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LA POLICÍA SE ACERCA AL AULA

Patrulla escolar

Median en conflictos, combaten absentismo, acoso y consumo de drogas y sirven de enlace entre docentes, alumnos, padres y Administración / 76 agentes tutores de la Policía se integran en 100 colegios e institutos de Valladolid para resolver problemas / «Ya saben que estamos para ayudarles y no sólo para poner multas»

ALICIA CALVO / VALLADOLID
02/11/2017

 

Su uniforme los ponía en guardia. En cuestión de segundos, los porros pasaban al bolsillo o bajo la suela y en un instante dejaba de parecer una genialidad la idea de cambiar clase de mates por banco del parque.

«Su presencia ya disuade». El director del Instituto deDelicias, uno de los cien centros educativos que dispone de agente tutor en Valladolid, agradece la presencia de estos policías de barrio, de esos agentes que sirven de enlace entre escolares, profesores, familias y Administración local y ejercen más que de autoridad –que también–, de mediadores.

Suena el timbre y Laura y Roberto se apartan junto a la pared porque ya conocen lo que viene ahora, la avalancha. Entre la multitud, varios alumnos les saludan. Cuentan que al principio les miraban con recelo, pero ya hay hasta quien se detiene a conversar. La mayoría ni les mira porque son una pieza más del paisaje cotidiano. «No nos ven como a extraños porque venimos con frecuencia. Saben que estamos para ayudarles y no sólo para poner multas», exponen estos dos agentes municipales, asignados a la zona.

Los mismos que patrullan el barrio se pasean por el recreo y, también, acuden a la llamada del centro si se produce algún incidente.

Una de sus últimas actuaciones en este instituto la motivó un enfrentamiento de dos alumnas por insultos vía telefónica. Recuerdan los policías que muchos chavales creen que detrás del WhatsApp o de las redes sociales «están de incógnito» y muchas veces «no son conscientes de que pueden hacer el mismo daño o mayor que si fuera de ‘tú a tú’».

Su labor inicial consistió en eso, en razonar con ambas dentro del entorno educativo para «hacerles ver las consecuencias de sus actos; que se dieran cuenta del daño provocado y que trataran de resolverlo hablando». Como consiguieron zanjarlo, no procedieron con ningún paso más. «Si no se llega a solucionar, hubiéramos tenido que acudir a los padres».

Por las instalaciones del instituto, Roberto se encuentra como en casa porque en este centro cursó sus estudios e indice en que su empeño es el de «reconducir» malas conductas; actuar a tiempo para evitar que el gamberro de hoy sea «el delincuente de mañana».

Opina que la adolescencia es una etapa «buena para encaminar». En algunos casos, con sus consejos resulta suficiente y en otros media una denuncia. «El objetivo no es sancionar, aunque a veces suceda, sino atajar una conducta de riesgo. Son edades de problemas con las drogas y de malas compañías, de desviarse del camino, e intentamos que aprendan las consecuencias de comportarse indebidamente; que sepan que la ley está detrás y que dejen de actuar así».

– ¿El resultado?

– A veces lo conseguimos y otras no. Pero muchas sí y para esos alumnos ya supone una diferencia.

Los agentes permanecen cerca del patio con asiduidad y sin previo aviso para que tanto escolares como profesores les comenten cualquier problema, pero son los docentes sus interlocutores más habituales.

Uno de los ámbitos en el que bucean con más frecuencia está relacionado con el parque y con esos alumnos que, seducidos por la tranquilidad o diversión de encontrarse fuera del aula, optan por los novillos. «A los que nos encontramos fuera del colegio los devolvemos», aclaran.
Si su infracción se limita a no asistir a clase, los agentes rellenan un acta de absentismo que posteriormente envían «al equipo de absentismo del Ayuntamiento». Pero la reacción cambia si están fumando un porro o realizando algún acto vandálico. «Los denunciamos y tienen que pagar una multa. Esa multa llega a su casa y es una forma más de que tenga repercusión», precisan.
Aunque no siempre consiguen el efecto deseado.

La subinspectora Violeta Hoyos, responsable de coordinar y poner en común la actividad de los agentes tutores, explica que hay progenitores que no reciben con agrado su consejo, visita o recomendación. «Muchos ven a un policía y no quieren saber nada o les parece normal que sus hijos falten a clase».

Frente a esta respuesta, está «la mayoría», que sí comprende su función. «Ven que nuestra intención es la de reeducar y en esa necesidad la figura de los padres resulta fundamental. La responsabilidad no sólo debe recaer en manos de los centros escolares y nuestra obligación es comunicárselo si sus hijos han podido cometer un delito. Hablar con ellos es importante», incide.
Cuando se trata de familias desestructuradas, «alguno de los padres es drogadicto o no se ocupa de sus hijos», derivan el asunto a ServiciosSociales.

De hecho, para realizar su función, estos tutores de uniforme colaboran con otras instituciones o servicios, como el departamento oportuno del Ayuntamiento, el Cuerpo Nacional de Policía y la DGT, entre otros.

Señala la subinspectora que los menores de 14 años son inimputables por la ley y que el instituto puede expulsarlo por su conducta inadecuada, pero los agentes buscan la mediación como prioridad para que «reconozcan lo que han hecho mal y pidan perdón». «Les explicamos que su acción podría ser delito, que causaron daño o alguien ha roto algo que hay que pagar entre todos o en su casa, y entonces empiezan a ver que puede ser serio».

Además de proliferar los conflictos a través de las redes o el absentismo, otro aspecto en el que las intervenciones son continuas está relacionado con el cannabis. Indica la responsable policial que el hábito está muy extendido: «En todos los centros se consume».

Dado que el uniforme evita ‘cazar’ a los estudiantes infraganti, en numerosas ocasiones los policías tutores acuden a sus colegas de paisano. «Vayan al instituto que vayan, pillan a alguien».
Eso sucede, explica Hoyos, porque algunos alumnos «ven normal fumar un porro antes de entrar a clase». Los agentes les trasmiten que «no se puede rendir igual bajo los efectos de las drogas, ni tener el mismo comportamiento».

El director del IES Delicias, Francisco Javier Voces, constata esta realidad e indica que varias veces contactó con estos agentes porque gente fuera del instituto «vendía» en las inmediaciones del centro y también por otros conflictos, como peleas e incluso hurtos. «Es una figura espléndida porque su presencia cronificada permite resolver cualquier problema de convivencia con mayor rapidez», revela por su experiencia al frente del centro educativo y como jefe de estudios.
Desde su perspectiva, advierte dos factores por los que funciona el trabajo de estos guardianes de la paz escolar: «La proximidad y la expresión de autoridad», porque observa que «el propio uniforme ya ayuda e impone».

Comenta Voces que el año pasado unas alumnas sustrajeron un casco de una policía y compartieron las imágenes en las redes sociales. «Colaborando, lo resolvimos. Lo devolvieron y se habló con las familias», expone. «Estos policías siempre han respondido excelentemente y logran que algunos estudiantes no reincidan», subraya.

En esa dirección camina otra de las líneas de estos representantes del orden. Como la base de su labor es preventiva, imparten charlas en todos los centros educativos. Las conferencias abordan tres frentes: prevención del consumo de alcohol y drogas, de riesgos en internet y educación vial.
«Ya se las tienen que saber de memoria», bromea Violeta Hoyos, quien agrega que cree que una parte de ese público cala el mensaje. «Se han acabado muchos enfrentamientos de alumnos en internet», cita como ejemplo.

Esta policía defiende el sentido de un servicio que nació sobre la base de «aumentar la protección de los menores», al tratarse de «un grupo de riesgo influenciable, que está forjando su personalidad y es muy dependiente sin ser consciente de ello».

Alude a la «cercanía» como método diario y considera un acierto esa doble vertiente de ser, a la vez, agente tutor y policía de barrio. «Recorren el entorno. Saben lo que hacen los jóvenes por la mañana y por la tarde fuera del colegio. Los acaban conociendo porque son los mismos que patrullan por las tiendas, por la zona. Conocen su entorno».

Hoyos subraya que el éxito de este servicio depende de «la confianza», que en esto se basa su labor, en conectar con los centros, los alumnos y las familias para poder asesorar y ser escuchados, e incide en que tan sólo son «un eslabón más en la cadena», pero un eslabón concienciado de la senda emprendida: «El futuro de la sociedad está en los menores. Todo lo que hagamos porque sean personas responsables y educarlos es un trabajo que tenemos hecho. Creemos en ello».

«NOS PREOCUPA LA CAPTACIÓN DE JÓVENES POR YIHADISMO Y OTROS GRUPOS RADICALES»

Patrullan el barrio y los centros escolares y lo vigilan todo, pero en los últimos tiempos, además de los conflictos de siempre, su atención también se eleva sobre el extremismo islámico radical. «Un tema que nos preocupa es la captación de jóvenes por yihadismo y también vigilamos otros grupos radicales», explica la subinspectora Violeta Hoyos, quien añade que para enfrentarse a esta situación han recibido formación extra. «En el último año hemos participado en jornadas para formarnos porque cada vez más cazan a jóvenes en edades más tempranas», expone.

Explica Hoyos que tratan de detectarlo por diferentes vías: desde la comunicación con el personal docente hasta a través de la propia observación. «Por los comentarios que hagan en las redes o en el centro escolar, por el aspecto... Si hay algún caso se lo trasladamos a la unidad específica de la Policía Nacional», indica. «Algún joven hace comentarios contra Occidente e incluso manifiesta que quiere ir a Siria». En estos casos, suelen ser los profesores los que les trasmiten sus sospechas. «De repente ves que hay alumnos que están con un pañuelo en clase y antes no lo llevaban e indagas por si acaso».

Expone la subinspectora que los jóvenes, sobre todo en edades tempranas, son más vulnerables para caer en las redes de bandas, «de grupos radicales de izquierda o de derecha». «En estas edades buscan su propio camino y hay jóvenes menos formados, que son más fáciles de convencer», apunta.

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