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Regreso a cárceles que son «un lujo»

En su maleta había coca. No regresó a Valladolid. Raúl sobrevivió dos años hacinado en una prisión de Perú sin médico, casi comida ni ropa / El Ministerio y la Fundación +34, del vallisoletano Javier Casado, logran repatriar a un centenar de presos españoles en el extranjero y el último avión llegó hace una semana / Raúl cumple condena en Soto del Real / «Dormíamos con tapones para evitar cucarachas en el oído», dice una zamorana

ALICIA CALVO / VALLADOLID
25/06/2018

 

En la fotografía que le hicieron llegar a su madre para que comprobara que estaba ‘bien’ llevaba chanclas. Tras casi dos años sin verle y sólo escuchando su voz por teléfono, Rosa no se fijó en su gesto apesadumbrado, ni en las dos tallas que había perdido por la deficitaria nutrición –sólo un poco de arroz con caldo cada día–, sino en los pies. En que en pleno y gélido invierno a su hijo le habían quitado los zapatos. Y las mantas.

Raúl dormía en el suelo o en un colchón para cuatro. Hasta que su familia consiguió que recibiera el dinero para una cama en un pabellón masificado que este vallisoletano, de 38 años, compartía hacinado con cientos de reclusos en una cárcel de Perú. Cumplía condena por un asunto de drogas.
Ahora continúa privado de libertad, pero sólo de eso. «Tiene derechos. Ya le tratan como a una persona», afirma su madre.

Rosa explica que desde que la Fundación +34 [presidida por el también vallisoletano Javier Casado] contribuyó a su traslado para que cumpliera su condena en una cárcel española, «recuperó la dignidad, las condiciones higiénicas y de salubridad, la energía, la alegría, las fuerzas, las defensas...»

Raúl es uno de los repatriados españoles que en los últimos meses el Ministerio ha logrado trasladar a España, con la colaboración de esta asociación creada en Valladolid.

El último hito data de este hace una semana cuando regresaron 65 españoles. La mitad, para continuar el cumplimiento de su pena en centros penitenciarios del país, y el resto porque estaban en la indigencia en Sudamérica. Dos de ellos nacieron en Castilla y León.

La vida de Raúl se complicó hace tres años. Estaba pendiente de una oferta de trabajo en Alemania y de otra en Perú. «La primera que me salga, me voy», dijo. El primer viaje a Lima sería de sólo quince días. Una toma de contacto para empresa y trabajador. Debía volver el 17 de junio de 2014. Pero ese avión despegó con un pasajero menos.

Su madre, que lo esperaba a su llegada, pasó «dos días sin respuestas, desesperada». Hasta que sonó el teléfono: «Mamá. Estoy en la cárcel. Busca dinero y consigue un abogada. Estoy bien. En la maleta iba droga. Estoy detenido». Esas palabras aún resuenan en la cabeza de Rosa.

Ella relata que «lo peor de los dos años, tres meses y doce días» que su hijo sobrevivió en un penal peligroso» e insalubre era que «le trataban como a un animal».

Esos días los enmarca en «un infierno» por las malas condiciones del lugar, por lo inesperado de la situación y por la preocupación por la supervivencia y la salud de su hijo. «Temía no volver a verlo. Que le pasara algo y cogiera alguna enfermedad y no pudiera volver...».

Durante su estancia allí, este vallisoletano vio «morir a varios compañeros por enfermedades, como tuberculosis, o tirados en el patio». De hecho, no comprendía «cómo había salido sano y salvo de aquello».

Raúl, que prefiere ocultar su identidad real porque su familia constata el rechazo que causa en el entorno una historia de drogas y cárcel, cumple condena en Soto del Real por la cocaína que llevaba en su equipaje. «Le parece un hotel de cinco estrellas y está feliz».

Lo primero que hizo nada más instalarse, y tras la revisión médica que descartó el mayor temor de la familia, portar alguna enfermedad, fue ducharse. Cinco veces. ¡Había agua caliente! «Allí todos se ponían en fila y de los grifos salía agua helada».

El arroz blanco apenas cubría sus necesidades nutricionales. El bollo de pan de la mañana que estiraba todo el día, tampoco calmaba su hambre. La falta de asistencia sanitaria asustaba. La situación en Madrid cambia: «Tiene una celda con otro compañero, con ducha y lavabo. Ropa de cama. Si necesita ir al médico, va, y le dan sus cinco comidas», apunta su progenitora, que se describe «feliz» porque «lo tienen cuidado y seguro», en unas palabras poco frecuentes en un allegado de un recluso.

Poder visitarle también reconforta. Rosa y su marido, jubilados con la pensión de autónomos, nunca se trasladaron a Perú por lo costoso del viaje y por el temor a que les pidieran más dinero. Ella asegura que le han «sacado» muchísimo. «Allí se paga por todo y te timan. Si ven que tienes recursos para ir desde España, creen que tienes mucho dinero y te piden más y más», expone, y cita como ejemplos la estafa de un primer abogado o que «para trabajar en la lavandería de la cárcel debía abonar una determinada cantidad».

Para poder materializar su traslado, Raúl tuvo que abonar la multa que se le impuso en la condena de siete años: 18.000 soles, que equivalen a poco menos de 6.000 euros.

Sus padres aún desconocen qué sucedió y qué motivó que esa droga apareciera en su maleta. Él no se ha atrevido a explicarse todavía y en su casa esperan a que llegue el momento de la libertad para sentarse con calma.

Desde el pasado mes de septiembre, disfrutan de haber dejado atrás la distancia y las duras condiciones de la prisión peruana, aunque la incredulidad permanece. «Somos una familia normal. No sé cómo ha podido pasar esto. Mi hijo tenía sus estudios y su vida. Cómo nos está haciendo sufrir», relata Rosa, que agradece la labor de enlace que ha desempeñado la Fundación +34.
Esta entidad asiste a presos españoles en el extranjero con el objetivo de que regresen a España a rendir sus cuentas con la justicia.

Durante dos años, sólo voluntarios de la Fundación +34 le visitaban. Si podían, le llevaban algo de comida o de ropa. En navidades, una expedición, con Javier Casado a la cabeza, les proporcionó polvorones y calor.

Que alguien les trate con humanidad en medio del caos, de la desidia y del ingrato trato de los funcionarios de prisiones de otros países, «ayuda mucho a las familias».

Así lo subrayan los que quieren a Raúl y lo refrenda Javier Casado, empeñado desde hace cinco años en dar soporte a los presos españoles en el extranjero con una red de ayuda humanitaria que ya cuenta con 408 voluntarios repartidos por todos los continentes. No sólo asisten a reclusos, también a compatriotas que se encuentran en la indigencia.

Los retornos de estos reclusos suponen para Casado un avance muy importante «en derechos humanos». Y aporta una cifra como explicación: «En los últimos seis años han fallecido más de 80 españoles presos en el extranjero, donde no se respetan derechos humanos y comer o dormir se considera un lujo».

‘LES SACAMOS O SE MUEREN’

Casado subraya que no existe disyuntiva posible: «Les sacamos de allí o se mueren». Sobre todo por las enfermedades contagiosas. Para este vallisoletano, «un español tirado en un lugar en el que no se respetan los más mínimos derechos es un problema de todo el país», opina.

Incide además en que no pretenden que se les condone la pena, sino que cumplan la sentencia impuesta aquí. También precisa que la asociación no da cobertura a personas con delitos de sangre, sexuales o de terrorismo.

El 80%, por drogas

Casado atribuye a los peores años de la crisis el devenir delictivo de muchos españoles sin antecedentes penales que «de repente se convierten en mulas».

Explica que las redes de narcotráfico «llaman al timbre» de quien tiene problemas económicos. Y dan con personas vulnerables buscando «órdenes de embargo en tablones de anuncios, casos de desahucios o en las colas de las oficinas de empleo».

Otra razón reside en que se trata de «un delito ciego», porque, según sostiene el presidente de Fundación +34, «el que delinque no ve el daño inmediato que causa su acción y eso facilita que se cometa».

LA PRIMERA COMUNIDAD EN APOYAR

Castilla y León fue la primera Comunidad que aprobó una Proposición no de Ley por unanimidad de todos los grupos parlamentarios de las Cortes para asistir a los castellanos y leoneses en desamparo en el extranjero. La mayoría se encuentra en prisión. Casado subraya «el ejemplo de unión de todos los grupos políticos» en esta materia.

En caso de que Fundación +34 sepa de algún castellano y leonés «que se encuentre en la indigencia o en dificultades» se coordina con la Junta para prestar ayuda. Por ejemplo, para que la Administración autonómica abone el coste del billete de avión de regreso.

CUCARACHAS EN SUELO Y COMIDA

Sonia ya duerme en una habitación «normal». Pero todavía tiene presente las noches en las que dormía «con tapones para que no entraran cucarachas en los oídos», como a otras compañeras reclusas. Cumplió condena en dos prisiones «sucias» de Perú –«un infierno», relata también– y volvió a Zamora ya libre tras pasar un tercio de su pena en prisión.

«Un conocido de otro conocido» le prometió 6.000 euros por transportar un kilo de cocaína. «Al principio me negué, pero después, como estaba sin trabajo y necesitaba el dinero, acepté». Tiene dos hijos pequeños que creen que los dos años que pasó lejos «trabajaba en el extranjero».
Cuando el perro olió su equipaje, ladró. Los agentes pincharon la tela y quedó al descubierto.

«Resulta que llevaba más de lo que sabía». Fueron cinco kilos y seis años y seis meses de condena privada de libertad.

El primero de los dos centros penitenciarios fue peor, pero ninguno se salva del «trato vejatorio». Compartía duchas con 150 reclusas y el agua nunca se templaba. La comida traía «regalos». «Era peor que horrible. En el arroz te encontrabas un trozo de estropajo o cucarachas». Cuenta que sobrevivió «al horror» evadiéndose en las historias de otras personas que contaban los libros. «Sólo leía y dormía. Intentaba no pensar, pero echaba de menos a los niños». Eso envejece, dice. Entró con dos canas. Salió con la melena blanca.

Trata de volver a empezar. Ycuesta. «Es terrible entrar en la cárcel, pero también es muy duro salir», expone esta zamorana, que salta de un empleo eventual a otro y soporta el menosprecio del prójimo. «Me miran por encima del hombro por haber sido presa».

OTROS 26 REOS SUEÑAN CON HACER LA MALETA DE VUELTA

La mitad de presos en el extranjero que durante la crisis. Son menos que en los peores años de la crisis. Exactamente, «la mitad». En la actualidad, 1.102 españoles cumplen condena en una cárcel del extranjero. De ellos, 26 nacieron en Castilla y León. Hace 5 años sumaban 2.000 del país y medio centenar de la Comunidad. Los centros penitenciarios en los que se encuentran los castellanos y leoneses cumpliendo condena son Perú (7), Alemania (3), Francia (3), Australia (2), Brasil (2), Reino Unido (2) y las cárceles de Argentina, Colombia, Ecuador, India, Israel, Marruecos y Rusia acogen a una persona cada una. Casado atribuye este descenso, además de a los reos que han conseguido traer de vuelta, a que en los años de crisis los delitos por tráfico de drogas se dispararon porque «las redes de narcotráfico se aprovechaban de las personas que atravesaban dificultades económicas».

 

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