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Treinta aulas arropan la inclusión transexual

La Consejería de Educación ensaya desde hace un año un protocolo para acompañar a alumnos ‘trans’ y sensibilizar a profesores, familias y compañeros en el respeto a la diversidad / Cuando concluya esta fase experimental, en enero, se implantará de forma obligatoria y definitiva en todos los centros públicos y concertados

ESTHER NEILA
02/12/2018

 

Algo tan cotidiano como ir al baño puede suponer un verdadero calvario para un niño o una niña cuya identidad no coincide con el sexo asignado al nacer. Para esquivar el apuro de ‘colarse’ en el lavabo que le corresponde, hay menores que se pasan «toda la mañana sin hacer pis» en el colegio, cuenta Raquel Ruiz Miranda, presidenta de Chrysallis en Castilla y León, asociación de familias de menores transexuales.

Aliviar esa pesadumbre puede ser tan sencillo como cambiar el cartel de la puerta. Que los baños sean mixtos es sólo una de las muchas recomendaciones establecidas en un protocolo de asistencia a menores transexuales aprobado por la Consejería de Educación que desde noviembre del año pasado se aplica de forma voluntaria y experimental en cerca de 30 centros educativos de Castilla y León.

Protocolo de atención educativa y acompañamiento al alumnado en situación de transexualidad y alumnado con expresión de género no normativo es el nombre completo de este documento cuyos detalles se han dado a conocer en el último año a inspectores y asesores de las direcciones provinciales, así como a directores de centros, profesores y orientadores de todos los niveles educativos.

Este periodo de ensayo tiene como objetivo evaluar el protocolo y determinar si se trata de «una herramienta útil» en los colegios e institutos, explican desde la Junta. El plazo de prueba concluye en enero. Entonces –una vez incorporadas las mejoras que se propongan– la implantación será definitiva y de obligado cumplimiento para todos los centros sostenidos con fondos públicos de Castilla y León, es decir, los públicos y los concertados.

El texto aporta orientaciones, medidas y pautas de intervención para conseguir la inclusión educativa del alumnado transgéro. Pero no es sólo una hoja de ruta para arropar a un menor concreto en el tránsito social de una nueva identidad y apariencia, sino que incluye medidas de formación y sensibilización que trascienden un caso específico, puesto que integrar y educar en el respeto a la diversidad sexual implica necesariamente a compañeros de clase, familias y docentes. Esto es, a toda la comunidad educativa.

La presidenta de Chrysallis explica que este protocolo era una demanda de los centros escolares, las familias y los colectivos pro diversidad, que han participado en la redacción del texto. Las medidas que se contemplan son, en realidad, «las mismas que se están tomando desde hace años» en los centros educativos, solo que ahora aparecen pautadas en un documento oficial. Ponerlas en negro sobre blanco ha supuesto «facilitar»el trabajo de los centros porque se elimina la incertidumbre y las «reticencias» que antes pudieran surgir ante situaciones concretas. Raquel Ruiz sostiene que «se hace lo mismo, pero ahora sin miedo». Con la certeza de adoptar las actuaciones correctas. «Ha sido pasarlo a papel y dar respaldo legal a los centros educativos», añade.

También desde la Fundación Triángulo valoran que el protocolo viene a «evitar las arbitrariedades que podían surgir a la hora de tratar estos temas». «Ha habido casos en que los profesores no han querido tener en cuenta la realidad de los niños», relata Yolanda Rodríguez, presidenta de este colectivo. «El sentido común se ve reforzado», apostilla. «Ya no depende de la arbitrariedad de un director;hay un instrumento que será de obligado cumplimiento», valora.

De momento, lo aplican «aquellos centros que lo han considerado oportuno para abordar las situaciones existentes» en sus aulas. Como mínimo, todos aquellos donde hay matriculado algún chaval transgénero. Cuando un centro tiene conocimiento de ello, «lo primero que hace es avisar a la inspección de su zona para poner en marcha el protocolo», explica la presidenta de Chrysallis, que aglutina a cerca de 30 de familias en la Comunidad.

Esa misma cifra es la que maneja la Junta. «En la actualidad somos conocedores de una treintena de alumnos en situación de transexualidad, pero sabemos que debe haber más y de hecho nos siguen llegando casos», detallan.

La regulación parte del principio general de «garantizar centros seguros, libres de acoso, agresión o discriminación por motivos de identidad o expresión de género». Entre las orientaciones que se contemplan, varias sugerencias están encaminadas a suprimir la dicotomía de género. No sólo en los aseos, también en la práctica deportiva, por ejemplo, «evitando realizar actividades diferenciadas por sexo». Por descontado, se garantiza el derecho a modificar el nombre, tanto en clase como en todos los documentos no oficiales, desde el listado de alumnos pinchado en la corchera al boletín de notas. También se recoge la libertad de la vestimenta.

En todo caso, el protocolo «no es un documento rígido» sino un catálogo de posibles actuaciones que deben adaptarse «a las necesidades de su alumnado concreto y a la idiosincrasia del centro», precisan desde la Consejería de Educación.

Por eso, aplicar el protocolo no conlleva poner en prácticas todas y cada una de sus pautas. Algunos centros han desarrollado medidas organizativas. Otros simplemente han solicitado el asesoramiento de los servicios centrales, como el Servicio de Atención a la Diversidad y el Creecyl de la Consejería de Educación.

Si el menor está en disposición de hacer el tránsito social, la recomendación es elaborar un Plan de Actuación donde se plasmen las medidas consensuadas entre familia y profesores para arroparle en este proceso personal y social que exige un acompañamiento respetuoso e integrador de su entorno. En este primer año se han elaborado una decena de planes de actuación, todos ellos a petición de la familia.

En cuanto a la formación, las propias asociaciones, como Dialogasex y Fundación Triángulo han diseñado módulos destinados al profesorado para profundizar en los conceptos de la diversidad sexual y pertrechar a los docentes de herramientas para abordar una educación integradora dentro del aula. También se les dota de estrategias de actuación frente al acoso escolar y el bullying homofóbico y transfóbico.

Además, el pasado mes de septiembre se celebraron unas Jornadas de Buenas Prácticas auspiciadas por la Administración autonómica, donde varios centros con alumnado en situación de transexualidad «expusieron las acciones que han llevado a cabo para atender las necesidades de este alumnado en particular y de atención a la diversidad en general», explican desde la Junta.

Las asociaciones implicadas valoran con «satisfacción» la implantación experimental de las pautas propuestas. También desde la Consejería de Educación sostienen que las medidas adoptadas en estos meses «no han generado ningún problema en los centros educativos».

El conflicto podría surgir si la familia del menor y el centro educativo plantean visiones opuestas. En ese caso, el protocolo contempla la posibilidad de recurrir a otros estamentos. Si es el centro educativo el que no acepta tomar las medidas solicitadas por la familia o por el propio alumno, emplaza a estos últimos a contactar con la Dirección Provincial de Educación para mediar. La otra opción es mantener lo que se venía haciendo: tirar por la calle del medio y cambiar al estudiante de centro.

Si la controversia surge porque la familia no acepta la realidad no normativa del alumno, se plantean varias posibilidades atendiendo siempre «el interés superior del menor». Por ejemplo, que el servicio de orientación del centro acompañe a la familia en el proceso de «entender, asumir y gestionar la situación».

Si se detectan «indicios de riesgo, maltrato o desprotección», el equipo directivo podría derivar el asunto a la Fiscalía de Menores o a los Servicios Sociales, al igual que haría ante cualquier sospecha de maltrato infantil en el entorno familiar.

En este primer año, no ha habido desacuerdos y ningún caso se ha trasladado a otras instituciones, aseguran desde la Junta. «En general las familias quieren la mejor respuesta a la situación de sus hijos o hijas, del mismo modo que los centros educativos quieren dar una respuesta adecuada a las necesidades de su alumnado en situación de transexualidad», aseveran los expertos de la Consejería de Educación.

 

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