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CUARENTA AÑOS DEL HOSPITAL

Y la Universidad ingresó en el hospital

Su apertura supuso «un acontecimiento» para la ciudad por las 600 camas, su diseño, su vínculo con la Facultad y el empleo generado. «Valladolid estaba volcada. Eran muchos puestos y las colas para la selección eran interminables», recuerda, en el 40 aniversario del centro, el trabajador en activo más antiguo del Clínico / Abrió tras invertir 861 millones de pesetas con 1.454 empleados; ahora son 2.940

ALICIA CALVO / VALLADOLID
08/01/2018

 

Desde las ocho de la mañana de ese gélido martes de 1978 comenzó a escucharse el ruido de las primeras teclas de las máquinas de escribir en Admisión, el trajín de las camillas en el ascensor, conversaciones entre batas blancas en las habitaciones y el murmullo en los pasillos.

El primer equipo de guardia en Urgencias firmaba en el despacho del jefe del servicio; los pacientes estrenaban cuartos de dos y tres camas que dejaban atrás largas habitaciones corridas del Hospital Provincial y los especialistas de guardia localizada permanecían pegados al teléfono fijo ante la carencia de métodos de comunicación inalámbricos.

Las doce plantas sobre la superficie y tres subterráneas del nuevo hospital replicaban los últimos diseños americanos, en vertical, y quedaban oficialmente inauguradas tras siete años de obras y 861 millones de pesetas de inversión, 375 destinados al equipamiento y 486, al edificio.

Desde aquel 3 de enero, hace ya cuarenta años, el nuevo Hospital Clínico Universitario ponía a disposición de la ciudad 600 nuevas camas con una plantilla de 1.454 personas.

Nacía bajo el paraguas de la Universidad de Valladolid (UVA), de la Facultad de Medicina más antigua de España, y funcionó durante sus primeros años por un concierto con el Instituto Nacional de Previsión, que era un organismo de protección social; la primera institución oficial encargada de la Seguridad Social y de la asistencia sanitaria en España.

Pero Valladolid ya ostentaba cierto renombre en el sector porque el viejo Hospital Provincial era el sucesor del «emblemático» de Resurrección, en la Acera Recoletos, citado por Miguel de Cervantes en El Coloquio de los Perros. Esta mención servirá este año de reclamo en alguna de las numerosas actividades programadas para celebrar la efeméride.

Hasta la creación del Clínico Universitario existían dos centros hospitalarios en la ciudad. La entonces Residencia Onésimo Redondo (hoy Río Hortega, con una nueva ubicación) que atendía al grueso de pacientes de la Seguridad Social, y el Provincial, enfocado a enfermos de la beneficencia.
El nuevo hospital asumió dos cometidos principales: sustituir al anticuado Provincial –con menor capacidad y deficiencias técnicas– e imponer una nueva filosofía, orientada hacia la universidad, compaginando la atención sanitaria con la docencia y la investigación.
Ya desde sus inicios contaba con 100 médicos residentes y casi 80 docentes titulares o catedráticos entre sus filas. Ahora el personal en formación asciende a 219 personas.
La noticia de su apertura agitó la ciudad y no sólo por el salto cualitativo en los servicios sanitarios. Suponía una sustancial oferta de empleo porque, aunque absorbió al personal del Provincial, la mayoría de los trabajadores del Clínico se estrenaron con el edificio.

El empleado más antiguo en activo, Miguel Ángel Charro, del departamento de Admisión, recuerda el revuelo generado durante los doce meses previos a su apertura en los que él formó parte del equipo de doce personas que trabajó para ponerlo en pie, recibiendo material, ordenando el equipamiento y guiando a las nuevas incorporaciones, entre otras funciones. «Era un acontecimiento. Valladolid estaba volcada como si fuera la llegada de una gran empresa porque eran muchos puestos de trabajo», subraya.

Explica este trabajador que en la primera jornada de presentación de solicitudes «las colas eran interminables porque cada uno presentaba para todos los puestos que podía».

De aquellos días, Charro destaca «la familiaridad que reinaba», los nervios iniciales y «lo emocionante de ver cómo se llenaba el centro, de pasar de un hospital vacío a uno repleto de pacientes y de personal sanitario».

El proceso de selección fue exhaustivo y se prolongó durante varios meses. El autor del libro ‘Hospital Clínico Universitario de Valladolid. Cuarenta años de Historia’, Carlos Vaquero, jefe de Cirugía Vascular, habla del reconocimiento médico que debían superar los profesionales antes de firmar el contrato. «Eran casi 1.500 personas y todas debían someterse a él», expone quien consiguió plaza a los seis meses de la apertura.

Vaquero recupera contrastes visibles entre el año cero y el cuarenta que atañen a aspectos personales y también tecnológicos. «La plantilla prácticamente acabamos conociéndonos», apunta.

En los diagnósticos no intervenía el escáner porque el primero de los tres aparatos de este tipo con los que cuenta ahora tardó en llegar hasta iniciados los años 80. El centro no estaba informatizado, los quirófanos sumaban «once frente a los 22 actuales», y algunos protocolos eran diferentes. «Antes de entrar a quirófano había que ducharse allí y cambiarse por completo de ropa», señala.
Vaquero rescata alguna curiosidad, como que el kiosco situado en la planta baja vendía «cientos de periódicos y revistas y se convirtió en el segundo con más negocio de la ciudad, tras el de la calle Santiago».

UNA CIUDAD EN OTRA

Describe «una ciudad dentro de otra». Había cocineros, mecánicos, administrativos, peluqueros, enfermeros, médicos, contables... departamentos de mantenimiento, hostelería, lencería, cocina, almacén, dos cafeterías, kiosco, biblioteca y capilla, además de los servicios sanitarios.
A lo largo de su historia, paulatinamente, el Clínico se ha convertido en referencia autonómica en una veintena de especialidades y ha cumplido hitos con repercusión en la asistencia sanitaria de toda Castilla yLeón.

Ya al principio, en 1981, se iniciaron los transplantes de cornea; a punto de finalizar esa década se instaló el TAC y se cumplen ahora 25 años del primer acelerador lineal para el tratamiento oncológico. En el 97 el Clínico inició un camino que aún transita con prestigio, el de los trasplantes renales, y en 2001 fue el turno de los cardíacos.

La hospitalización psiquiátrica infantojuvenil comenzó en 2007 y varios avances significativos arrancaron un año después: abrió la UCIpediátrica y el Ministerio lo acreditó como centro de referencia nacional en unidades de tumores intraoculares y reconstrucción de superficie ocular compleja.

En estos cuarenta años, en el hospital han recalado 18.263 profesionales. En la actualidad, Sacyl los cifra en 2.940 personas, más los 219 médicos y enfermeros en formación.

El proyecto inicial plasmado en el papel no consiguió materializarse tal y como estaba concebido. Explica el gerente, Francisco Javier Vadillo, que, tras el traslado del Hospital Provincial, Maternidad y Pediatría permanecieron junto a la Facultad de Medicina a la espera de que se constituyera un Hospital Materno Infantil.

Nunca sucedió y lo que hay en ese lugar es la residencia Alfonso VIII.

Desavenencias políticas derivaron en que en 1984 el Ministerio de Sanidad diera carpetazo a esa planificación y descartara un espacio independiente para estos servicios, por lo que el Clínico tuvo que hacerles hueco en una de sus plantas.

Precisamente ocuparon una ala que, según explica Carlos Vaquero, se concibió «como privada y con habitaciones para una persona, imitando a centros de Madrid o Barcelona que disponían de una». En contra de lo que ocurrió en estas capitales, en el Clínico de Valladolid no llegó a ponerse en práctica. Sufrió una leve remodelación y esas estancias individuales se adaptaron a las necesidades de estos dos nuevos servicios.

En todo este tiempo, las riendas del Clínico las han asumido diferentes instituciones. La UVA cedió su gestión al Ministerio en 1985 y comenzó a depender del Instituto Nacional de Salud (Insalud) hasta que en 2002, con las transferencias sanitarias, la Consejería de Sanidad acaparó su control.
Un año después ya se hablaba de remodelación. El hospital que trajo vanguardia a la ciudad ya mostraba síntomas de obsolescencia en sus bodas de plata.

Fue entonces, en 2003, cuando los directivos sanitarios de la época anunciaron un plan director que «remodelaría las instalaciones, levantaría un edificio en el aparcamiento» y renovaría las habitaciones hasta habilitarlas para «uno o dos» ocupantes. Un proyecto que en los siguientes años encadenó anuncios públicos que aún no se han hecho del todo efectivos.

El letargo en el que están inmersas las obras del Clínico y la tardanza en renovar las habitaciones –manteniendo la mayoría con tres camas–, marcan su actualidad, pese a que en los últimos años se ha cumplido la primera fase del plan director.

Las nuevas urgencias entraron en funcionamiento en 2015, dentro del estrenado bloque técnico, y desde entonces se han ampliado y modernizado distintas unidades, como la de Ictus y Cuidados Intensivos Pediátricos.

Algunos de los servicios se trasladaron temporalmente al Edificio Rondilla (antes la Residencia) para descongestionar espacios durante los cambios, y el pasado año el hospital dio un paso muy esperado por los usuarios al estrenar su primera planta de dos camas, la décima.

En el horizonte aparecen la reforma de las plantas de hospitalización, el inicio de las obras del edificio de consultas externas, la remodelación del zócalo central, donde se ubicarán definitivamente el hospital de día, Hemodiálisis, Radioterapia,Medicina Nuclear y Rayos, entre otros servicios, y la construcción del edificio administración que fulminará la clásica rampa.

Mientras los avances en infraestructuras son lentos, los servicios evolucionan a un ritmo más rápido.
Dos de sus unidades, Cardiología y Urología, tienen cierta independencia al haber sido designadas tras pedirlo sus especialistas como unidades de gestión. A la vez, se han desarrollado innovaciones médico quirúrgicas, como el telecontrol cardiológico o el diseño de prótesis vasculares personalizadas en impresoras de tres dimensiones, entre otros avances que marcan el nuevo camino del nuevo Clínico.

 

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