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Una oportunidad a este lado del mar

Forman y respaldan a cuatro antiguos inquilinos de un centro de acogida para que levanten un negocio: un restaurante africano en Valladolid / Tres de los cuatro emprendedores en ciernes llegaron de África en patera o en pesquero / Club Emprende y Adsis están inmersos en este proyecto piloto de economía colaborativa y social

ALICIA CALVO / VALLADOLID
22/05/2017

 

Se plantó delante de la patera y se negó a subir. «Estaba muerto de miedo». Los mismos compatriotas que cruzaron 500 kilómetros con él en una furgoneta, amontonados «como burros», y vivieron mes y medio hacinados en un piso de Argelia, le pusieron «un cuchillo en el cuello» y le lanzaron dentro. 18 horas después, y tras presenciar «cosas en el mar» que no explicará «a nadie nunca», divisó «la montaña de España».

El joven Moussa –por entonces menor de edad– dejaba atrás un calvario por una oportunidad. Ese salvavidas surge ahora, un lustro después de aquello, de la mano de un proyecto piloto de economía colaborativa y social en Valladolid.

Él es uno de los seleccionados para emprender un negocio, junto a otras tres personas, con el respaldo de la Fundación Adsis y del Club Emprende de Castilla y León. Esta iniciativa se enmarca en el Plan Fénix, suscrito por ambas entidades y regido por el lema ‘Aprender aprendiendo’.

El proyecto empresarial está tutelado y amparado por varios mentores de esta asociación de empresarios –formada por 56 socios– y cuenta con la supervisión de la organización social, por cuyo centro de acogida han pasado los cuatro emprendedores en ciernes. Juntos abrirán el primer restaurante africano de la ciudad.

«Creemos que estos jóvenes son ejemplo de espíritu luchador y resiliente, con talento para la supervivencia en las peores situaciones y con grandes dificultades para comenzar un negocio por falta de recursos propios y familiares», indican los impulsores.

Como la de Moussa, las historias de sus nuevos compañeros de viaje están marcadas por la búsqueda de un escenario mejor, que relatan que empieza a despejarse.

Aunque el programa aún se encuentra en la fase de formación, ya existen bases claras. Una es la designación del cocinero principal. Se llama Bouba, tiene 22 años y nació en Guinea.

Cuentan que tiene maña en los fogones y se entrenó en un curso de ayudante de cocina. Aplicó esas lecciones durante sus prácticas en un restaurante vallisoletano.

Su destreza en la elaboración de los platos más significativos de la gastronomía de su país y la singularidad de la idea pesó para decantar al comité de expertos –los empresarios de Club Emprende y los representantes de Adsis– para decidir que la iniciativa respaldada consistiría en un negocio de hostelería con la peculiaridad de ser de comida rápida y típica de los lugares de procedencia de tres de los cuatro miembros del equipo: Gabriel, Bouba y Moussa (Costa de Marfil, Guinea y Mali). El otro componente se llama Tatsu (España).

Bouba tiene 25 años y se muestra impaciente por ver abierto su restaurante. «¿Mi propia empresa? ¡Es como un regalo! Parto de nada y tengo gente detrás que me apoya. Es como un sueño». Como ese que perseguía la mañana que cogió una mochila y sacó un billete de autobús hacia Senegal.

Cruzó a Mauritania y continuó en barco. Cuando el pesquero atracó en Canarias, él permanecía encogido y en silencio para no ser descubierto. Así aguantó Bouba la travesía por el Mediterráneo tratando sin éxito de parecer invisible porque el capitán sorprendió al polizón y llamó a la Policía. Bouba dio vueltas en varios centros hasta que recaló en Valladolid.

El joven emprendió ese camino cuando era menor y su escapada clandestina buscaba una estabilidad que no ha alcanzado «todavía», pero comienza a acariciar. «No he conseguido aún lo que quería, pero por fin veo expectativas; creo que en un futuro cercano puede llegar», comenta quien sólo tiene mensajes de afecto para las dos organizaciones.

Bouba recuerda que cuando le telefoneó la directora de la Fundación Adsis en Castilla y León, Aurora Corona, para comunicarle que habían pensado en él para esta aventura su reacción fue de incredulidad.

Agradece «empezar, optar a tener un trabajo estable y poder hacer planes para formar una familia», expresa. «Es una oportunidad increíble y no la puedo dejar pasar», subraya, y añade que la entrega distinguirá a esta cuadrilla: «Pondremos el alma todos. Nos dejaremos la vida», afirma quien alterna contratos temporales con periodos de desempleo.

Carlos Burgos, presidente del Club Emprende, precisa que la apertura está prevista para el próximo octubre. En la actualidad, se encuentran en fase de localización del local para albergar el restaurante y, simultáneamente, en el proceso de formación de estos emprendedores.

El programa piloto arrancó en Valladolid en octubre del año pasado. Tras desechar ideas que no les parecieron atractivas y confeccionar los planes de negocio pertinentes, concluyeron que la más viable sería en la que están inmersos. «Ahora los socios del Club Emprende encargados de la parte económica efectúan un riguroso plan de financiación», indica Burgos, que añade que han estimado en 60.000 euros la cuantía necesaria para arrancar y buscan hallar en grandes compañías de Castilla y León sus nuevos aliados.

Además del acompañamiento en cada paso, los mentores trasladan a estos cuatro nuevos emprendedores claves para una gestión empresarial «eficaz».

A todas las lecciones presta atención Gabriel, otro de los miembros del nuevo negocio, que también partió de Mauritania a Tenerife y, tras pasar por un centro de acogida, se afincó en Valladolid donde descubrió una realidad inesperada: «Creía que sería más fácil, que habría más posibilidades».

El cuarto miembro del equipo, el español Tatsu, también intermitente en la cola del paro, reconoce que las expectativas generadas con el restaurante son «muy altas». «Es una buena propuesta. Da opciones a quienes tienen ideas y ganas, pero no medios». Una oportunidad. Aquella a la que Bouba se aferró cuando bajó del pesquero.

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