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UN HOMBRE | UN CUADRO

Narciso Maisterra: «A veces hay que pintar el dolor que todos llevamos dentro»

JAVIER PÉREZ ANDRÉS / VALLADOLID
02/06/2018

 

Narciso Maisterra nació en la Calle Mayor de Palencia en 1933, frente al piso donde vivió el también pintor Díaz Caneja. A los nueve años ya dibujaba en pequeñas tablillas, que le regalaba el ebanista de la –entonces denominada- Calle Cantarranas de la capital. Sus recuerdos de niñez también viajan a la librería de su tío, Diocleciano de la Serna, un lugar maravilloso donde se desarrolló su pasión por la lectura y el dibujo. Estudió Bachillerato en Palencia y se convirtió en ingeniero agrónomo en Madrid. Luego se estableció en Nueva York, donde vivió durante 20 años, siendo pintor, profesor de Arte e ingeniero paisajista. Hace tres décadas regresó a España y ahora ha decidido instalarse en Fuentes de Valdepero, donde acaba de inaugurar su museo.

Pregunta.- Palentino, ¿de dónde?

Respuesta.- De la Calle Mayor de Palencia. Allí sigo teniendo un estudio donde trabajo en invierno.

P.- Ha vivido, creado y expuesto en Nueva York. ¿Fue fácil regresar a su tierra?

R.- Empecé a exponer en Nueva York casi desde que llegué a Estados Unidos, y luego mis obras han viajado a muchísimos lugares. He vivido la mayor parte de mi vida en Boston y en Providence, donde ejercí como profesor de Arte y como artista. No fue difícil volver a España, porque suelo regresar con frecuencia, dado que allí viven mis hijas. Hasta hace dos años tuve un estudio en Washington.

P.- Y la crítica americana le trató bien…

R.- Siempre muy bien, y también la española. He tenido mucha suerte.

P.- Los palentinos, ¿le consideran un artista propio?

R.- Quienes todavía no han llegado a asociarme como propio son las autoridades.

P.- ¿Qué pintores admira de Castilla y León?

R.- Muchos. Me gustan los que tienen una obra honesta, a la que se entregan con dedicación. Cuando hay otros fines –comerciales o para conseguir premios-, lo respeto, pero no me parecen admirables.

P.- ¿A qué se dedica ahora?

R.- A pintar. Y a arreglar las casas donde está mi museo, en Fuentes de Valdepero, muy cerca de Palencia.

P.- Ha recuperado tres casas antiguas en Fuentes de Valdepero. No me diga que se va a pasar de la pintura al adobe…

R.- Me gustan mucho las casas molineras: restaurarlas es un hobbie. Ya recuperé dos casas históricas, una en Filadelfia y otra en Providence, esta última, con 200 años de historia, que en Estados Unidos es mucho.

P.- Y en Fuentes de Valdepero está su museo, ¿cuándo podremos visitarlo?

R.- A partir del próximo fin de semana.

P.- ¿Cuánto cuesta la entrada?

R.- De momento es gratis.

P.- El museo, ¿será también un aula para formar nuevos artistas?

R.- Una de las cosas que más echo de menos en España es la enseñanza de Arte, porque en Estados Unidos fui profesor y director del Programa de Arte del Wheeler School durante 17 años. Mantengo el contacto con algunos estudiantes, ahora convertidos en grandes artistas. De ellos sigo aprendiendo. En Fuentes de Valdepero daré mis clases.

P.- Muchos artistas ven en Tierra de Campos la inspiración de sus lienzos. ¿Qué le sugiere a usted este paisaje?

R.- El paisaje de la llanura de Tierra de Campos me parece sublime y me inspira para ponerme en contacto con la eternidad. Pero pintar la eternidad me parece muy difícil, así que pinto otras cosas más concretas.

P.- ¿Qué es el arte contemporáneo para usted?

R.- Hay muchos y buenos artistas, contemporáneos o no. Por ejemplo, Francis Bacon no tiene nada de abstracto, es muy concreto. Lo que sale de sus cuadros a chorros es dolor. El dolor que todos los seres humanos llevamos dentro. Y, a veces, hay que pintarlo también.

P.- Hablando de Bacon, él dijo: “Sin un tema que nos consuma, automáticamente se entra en la decoración”.

R.- No puedo estar más de acuerdo.

P.- ¿Cómo se enfrenta a un desnudo? ¿Con modelo o con fotografía?

R.- La fotografía siempre hay que hacerla, aunque haya modelo. En primer lugar, hay que colocar la figura en posición, en un escenario elegido: bien encima de una superficie, como si fuera una mesa quirúrgica; bien colgada de unas cuerdas… Y entonces se capturan las primeras imágenes. Con la fotografía empieza la obra de arte.

P.- Siente predilección por los desnudos, jóvenes y ancianos. ¿Qué quiere mostrar de la vejez pintándola así?

R.- El desnudo, en general, me parece lo más interesante y lo más difícil de pintar. Nunca se acaba de aprender a pintarlo bien. La vejez me atrae porque presenta otro tipo de anatomía, es un paisaje distinto, una belleza diferente.

P.- Hablando de lo bello, dicen que su obra no es bonita. Que la palabra bonita no le hace justicia…

R.- Los estándares de belleza del momento no me interesan. Solo trato de que mi obra sea directa y que exprese lo que viaja por mi cabeza.

P.- Pinta sin ataduras y no rinde cuentas a nadie. ¡El estado ideal de cualquier artista!

R.- Sí, sería el estado ideal (ríe). Yo pinto y soy ingeniero paisajista; hago proyectos de recuperación de paisajes. Con eso me gano la vida.

P.- Por cierto, junto a su museo está el restaurante El Canario, famoso por sus caracoles. Como buen palentino le gustarán…

R.- Me gustan, pero me dan un poco de respeto cuando me acuerdo de ellos, antes de pasar por la cazuela (ríe).

 

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