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Café de redacción

«Saravia sabe que hay que tomar decisiones que no van en la línea de los principios»

Óscar Puente recuperó para el PSOE la Alcaldía y aboga por un Gobierno central en coalición, como en Valladolid, y si no, socialista en minoría. En tiempos convulsos es una figura al alza hasta el punto de poder censurar a los barones que critican a Sánchez. Además, ha promovido un reencuentro con León, sin importarle las siglas de Antonio Silván.

Pablo Lago / Fernando Martín / Miguel A. Vergaz
25/01/2016

 

PABLO LAGO.– ¿Sigue convencido de que Sánchez será presidente?

ÓSCAR PUENTE.– Sí. No tiene un escenario fácil, pero sí factible.

P. L.– ¿Para gobernar en minoría, en solitario, intentaría pactar?

O. P.– Eso ya no lo sé. Yo intentaría gobernar con un gobierno de coalición, como se intentó en Valladolid. Si eso no fuera posible, intentaría la investidura en minoría.

P. L.– ¿Duraría cuatro años?

O. P.– Pues no sé lo que durará. Lo que no le podemos ofrecer a los ciudadanos son unas nuevas elecciones a tres meses de celebrar otras, sería un fracaso. Hay que gobernar, poner en la agenda los asuntos prioritarios y olvidar el lastimoso espectáculo de Rajoy, que ni siquiera tiene la dignidad de irse a casa después de correr turno de investidura.

FERNANDO MARTÍN.– ¿Y no resulta un poco osado intentar gobernar con los peores resultados obtenidos en la historia del PSOE?

O. P.– Es lo mismo que me podrían decir a mí y aquí estoy. Y no creo que haya ido tan mal.

MIGUEL A. VERGAZ.– Pero en esa comparación también entra en juego el factor humano y, desde luego, Iglesias no es Manuel Saravia.

O. P.– A lo mejor ese factor humano está por descubrir. Hasta ahora sólo hemos visto encontronazos y diferencias. Pero las situaciones cambian y con ellas cambian las relaciones humanas y políticas. Yo tampoco vengo de una historia con Podemos muy amable que digamos. Eso no impidió la investidura, ni una relación con los concejales de Sí Se Puede muy constructiva. Hay que dar tiempo al tiempo. Hay ideas y una sensibilidad social en común. Es cierto que Iglesias cometió el viernes una sobrada porque sobreactúa como macho alfa para los suyos. Pero hay que centrarse en el fondo y es la posibilidad de formar gobierno. Cierto que Charo Chávez nunca se expresó en esos términos pero otros de sus compañeros sí y mire, aquí estamos.

P. L.– Precisamente en su intervención en el foro del Ritz la semana pasada también acusó a los barones socialistas de interferir en el proceso de formación de Gobierno de Pedro Sánchez, de sobreactuar y de formar un ‘ruido interno’ que hay que desoír. Pero le recuerdo que esos barones son parte esencial del PSOE...

O. P.– Nadie dice lo contrario. Por eso hay que pedirles responsabilidad.

P. L.– ¿Es que acaso Susana Díaz no la tiene? Es el cargo institucional más importante que tienen.

O. P.– Creo sinceramente que con algunas cuestiones se ha sobreactuado, sobre todo en torno a la cesión de senadores a los grupos de la antigua Convergencia y la Esquerra Republicana. No es una cuestión central para este país, ni incrementa la capacidad política de manera sustancial de los grupos que quieren independizarse de España. Al revés. Si de algo puede servir, es para intentar reabrir un diálogo. Creo que se están mezclando intereses personales o internos con cuestiones de país y eso no se debe hacer.

P. L.– Pero en el PSOE, por su propia configuración en federaciones, es normal que el presidente de una de ellas no esté de acuerdo en ceder sus parlamentarios.

O.P.– Para eso está el Comité Federal que marca los límites.

P. L.– ¿Si hay un liderazgo de Pedro Sánchez, por qué surgen grietas?

O. P.– Al formular su pregunta, usted mismo interpreta la salida de Susana Díaz como una grieta. No podemos cuestionar el liderazgo de un secretario general cuya misión no era guardarle la viña a nadie, sino trabajar por este país.

P. L.– Usted se ha ganado un liderazgo y nadie le cuestiona.

O. P.– Son circunstancias. A mí me podría llegar a cuestionar algún militante del partido. Pero seguro que ninguno de los que han estado alzando la voz les gustaría que en su territorio un secretario provincial les hiciera lo mismo.

P. L.– ¿Por qué se alía usted de manera tan firme con Pedro Sánchez contra gente tan poderosa como Díaz?

O. P.– Por convicción y responsabilidad. Además, fíjese en lo que le digo, Sánchez conecta en estos momentos estupendamente con la militancia del partido. Es algo que deberían preguntarse algunos dirigentes autonómicos: si sus declaraciones tienen respaldo de las bases.

P. L– El del Ritz no es un foro cualquiera ¿Pedro Sánchez le pido que contestara a los barones?

O. P.– No. Yo le pedí que fuera a presentarme. Lo único que hice fue expresar mi propia opinión.

P. L– ¿Qué le dijo después?

O. P.– Me felicitó y me dijo que había estado bien. Nada más.

P. L.– Como le dio consejos desde su experiencia en el Ayuntamiento de Valladolid...

O.P.– Sólo uno, que se olvide del ruido interno.

P. L.– Y del fuego amigo.

O.P.– De todos. Que haga lo que crea que debe hacer. Pedro y yo compartimos muchas cosas, pero una de ellas es muy evidente y es que teníamos muy claro lo que queríamos ser y eso te da una fuerza interior que te lleva a superar muchas dificultades. Yo he superado muchas. Hace año y medio él era un tipo que iba con su mochila recorriéndose las sedes pidiendo el voto. Debe mantener esa determinación ante las presiones.

P. L.–Volvamos a Valladolid. Han pasado 7 meses desde el 24 de mayo. No es tiempo suficiente para juzgar una acción de gobierno, pero sí para recabar indicios. Y Jesús Julio Carnero, el número dos del PP de Valladolid y concejal del Ayuntamiento, decía aquí hace poco que le daba pena por la ciudad porque el Ayuntamiento estaba paralizado.

O. P.– Bueno, voy a responder a esa afirmación de dos maneras, para no intentar entrar en ese tipo de mala relación con el presidente de la Diputación de Valladolid.

P. L.– También es el número dos del PP en Valladolid...

O. P.– Sí, sí. Pero es el presidente de la Diputación y cuando uno tiene una responsabilidad institucional eso está por encima. Entiendo la frustración de Jesús Julio Carnero porque las personas o persona al frente del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Valladolid están haciendo una oposición esperpéntica. Pero la decisión de ponerle al frente no es mía, es suya. Dicho esto, la afirmación de que el Ayuntamiento está paralizado carece de base. No se puede hablar de parálisis cuando se abren comedores de verano en quince días, cosa que, por cierto, a pesar de lo que le he oído decir a Pablo Iglesias, no se hizo ni en Cádiz ni en Zaragoza ni en Madrid... Un Ayuntamiento que pone en marcha una línea de ayudas contra la pobreza energética, de ayuda de material escolar, que tiene sus presupuestos aprobados, que tiene un proyecto del Campus de la Justicia. ¿Dónde está la paralización? Yo diría que somos hiperactivos.

P. L.– He creído entender que usted diferencia dos PP. Uno el que le hace la oposición dentro del pleno y con el que es difícil entenderse y otro, el que representa Carnero con el que es fácil entenderse.

O. P.– No, no. Yo con el presidente de la Diputación me tengo que entender porque es el representante de una institución con la que el Ayuntamiento tiene unas relaciones. Yo no hago oposición a Juan Vicente Herrera y por lo mismo el presidente de la Diputación no debería hacerla al alcalde de Valladolid.

P. L.– A usted le rodea un poder institucional del PP importante. ¿Ha notado sectarismo en la Junta?

O. P.– No. La relación no es la misma con todas las consejerías, con unas es más fluida, con otras menos, pero, en general, es buena.

P. L.– ¿Y con el Gobierno central?

O. P.– Bueno con el Gobierno central... Como seguramente me preguntarán por ello, está el ejemplo del Campus de la Justicia. El alcalde de Valladolid no sale diciendo públicamente que el Ministerio renuncia a Girón si no es verdad. Le digo al Ministerio de Justicia que no vamos a hacer la permuta, aquí tenéis el dinero si lo queréis. Me mandan una carta de pago para que le devolvamos ese dinero del exceso la permuta. Ingresamos el dinero y lo puedo demostrar. Luego la operación de Girón se ha cancelado diga lo que diga. Quizá con el Gobierno de España se dan este tipo este tipo de situaciones, como con la del paso a nivel de La Pilarica. Pero eso yo no lo atribuyo a un enfrentamiento o de sectarismo sino de intereses contrapuestos. No es que se vaya en contra del Ayuntamiento de Valladolid.

F. M.– Lo cierto es que siete meses después hay una gran incertidumbre sobre los grandes proyectos de ciudad.

O. P. – ¿Mayor o menor que hace siete meses? No me dirá que el soterramiento tiene una incertidumbre ahora que no tenía entonces. Es más, sabemos cosas que no sabíamos: que debemos 404 millones y algunos detalles de cómo se gestó ese crédito y cómo se garantizó. Si hay incertidumbres son las mismas que hace siete meses y no las ha producido este equipo de Gobierno.

F.M.– Pero el Campus de la Justicia ya tenía un proyecto que hay que rehacer y se alargará unos años.

O.P.– Lo importante es si hay voluntad política de hacer la Ciudad de la Justicia y poner el dinero. Si la hay en dos o tres años está resuelto y ejecutado.

P. L.– ¿La sintonía con sus socios sigue siendo buena?

O. P.– Sí. Cada vez mejor.

P. L.– Y cómo se resuelven las cuestiones como, por ejemplo, el pádel en la Plaza Mayor, que Saravia está empeñado en que no se haga y usted todo lo contrario.

O. P.– Es un buen ejemplo porque además en un asunto que tenemos que resolver de inmediato. Saravia es hombre de ideas sólidas y no es fácil cambiarle. Pero Valladolid es una ciudad que sufre la crisis económica y el pádel es un evento que está completamente consolidado y posicionado. A mí, como a Manolo, no me gusta que se ocupe la Plaza Mayor. Pero se trata de cargarse algo que está funcionando y la ciudad hoy no se puede permitir el lujo de perder un céntimo.

P. L.– ¿Acabará convenciendo a Saravia?

O. P.– Es un tipo razonable y sabe entender que, a veces, en la vida hay que tomar decisiones que no van en la línea de los principios que uno quiere defender, pero que la situación lo exige.

P. L.– Es llamativo su caso respecto a otras ciudades donde los nuevos gobiernos se han caracterizado por arrasar con todo. Usted ahora defiende cosas que antes criticaba, como el concurso de Pinchos.

O. P.– Yo en la oposición no acerté siempre y me comeré mis palabras cuando sea porque lo importante no es que yo quede encima, sino el beneficio para la ciudad.

F.M.– ¿En qué más se equivocó o rectificará?

O.P.– Ya se mencionó: el tema del Pincho. Nos parecía que la apuesta gastronómica estaba excesivamente dimensionada. Ahora te das cuentas de que la apuesta era buena y que era difícil que diera resultados hasta que te posicionas. Es posiblemente lo que va a pasar con la Fiesta de la Moto, que el propio PP desde fuera ahora critica. Claro, las cifras de este año no han sido las de Pingüinos, pero ese esfuerzo posiblemente permita que el año que viene haya más gente. Y también hemos cambiado de opinión en la Sociedad Mixta de Turismo.

P. L.– Ejemplo donde los haya porque su eliminación era un punto de su campaña...

O. P.– Sí, pero hemos visto que es un buen instrumento si se usa bien. La Fiesta de la Moto montada en dos meses no hubiera sido posible sin ese instrumento.

P. L.– Siete meses también es tiempo suficiente para que ya no se use la coletilla de que llevan poco tiempo. Les van a exigir y no se podrán quedar que en la complacencia de que la feria del Pincho es buena o el pádel es bueno. Su labor es mejorarlo.

O. P.– Por supuesto. Ya se están pensando en cosas. Me llamó mucho la atención este año del concurso de pinchos era lo cerrado que era. Es un evento de una dimensión internacional, un espectáculo para los ojos y que allí no entre ningún ciudadano. ¿Por qué no abrimos eso? Como la Seminci, una entrada... Lo sustancial es que las cosas que funcionan hay que consolidarlas y no estropearlas.

M. A. V.– En las semanas, la santa y la de cine. ¿Hay algo nuevo?

O. P.– Bueno, con la Seminci venimos de una edición en el que el retorno de este año ha estado por encima de San Sebastián. Va en la buena dirección. Semana Santa es un tema complejo porque se dan elementos en que es difícil introducir grandes novedades. Le pongo un ejemplo. Una de las cosas que le hemos planteado a la Junta de Cofradías fue hacer en el Viernes Santo, al paso de la procesión, meter una sinfónica que tocara el Réquiem de Mozart, con una iluminación distinta. Una apuesta innovadora y claramente potenciadora de la procesión que sería impresionante. Pero las cofradías no lo ven. Y no podemos imponer. Vamos de acuerdo con las cofradías y a la iglesia.

P. L.– Pero tal vez sea labor del Ayuntamiento convencer a las cofradías del valor para la ciudad.

O .P.– Vamos, que a ustedes les gusta la propuesta de la sinfónica... Pero es verdad que las cofradías tienen sus bandas que ensayan todo el año y se verían privadas de tocar en la Plaza Mayor. Bueno, maduremos la cuestión, porque creo que volvería el foco de los medios nacionales que se han apartado un poco de la semana santa de Valladolid.

P. L.– Usted y el alcalde de Léon, porque es una cosa de dos, rompieron un tabú al reunirse ambos. Y sorprendieron después de 30 años de autonomía y de un supuesto enfrentamiento entre las dos ciudades. Es una acción política más allá de lo municipal, una acción que necesitaba la sociedad de Castilla y León. ¿Cree que es el mayor acierto, el mayor golpe de efecto político por su parte?

O. P.– Desde el punto de vista de variar el marco de la Comunidad autónoma creo que viajar a León es una muy buena decisión. No sólo mía, es compartida con el alcalde de León, con el que tengo que decir que es muy fácil entenderse. A veces las personas hacen mucho más que las ideas. A lo mejor este es el momento de liderazgos que se crean esta Comunidad, que quieran hacerla de verdad. Y en ese sentido, espero que tanto Toño Silván como yo, como otros alcaldes con los que espero tener encuentros, seamos capaces de tejer los suficientes lazos de unión para que esta Comunidad empiece a serlo.

P. L.– Durante mucho tiempo ha habido gobiernos del mismo color en ambas ciudades y ha tenido que ser precisamente un alcalde socialista...

O. P.– Es una cuestión de personas, seamos de un signo político o de otro. Tenemos pocas dobleces, que no damos demasiados rodeos y somos nobles a la hora de tomar decisiones. Y esto no es solo bueno para nosotros sino para el Gobierno de la Junta, que puede trabajar con las manos más libres y no pensar permanentemente cuánto le doy a éste o al otro.

F. M.– ¿Cuáles son las ideas de ciudad con marca propia?

O. P.– Ahí está la gratuidad del autobús para menores de 12 años, 2.400 ayudas contra la pobreza energética, apertura de comedores escolares, la revisión del PGOU....

F. M.– Más allá de estas medidas, que son importantes, me refiero a proyectos de calado...

O. P.– La impronta es clarísima. Ya dije que no traía una revolución bajo el brazo. Yo dije: cambiaremos lo que haya que cambiar y apuntalaremos lo que funciona. Y en esa línea estamos trabajando. Cuando tú no tienes una revolución bajo el brazo lo que haces es introducir cambios poco a poco. Ha habido cambios importantísimos en las formas y nadie lo puede negar. Ha habido cambios en lo social muy importantes y en muy poco tiempo con los recursos que teníamos. Veremos una ciudad diferente, pero hay que ir paso a paso. Aquí hay que cambiar las cosas con cabeza y eso es lo que creo que está valorando más la gente.

P. L.– Hay un asunto que surgió al principio de mandato y que no sé si hará usted terapia con Saravia: la negativa a la ampliación de Vallsur.

O. P.– Ahí estamos de acuerdo. Yo voté en contra de la ampliación. Una de las cosas que dije en la conferencia (del Ritz) es que las ciudades necesitan el comercio, genera actividad, movimiento en las calles y esto es sinónimo de seguridad y nos lo estamos cargando. Hay centros comerciales en Valladolid y su entorno como no hay en otra ciudad de España. No hacen falta más ni ampliar los que existen. En esa guerra el pequeño comercio pone los muertos.

P. L.– Ese planteamiento es válido cuando hay una concordancia en todo el entorno, pero al final la realidad arrolla.

O. P.– La realidad ya nos ha arrollado y hay que tomar las cosas como vienen. ¿Pero por qué no se instala Ikea en Valladolid y por qué en Arroyo de la Encomienda?

P. L.– Por una decisión política.

O. P.– Una decisión política basada en el enfrentamiento que había entre el alcalde de Valladolid (Javier León de la Riva) y un consejero de la Junta (Tomás Villanueva). Valladolid ofreció suelo y tenía suelo en el área homogénea 11, una rotonda más allá. Lo que no podemos es resolver ahora el problema que se ha generado con más incremento de los equipamientos. Eso hace polvo al que tiene la tienda en la calle Labradores.

P. L.– Pero también las grandes compañías juegan con ustedes porque no son capaces de intentar acuerdos entre la ciudad y el alfoz para evitar que les chantajeen.

O. P.– Parece que ahora hay una cierta conciencia entre los municipios del alfoz de que hay que entenderse para algo más que poner autobuses o para compartir el servicio de agua. Hace falta entenderse en materia de planificación industrial.

P. L.– Los pequeños municipios tienen miedo a la capital, por eso no se consigue en este país configurar un alfoz como si pasa en otros modelos anglosajones o en Francia. ¿Usted sería generoso con el pequeño?

O. P.– Todos tenemos motivos para tener miedo. Pero es necesario poner las oportunidades por encima de los temores. Valladolid ha perdido también mucha población hacia los municipios del entorno.
P. L.– ¿Le parece preocupante perder población en favor al municipio de al lado? ¿Lo preocupante no es perder población que se va fuera de la provincia? Al final ese vecino, el que se va al municipio de al lado, comprará en la ciudad.

O. P.– No nos olvidemos de que hay una cosa que se llama financiación municipal, que depende en buena medida de la población.

P. L.– ¿Le molesta o qué le parece cuando dicen que hay un alcalde real que es Saravia y otro virtual, que es usted?

O. P.– La verdad es que tanto Manolo como yo nos lo tomamos a chufla. No deja de ser un chascarrillo.

M. A. V.– ¿Y en las próximas elecciones se lo tomarán a chufla?

O. P.– Lo peor que puede hacer un gobernante es estar pensando en las elecciones. Ahora tenemos tres años y medio por delante y si lo hacemos bien nos irá bien a los dos.

P. L.– ¿Podía darse la posibilidad de ir en la lista los dos?

O. P.– Eso es muy prematuro.

M. A. V.– ¿O en coalición?

O. P.– Es muy prematuro, pero nada es descartable de aquí a tres años.

P. L.- El PP tiene la esperanza de que al final este acuerdo se acabe rompiendo dado que los dos tienen un perfil de candidato.

O. P.– Eso lo único que nos indica es el vacío que ellos tienen. Lejos de tener un proyecto, confían en que estalle el nuestro. Les auguro mucha melancolía porque no se va a producir. El proyecto que tenemos es sólido. Podemos discutir del pádel, pero tenemos una coincidencia muy grande en la fórmula de ciudad.

P. L.– ¿Ese acuerdo entre tres partidos, uno de los acuerdos más supersónicos conocido en política entre tres formaciones, se la deben a Javier León de la Riva?

O. P.– (Dudas) Yo creo que no. Había una presión social muy grande para pasar página. Pero si ese fuera el único cemento eso se cae en dos días. Hay sintonía, poco dogmatismo, mucha capacidad de entendimiento y hay muy buen feeling personal. El Gobierno funciona como de un solo partido.

P. L.– ¿Por qué les molesta tanto que lo llamen tripartito? Sí Se Puede no está en el equipo de gobierno pero realmente es un tripartito.

O. P.– Me molesta porque en el imaginario colectivo, y la derecha lo sabe muy bien, está el tripartito que como tal se ha conocido en España, que fue el de Cataluña, y no dejó muy buen sabor de boca.

P. L.– ¿Cree que ese es el sentido?

O. P.– No me cabe ninguna duda. El PP no da puntada sin hilo y en esto de repetir una mentira hasta ver si la convierte en verdad es incansable. Pero es un bipartito.

P. L.-–¿No temen que Podemos les vaya a comer terreno?

O. P.– Nunca funciono en política y en la vida por temor. Y siempre he creído que cuando uno hace lo que debe recoge sus frutos, a la corta o a la larga. A los que creo que les va a ir mal es a los que están instalados en el ‘cuanto peor, mejor’.

M. A. V.– A los que hace usted oposición de la oposición. Dice que León de la Riva ha pasado a la historia, para luego decir que León de la Riva firmó esto y lo otro; que no quiere que vaya a los tribunales, pero le lleva a la puerta...

O. P.– ¿ Y qué haría usted en mi lugar?

M. A. V.– No sé, no soy alcalde.

O. P.– Le voy a decir cuál sería mi deseo. Que Javier León de la Riva pudiera disfrutar de su jubilación tranquilamente, que pudiera tener una relación institucional y personal con él agradable, cordial y no tener que volver a verle más que para cosas buenas: en saraos, para decirle qué tal te va, te voy a poner una calle...

P. L.– ¿Sería capaz de ponerle una calle a León de la Riva?

O. P.– Sin duda alguna. Me encantaría que tuviera una calle, tanto él como Tomás (Rodríguez Bolaños) y que la tuvieran en vida.

P. L.– ¿Y lo va a hacer?

O. P.– No depende sólo de mí. Es algo que hay que hablar y depende también de ellos. Esa es la relación que me gustaría tener, pero si me encuentro unos contratos relacionados con un asunto de corrupción no me queda más remedio que trasladarlo al juzgado. Si me encuentro con una comfort letter, de la que tengo conocimiento desde octubre, que puede suponer para el Ayuntamiento un agujero de 100 millones, tengo que actuar.

P. L.– Ustedes que alardean tanto de transparencia, exigieron una comisión de investigación sobre Samaniego pero no la han puesto en marcha.

O. P.- Es verdad, pero el que hizo la denuncia y el que mostró interés en perseguir el asunto estaba en la oposición y ahora en el Gobierno. Una comisión de investigación se crea fundamentalmente para destapar cuestiones que el que está en el Gobierno no quiere que se sepan.

P. L.– ¿Tiene claro que es un caso de corrupción evidente?

O. P.– Que es un caso de corrupción no creo que lo dude nadie. Otra cosa es quiénes son los autores y hasta dónde alcanza.

P. L.– Es insólito que este funcionario sorteara durante años todo tipo de controles, especialmente los controles administrativos internos.

O. P. – Sí. Aquí ha habido un asunto relacionado con el contrato de la señalización horizontal y vertical y yo me doy cuenta en la junta de gobierno. Me cuesta mucho creer que en catorce años nadie se diera cuenta.

F. M.– Hablaba antes de su relación con el anterior alcalde. ¿Tiene prevista alguna reunión con él?

O. P.– Hemos hablado y estamos hablando. El caso de la comfort letter me tiene muy preocupado.

F. M.– ¿Y del caso Samaniego, han hablado?

O. P.– No, del caso Samaniego no.

M. A.V.– ¿Y qué le ha dicho de la comfort letter? ¿Sabía lo que firmaba?

O. P.– Él me traslada que en todo momento pensó que era lo correcto y que no lo hizo por iniciativa propia. El asunto tiene una trascendencia económica tan grande para el Ayuntamiento que hay que mantener cierta reserva.

P. L.– Está poniendo usted un panorama terrible al anterior alcalde entre el caso Samaniego, la comfort letter. Está sugiriendo panorama judicial nada halagüeño.

O. P.– Es que prefiero ser cauto.

F. M.- ¿Mantiene una relación con León de la Riva entre bambalinas?

O. P.– Hay una relación cordial. Volver a lo que en tiempos fue porque yo tuve una buena relación con él.

P. L.– Parecía un ‘idilio’ a mitad de mandato. Él le mimaba y le cuidaba porque creía que usted no iba a ser el candidato hasta que ganó las primarias.

O. P.-–En todo caso el que cambió es él. Yo mantengo una relación cordial con él porque creo que es lo que debe ser. Pero respondo ante la ciudad. Y por encima de mi relación personal con Javier León está la defensa de los intereses públicos.

P. L.– Por una parte dice que le encantaría ponerle una calle, pero no encaja con el hecho de que está sugiriendo que está bajo sospecha su actuación legal y ética.

O. P.– Esos son los hechos. Son los que son. Yo en octubre recibo la noticia de que hay una comfort letter, que no está en el Ayuntamiento, no existe. No hay un solo papel ni una copia. No hay un acuerdo de la Junta de Gobierno, ni del Pleno. Es un documento que aparece en una entidad extraña al Ayuntamiento, como es la Sociedad Valladolid Alta Velocidad, pero que compromete los recursos municipales en nada menos que 101 millones de euros.

P. L.– ¿Están gestionando cierto conocimiento que tienen de lo que ha habido atrás en los momentos de confrontación con el PP?

O. P.– Confrontación ha habido desde el minuto uno. No hemos tenido tregua, pero esto no tiene nada que ver con eso. Qué más quisiera yo que no tener ahora encima a los bancos exigiéndome una cantidad que no tengo y no tener ese documento encima de la mesa.

P. L.– Tras hacerse con el Gobierno de la capital ha emergido, y es un hecho constatable, como la ciudad institucional más importante del PSOE en Castilla y León. No es cualquier municipio, es Valladolid. Entiendo que por lo menos eso le llevará a afrontar, en momentos futuros no muy lejanos, el liderazgo del PSOE en Valladolid.

O. P.– No. Si me pregunta si voy a optar a la secretaría provincial, rotundamente no. Mi responsabilidad institucional me exige una dedicación y no sería honesto con el partido si dijera que me puedo dedicar a las dos cosas que implican un trabajo duro.

P. L.– Pero adquiriría mucho más peso político.

O. P.– Casos de alcaldes que sean secretarios provinciales no hay tantos, pero, ya digo, es que casi no tengo horas para ser alcalde.

P. L.– A ver si es usted tan claro en la siguiente parte de la pregunta. ¿Cree que debe haber un cambio en la secretaría provincial del partido?

O. P.– (Dudas). Lo primero que hay que ver es cómo está el partido y si hay más personas que quieran ser.

P. L.– Javier Izquierdo, que ha sido colaborador suyo, ¿le ha transmitido si quiere continuar?

O. P.– No hemos hablado de eso. Creo que el partido tendría que evitar un congreso de confrontación.

P. L.– Eso supondría buscar una fórmula intermedia.

O. P.– No, puede ser Javier perfectamente. Lo que digo es que nos sentemos, veamos qué posibilidades hay.

P. L.– Ahora, como alcalde, tiene mucho más peso a la hora de conseguir un consenso. Igual que el ex alcalde de Valladolid tenía más trascendencia antes que ahora. Para la secretaría local no tendrá usted rival.

O. P.– Entra dentro de la lógica.

P. L.– Como no tendrá rival para otras primarias futuras…

O. P.– Es que el alcalde está excluido de primarias por norma. Si no fuera así no lo tenga tan claro.

P. L.– ¿Qué debe hacer el PSOE en esta Comunidad para acabar con reinos de taifas que dañan tanto al PSOE en Castilla y León?

O. P.– Tengo mucha confianza en Luis Tudanca. Es un tipo cabal, sensato, muy trabajador, y va con paso firme. Creo que lo está haciendo bien y es verdad que tiene focos en algunas provincias, Zamora está en la mente de todos, que son preocupantes.

P. L.– Excepto Valladolid y Soria.

O. P.– Siempre he dicho que el PSOE es un partido de gobierno y cuando no gobierna se convulsiona mucho. La tarea de Luis es complicada. En la medida que en algunos territorios sigamos sin alcanzar el poder institucional, resolver los problemas internos no va a ser fácil. Pero él ha iniciado un proyecto nuevo y es un hombre joven con mucho por delante.

F. M.– Vuelvo a la política local. Retoma las relaciones con el ex alcalde, pero las tiene casi rotas con el PP en el Ayuntamiento. Es curioso.

O. P.– Con León de la Riva no debería ser difícil recomponer relaciones teniendo claro que yo no tengo ningún interés en dañarlo. En el caso del PP preferiría no hablar de ellos. Son un desastre. Hoy te dicen una cosa por la mañana. Te vuelven loco.

P. L.– ¿Lo atribuye a que hay una división interna?

O. P.– Es público y notorio. Unos van por un lado y otros van por otro. Me gustaría tener enfrente a alguien que tuviera un rumbo claro. Que te dijera: te voy a dar en el cielo del paladar digas lo que digas. O voy a hacer una oposición equilibrada: te daré cuando te tenga que dar y acordaré cuando haya que acordar. Pero ahora no sabes muy bien.

P. L.– ¿Pero tiene la sensación de que en la nueva etapa que quiere abrir la dirección provincial del PP no puede domesticar a los que proceden de la anterior etapa?

O. P.– Es que yo niego la mayor. ¿Un intento de abrir una nueva etapa? No asumen que están en la oposición. Uno tiene la sensación de que te ven sentado en la Alcaldía como una especie de usurpador de lo que les pertenece. Si el diagnóstico que haces es ése, te vuelves loco. Y es lo que les está pasando.

P. L.– Lo pensarán los que estaban en el anterior Gobierno, no los nuevos.

O. P.– Pero es que los nuevos parece que no tienen la personalidad suficiente para imponerse. No se puede gobernar un grupo que tiene a tres o cuatro concejales del equipo anterior que da la sensación de acumular un rencor impresionante.

P. L.– ¿Se da por cerrada la batalla de los sueldos?

O. P.– Me gustaría.

P. L.– ¿Pero está o no?

O. P.– Han presentado un recurso y está pendiente de resolución.

P. L.– No lo digo sólo por el PP. Los propios grupos que le apoyan tienen teorías distintas.

O. P.– Me hubiera gustado que esta cuestión no hubiera salido de la mesa del Reglamento y que, de salir, lo hubiera hecho con consenso. Lo que no está bien es que vayamos con reformas parciales.

P. L.– Pero los primeros han sido sus socios de gobierno.

O. P.– Sí, ¿pero quién ha bajado el sueldo al alcalde?

P. L.– El PP con apoyo de Ciudadanos y abstención de Sí se Puede.

O. P.– Una confusión clara en la votación

P. L.– ¿No saben lo que votan?

O. P.– Yo creo que hubo un momento en el que no se sabía muy bien lo que se estaba votando. Hay una cosa en la que Jesús Enríquez es especialista: en enredar.

F. M.– Parece claro que la rebaja posterior a la suya, la de los concejales que sólo asisten al pleno, fue una revancha del Grupo Socialista.

O. P.– No. Cuando se está en una mesa y se parte de la premisa de que de allí no se sale sin consenso y no respeta esa premisa y plantea una reforma del reglamento fuera de la mesa, y eso fue lo que hizo el PP, lo que no puede pretender es que los demás no hagan lo mismo. Usted ha roto el consenso y a partir de ahora los sueldos se modifican en función de las mayorías. No es una cuestión de venganza.

P. L.– Insisto, pone el foco en el PP, pero es que Podemos el que ha pregonado una cosa y luego práctica la contraria y, de hecho, el debate de los sueldos ha provocado una crisis interna entre ellos.

O. P.– La crisis interna es una cuestión en la que yo no entro. Lo que sí digo es que nadie más que el PP ha llevado al pleno una reforma del Reglamento, en contra de lo que defendió en la mesa. Otra cosa distinta es que Sí se Puede se abstuviera y facilitara la rebaja del sueldo del alcalde.

P. L.– Saravia ha dicho por activa y por pasiva que el sueldo del alcalde debía ser de 45.000 euros.

O. P.– Si, pero Saravia no tiene apoyo para llevar esa propuesta al pleno salvo que la apoye el PP. El PSOE ya ha dicho que no la apoya.

P. L.– Por si acaso no lo ha llevado.

O. P.– Es inteligente. Cuando sabes que te van a rechazar algo, parece que lo lógico es que no lo lleves.

P. L.– Es inteligente ante la sospecha de que lo pueden apoyar.

O. P.– ¿Usted cree que el PP estaría dispuesto a apoyarlo para que sus concejales se rebajaran el sueldo?

P. L.– Lo que parece es que en este debate hay un fariseísmo atroz, donde unos propugnan una cosa y hacen lo contrario. Y el PP lo mismo.

O. P.– Pero no es razonable que un concejal con dedicación exclusiva como Alberto Bustos, que dedica más horas que un sereno, cobre 1.800 euros. Y eso pesa en la conciencia de quienes lo propusieron.

F. M.– ¿No resulta humillante dejar la indemnización por asistencia a los plenos en un euro al mes?

O. P.-– La cifra no me gusta. Y probablemente algo haya que hacer.

P. L.– Reconoce que no es correcto, pero lo utiliza como instrumento político. No es el Puente del pádel...

O. P.– Puede ser. No soy perfecto. Soy una persona con muchos defectos y alguna virtud. Pero con un sentido de la justicia muy grande.

P. L.– ¿Y por qué lo aplica eso si no es justo?

O. P.– Es justo. Me sabe muy mal que sea desleal. Que en una mesa digan una cosa y luego hagan otra.

P. L.– Y paga con la misma moneda.

O. P.– No es lo misma moneda. Honestamente, una persona que gana 76.000 euros en la Diputación, que va una vez al mes al pleno del Ayuntamiento, en el que no habla, no pregunta, ni siquiera se queda a las preguntas...

P. L.– Eso pasa, pero al revés, en la Diputación.

O. P.– Que lo resuelva Diputación. La medida es justa.

F. M.– ¿Corregirán el euro al alza?

O. P.– Puede ser. Hay un recurso presentado y entre los argumentos está el de la proporcionalidad y a lo mejor hay que estudiarlo.

P. L.– ¿Teme que el PP lo gane?

O. P.– No, entre otras cosas porque tengo un informe del secretario que lo avala. En todo caso si el PP quiere ir al juzgado para recurrir una cuestión que afecta al salario ellos sabrán. Políticamente me parecería una decisión profundamente equivocada. Pero no seré yo el que reproche a nadie que vaya al juzgado.

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