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La otra hija recibe consuelo y apoyo mientras su tía repudia a la madre

«Es injusto lo que le está pasando, no tiene culpa de lo que haya hecho la madre», lamenta una amiga de la hija / «No quiero saber nada de ella, ni escuchar su nombre» dice una de las tías de Ana Julia

M. CASADO / BURGOS
13/03/2018

 

La otra hija de Ana Julia Quezada, que reside con su padre en Burgos en un portal adyacente al que habitaba con su padre burgalés y su madre dominicana en 1996, padeció ayer un episodio de ansiedad a consecuencia de la presión social y mediática suscitada tras la detención de su madre, ataque del que fue atendida en el servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Burgos, aunque no fue ingresada pero sí permaneció en observación hasta que recibió el alta.
«Es una chica muy maja, vive aquí con su padre y la verdad que llevo una semana que no les he visto», la describe un vecino del edificio donde residen ambos. La correspondencia atrasada en el buzón hace pensar que su padre y ella llevan días lejos de la vivienda. Otros vecinos aseguran, en cambio, que vieron al padre dejar la casa muy temprano.
«Es una buena chica muy agradable», insiste otro vecino. Quienes la conocen más aseguran que «es injusto lo que le está pasando». «La están poniendo perdida en redes sociales, le están diciendo unas cosas... eso no porque es una criatura que no tiene culpa de lo que haya hecho la madre. A la madre que la piquen a ella no», explicaban ayer por la mañana.
Algunos vecinos se lamentaron de que los periodistas, especialmente las cámaras, estuvieran pendientes a la chica: «Dejarla en paz, bastante tiene con lo que tiene». Otros recuerdan que «es una chica muy trabajadora, siempre se ha buscado la vida sola». En el local de Gamonal donde trabaja no quieren hacer declaraciones de ningún tipo. «Es un encanto de chica, trabajadora …. solo queremos protegerla y lo mejor que podemos hacer es estar callados», señala una de sus compañeras.
Su jefe en el bar ha tenido que desmentir que la haya despedido por culpa de la detención de la madre. Todo lo contrario, en su trabajo se la arropa y sus amigos han salido a la calle para dar la cara por ella.
De hecho, ayer se celebró una concentración de apoyo a esta joven de 20 años en la plaza de Santiago de Gamonal, muy cerca del bar donde trabaja, a la que acudió casi un centenar de personas avisados por mensajería de esa cita.
‘No quiero saber de ella’
El cariño y respaldo que despierta la hija de Ana Julia entre sus vecinos, compañeros y amigos tiene su cruz en las malas relaciones que tenía su madre con algunas de las personas que conoció en Burgos o incluso su única familia en la ciudad además de su exmarido y la hija en común. En Burgos también vive parte de su familia como su hermana y tías.
«No quiero saber nada de ella, ni escuchar su nombre» reconoció rotunda ayer a EL CORREO DE BURGOS EL MUNDO una de sus tías, que confirmó que fue en su bar donde conoció a Javier. Un hostelero mayor que ella que regentaba varios locales del barrio de Gamonal con el que mantuvo una relación prolongada hasta que el hombre falleció en el año 2012 por culpa de una enfermedad. Al año siguiente se mudaría a Almería con un nuevo novio, un compañero de trabajo del marido de su jefa en la carnicería.
Según publicó este periódico en su edición de ayer lunes, la relación con la familia de este hostelero terminó en los juzgados, ya que según relataron sus hijos «hizo movimientos extraños con la tarjeta y mientras estaba en el hospital ella le hace firmar un crédito para operarse el pecho en vez de estar cuidándole», relatan.
La tía de Ana Julia asegura que «hace ocho años que no se nada de ella, ni quiero saber ni del nombre de ella ni de nadie», zanjando rápido y con carácter la conversación.
Doble cara
Los hijos de este hostelero burgalés insistieron a este periódico la misma tarde que se conoció la noticia de la detención de Ana Julia Quezada que habían recelado de la doble cara de la detenida, a la que acusan de que «mientras mi padre vivía todo más o menos bien, cuando falleció vimos su verdadera cara», señalan. Al fallecer su padre faltaron joyas, vieron movimientos extraños con la cuenta y «aunque intentó casarse con él por el juzgado ya al final, no pudo hacerlo». Eso sí recibió parte del seguro de vida una vez que esta persona falleció. Era diciembre de 2012.
Los medios de comunicación estuvieron pendientes de los vecinos. Especialmente de quienes entraban y salían de los números 33 y 41. En ambos vivió la detenida. Algunos llaman la atención, una vez conocida su implicación en el caso de Almería, que «sabía ganarse a la gente, te camelaba». «Esta chica hacía cosas muy raras, con uno con otro...». «Cuando vivió aquí era una buena persona, el marido mejor». «Sí vivió aquí la veía paseando con su hija y con su perro muy agradable», recordaba otro vecino de su portal.
la Carnicera alegre
En la calle burgalesa donde Ana Julia vivió alrededor de 20 años la recuerdan por despachar en la carnicería. «Era una persona alegre, maja. Vamos que no la conocía más que de comprar en la carnicería», explica una joven del barrio.
La carnicería amaneció ayer con la persiana bajada. También el bar Santaolaya al que solía acudir cuando vivía en Burgos. Los establecimientos abiertos, una panadería que lleva despachando desde hace dos meses, y otra carnicería que recibía a los periodistas con cara de estupefacción, no tuvieron trato con Ana Julia, pero vivieron la noticia en primera persona como el resto de esta popular calle. «No te puedo decir nada, no la conozco llevo aquí dos años». Lo mismo dijeron en el bar que está situado junto a la primera casa en la que vivió Ana Julia, en el 41 de la calle de Casa La Vega.

 

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