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UN HOMBRE | UNA ARTESANÍA | ÓSCAR SANTIAGO

«Una pieza de cristal es para usarla… ¡y no tarde en romperse!»

JAVIER PÉREZ ANDRÉS
13/11/2017

 

Pocos oficios se enfrentan a la creatividad artística sobre la base efímera de un cristal. El de grabador-tallador sin duda lo es, siempre en la cuerda floja de la fragilidad. Un superviviente de esta cultura es Óscar Santiago, ejemplo de un gremio secular que hoy está en claro peligro de extinción. Sigue el oficio desde su taller de Pinillos de Polendos (Segovia) y utiliza las mismas técnicas que aprendió de su padre, el gran tallador Joaquín Santiago, fallecido en 1997 y ligado a la Fundación y la Real Fábrica de Cristales de la Granja; un lugar al que su hermano -también Joaquín- y él mismo siguen estrechamente vinculados. Óscar decidió seguir en el taller familiar sin salir del entorno rural. Es consciente de que su trabajo diario forma parte de las señas de identidad segovianas. Su especialidad es la talla y el grabado con muela sobre el cristal.

Pregunta.- ¿Cuántas veces le ha tocado retirar los cristales rotos?

Respuesta.- En realidad, tallando o grabando se rompen muy pocas piezas, pero a veces sí pasa en el manejo.

P.- Dígame una obra que se le haya hecho añicos…

R.- Me pasó con un jarrón que llevaba tallada la ermita de la Aparecida de Valverde del Majano (Segovia). Ya estaba rematado, pero se me rompió limpiándolo.

P.- ¿Qué es el cristal?

R.- No pienso en él como material: es parte de mi vida.

P.- Lo suyo es de mírame, pero no me toques…

R.- Este mundo al que pertenezco no es tan frágil como la gente cree. No hay que temer al cristal, basta con ser un poco cuidadoso. A mí me gusta que el cliente toque la pieza cuando entra en la tienda, con cuidado, eso sí. Me agrada que repase con los dedos lo que he hecho y disfrute de las formas y los relieves.

P.- ¿Cuánto tarda en hacer una pieza única?

R.- Todas son únicas, aunque unas son más complicadas que otras. A veces he tardado meses en hacer un espejo.

P.- ¿Por qué se quedó en Pinillos de Polendos?

R.- La empresa de Huesca donde trabajaba mi padre cerró, así que se vino para aquí, al pueblo de mi madre, donde se estableció por su cuenta. Esta zona tiene mucho auge ahora con las artesanías de Cabañas de Polendos y sus Caravas, pero él fue el pionero.

P.- ¿Quién fue Joaquín Santiago?

R.- Mi padre y, seguramente, el mejor tallador de su género que hubo en el país en su época. Entonces, el oficio estaba muy extendido, pero él destacaba entre todos porque era capaz de plasmar perfectamente en el cristal el motivo que tenía en la cabeza. Además, dibujaba muy bien, algo imprescindible en este oficio.

P.- ¿Cuándo se dio cuenta usted de que esto era lo suyo?

R.- Empecé a ayudar a mi padre con 14 o 15 años porque había que echar una mano en casa. Muy pronto supe que yo disfrutaba con lo que hacía.

P.- ¿Qué tipo de pieza le da más satisfacciones?

R.- Ninguna en particular, pero sí cuando el cliente me da libertad para crear, cuando me deja elegir la pieza y el motivo. Es entonces cuando todo sale como tiene que salir.

P.- ¿Su oficio está en peligro de extinción?

R.- Sí, por desgracia; pero aquí, en Segovia, se mantiene un pequeño reducto. Entre otros, estamos mi hermano y yo, y también discípulos a los que hemos enseñado. Es una pena que esto se pierda porque, de Francia para arriba, hay una gran cultura del cristal, lo contrario que aquí.

P.- A pesar de lo antiguo de las técnicas, su trabajo nunca pasa de moda…

R.- La técnica sigue siendo la misma que en el siglo IV antes de Cristo. Mucha gente joven ha empezado a valorar lo que significa un trabajo artesano y personalizado, y eso es bueno.

P.- ¿Qué consejo le da al cliente que compra una pieza?

R.- Procuro decir dos cosas: que la utilicen y que no tarden mucho en romperla… ¡que yo tengo que seguir viviendo! (ríe).

P.- ¿Qué tipo de pieza sale más?

R.- Como en todo, también aquí hay modas, pero un 80% de lo que vendo está relacionado con el mundo del vino. Es decir, copas, decantadores…

P.- En su casa… ¡la vajilla buena siempre sobre la mesa!

R.- Pues así es. Si te compras una prenda muy cara y la guardas en el armario, cuando te la quieres poner ya se ha pasado de moda. Yo aconsejo utilizarlo todo, sobre todo por la satisfacción de disfrutar de la belleza de objetos únicos.

P.- Y el vino, ¡siempre en copa de cristal, claro!

R.- Desde luego que sí; y cuanto más buena, mejor.

P.- ¿Los bodegueros son buenos clientes?

R.- Tengo buenos amigos en el mundo del vino y hay algunos encargos, pero no tantos como se podría pensar.

P.- Media docena de copas personalizadas, ¿son muy caras?

R.- Unas buenas copas con iniciales, por ejemplo, o cualquier otro motivo sencillo hecho a mano, se pueden comprar por 50 euros.

P.- ¿A quién le dedicaría una talla?

R.- A quien hace un encargo y me deja crear a mi aire. También a quien no aprecie ni sepa cómo es mi trabajo. Es más: le pediría que estuviera delante para que viera cómo lo hago. En cuanto a los motivos o dibujos, hay una idea que me ronda: el detalle de unas manos que hay en el mural del Juicio Final de Miguel Ángel. Muy pronto lo haré.

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