personas que tenían alguna molestia menor y las más graves.

Otro método para pulsar que no todo lo que se ve en Urgencias urge –además de los eventos más señalados– son los días escogidos para acudir.

Un lunes cualquiera la sala de espera se presenta más concurrida que el resto de la semana.
Muchos pacientes optan por dejar pasar esos dos días que para la inmensa mayoría son libres. «La gente lo quiere retrasar muchas veces para disfrutar y que no interfiera en el fin de semana», apunta Del Pozo.

La estadística refrenda esta sensación. El día de 2016 con el número máximo de atenciones en consulta rápida fue el 23 de mayo y cayó en lunes. En esa jornada se vieron 82 pacientes sin patología grave, que supusieron el 30% del total diario.

La media de personas con patología ‘banal’ que acude los lunes ronda los 56 frente a los 44 de los sábados.

Los viernes sucede lo inverso. Hay quien apura para que el fin de semana no le pille en boxes en camilla o la sala de espera.

Destaca que mientras la edad media de las personas atendidas en todo el servicio se sitúa entre los 54 años, la de quienes reciben una clasificación de no urgente baja hasta los 48 años.

Frente a quienes acuden por cuestiones «menores», están los que necesitan atención en breve periodo de tiempo. Entre ellos, el padre de Belén. «No tenía ganas de comer y piensan que puede tener una obstrucción intestinal», comentan esta mujer y sus hermanas, mientras permanecen en la sala de espera en lo que a su padre le efectúan pruebas.

Él accedió al pasillo al poco de llegar, pero en otras ocasiones anteriores tuvo que esperar más. «Mucho más». Quizá por eso, su familia indica que «los que podrían ir a otro sitio, con un resfriado o fiebre, y sin que sea urgente, deberían pensárselo porque repercute en los que están más graves».

Belén apunta a que «muchos tendrían que tomar conciencia», pero tanto ella como sus hermanas entienden que quienes van «lo hacen muchas veces porque no pase el tiempo hasta que les hagan una radiografía o les vea su médico de Familia».

Algo parecido comenta un matrimonio que apenas permanece más en la sala. Llaman a Gregorio por megafonía tan sólo diez minutos después de que le vieran en la consulta de clasificación. Ambos son médicos jubilados y, como han estado en los dos lado de la consulta, aseguran que «hay de todo y que no se debería abusar».

«Esto es para cuando te ves mal», comenta el hombre, que se desplazó a Urgencias por mareos. Su mujer añade lo que piensan algunos usuarios: «Vienen porque el médico de cabecera a veces tarda varios días y no quieren esperar».

Una mañana en consulta rápida: dolores de garganta, de oídos, de muelas...

Las dos consultas rápidas diseñadas para atender a pacientes con patología menor ven a menudo dolencias similares. La presión es menor que en el resto del servicio y la premura, también.

Una mañana cualquiera en estos puntos de atención puede empezar con un dolor de garganta y terminar con otro. Son frecuentes entre quienes deciden acudir a este servicio los usuarios que acuden por tener resfriados, catarros, tos, pero sin factores de riesgo o gravedad añadidos, y son clasificados en los niveles cuatro y cinco, los que según el sistema informático, utilizado también en el resto del país, no tienen por qué ser atendidos antes de dos horas y media.

También hay quien presenta molestias en los oídos, dolor de muelas, faringitis, conjuntivitis...
Las dolencias relacionadas con la piel centran parte de estas consultas rápidas, sobre todo por urticarias o eczemas.

Pacientes nerviosos, con ansiedad o depresión también recalan en esta sala cuando su situación no requiere de una intervención mayor.

Mientras, las torceduras o los dolores de espalda son atendidos en Traumatología de Urgencias, que también ve a los pacientes de esta especialidad que presentan patologías tanto leves como graves.

Se da un dato curioso que rompe con la idea de ‘urgente’: hubo muchos que llegaron a pasar el filtro inicial de clasificación que determina el nivel de urgencia en la atención en función de su gravedad, pero hubo otros muchos que ni siquiera. Dieron sus nombres, sus datos, presentaron su tarjeta, entraron en la sala de espera y tomaron el camino inverso hacia la calle. Esto lo hicieron 692 personas en el último año. De esos, 237 se marcharon incluso antes de pasar por la consulta inicial de clasificación.

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