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ESPLENDOR REAL EN VALLADOLID

Los inquilinos del Palacio Real

La antigua residencia de los monarcas de la capital, de 1535, guarda espisodios históricos imprescindibles

HENAR MARTÍN
06/03/2017

 

Pocos lugares pueden presumir de tener una historia tan rica como el Palacio Real de Valladolid, jalonada por los ilustres inquilinos que en él se hospedaron. Repasar los acontecimientos que tuvieron lugar tras los muros de este edificio renacentista es hacer un repaso a los últimos 500 años de la historia de España. Tres nacimientos reales de la talla de Felipe III, Felipe IV, y la reina de Francia Ana de Austria, además de la muerte de una Princesa de Asturias, la firma de un acuerdo de paz entre España e Inglaterra o ser el centro neurálgico de las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia, son sólo algunos ejemplos que dan fe de la importancia de los avatares que tuvieron lugar en esta soberana casa.

Situado frente a la Iglesia de San Pablo, en una de la zonas más nobles del Valladolid del siglo S. XVI, el edificio fue mandado construir por orden de Francisco de los Cobos (1477-1547), secretario de Estado de Carlos V. Casado con María de Mendoza Pimentel, hija de los Condes de Rivadavia, de los Cobos quería levantar un palacio majestuoso, el de mayores dimensiones de cuantos se erigían en la ciudad en aquella época y para ello encomendó la tarea al arquitecto real Luis de Vega, relacionado con la corte a través de sus vínculos con el cardenal Cisneros. Las obras se prolongaron durante diez años (1525-1535) y en su construcción siguieron los gustos de la Casa de Austria, con habitaciones diferenciadas para los miembros del matrimonio real.

El resultado fue un imponente edificio de tres alturas, tres patios, escalera y capilla. Las dependencias se disponen en torno a un majestuoso patio renacentista principal con forma rectangular al que se accede desde el zaguán de la entrada. En él destaca la riqueza de los arcos carpaneles decorados con ricos medallones que representan los territorios de la Corona y diferentes personajes. A la derecha del patio se encuentran las estancias del rey, y a la izquierda las de la reina.

RESIDENCIA DE CARLOS V

El primero en pernoctar en el Palacio fue Carlos V que, al no tener una residencia real, hasta ese momento se instalaba durante sus estancias en la ciudad en el Palacio de los Condes de Rivadavia (más conocido como el Palacio Pimentel, sede de la diputación vallisoletana).

Esa primera estancia, fechada en 1527, coincidió con el nacimiento de Felipe II. Se da la circunstancia de que su esposa, Isabel de Portugal, dio a luz al llamado a heredar los territorios del Imperio en el Palacio de los condes de Rivadavia, al encontrarse inacabadas las dependencias de la reina. Diez años después la emperatriz da a luz en 1537 ya en el Palacio Real al infante Juan, que sólo sobreviviría unos meses.

Durante siglos el edificio acogió multitud de episodios trascendentes para el devenir de la historia. El Palacio fue residencia oficial de los Reyes de España cuando Valladolid fue sede de la Corte (entre 1601 y 1606) y residencia temporal desde Carlos I de España y V de Alemania hasta llegar a Isabel II. Fue por tanto la residencia de cuatro Austrias.

Las posibilidades de ampliación del edificio se aprovecharon muy pronto. En 1533 el propio Emperador encargó a Luis de Vega la fabricación de un nuevo cuerpo de edificio pues, según sus palabras, por «tener estrechura de aposento, conviene para nuestra salud y recreación arreglarse». La mayoría de los historiadores coinciden en que dicha ampliación se corresponde con un nuevo patio habilitado al oeste del principal, conocido con el nombre de Galería de Saboya, alrededor del cual se dispusieron más cómodas y amplias estancias. Se conseguía así crear los tres espacios pretendidos por la etiqueta estrenada por Carlos V: el público, el del rey y el de la reina.

Tras las paredes del palacio se crió durante su infancia Felipe II y durante su reinado fueron sus hermanas María y Juana quienes ostentaron la regencia desde Valladolid. Allí también vivió durante su primer matrimonio con Manuela de Portugal quien años más tarde, concretamente durante la madrugada del 8 al 9 de julio de 1545, dio a luz a su primogénito Carlos de Austria. Sin embargo, cuatro días después del alumbramiento, la princesa de Asturias falleció como consecuencia de unas fiebres de parto. Un hecho que marcó de por vida a Felipe II, que se refugió en el trabajo y que años más tarde, en 1561, toma la decisión de alejarse de la ciudad para trasladar la Corte a Madrid de forma permanente con el fin de convertirla en la capital de España.

UNA RELIGIOSA EN PALACIO

El edificio, propiedad del nombrado comendador Francisco de los Cobos, casado con María de Mendoza, marquesa de Camarasa (hija de los condes de Rivadavia), sirvió como hospedaje a personalidades como Santa Teresa de Jesús que habitó en el Palacio junto a otras hermanas de la congregación en 1568 durante tres meses (desde el 30 de octubre hasta el 3 de febrero), momento en el que la religiosa llegó a la ciudad a fundar el convento de la reforma de la Orden del Carmen que se traslada temporalmente desde el Convento de Río Olmos (en el entorno del Cuatro de Marzo) al presentar problemas de humedades hasta el convento de las Carmelitas de Santa Teresa.

FELIPE III Y SU ESPLENDOR

En 1601 se produce un nuevo cambio de ubicación de la capital de España de Madrid a Valladolid. Auspiciado por Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, más conocido como el Duque de Lerma, –un tordesillano que se había convertido en el valido del rey y en principal hombre de confianza–, Felipe III decide comprar el Palacio Real, que había sido propiedad de los herederos de Francisco de los Cobos. Una operación en la que sale favorecido el Duque de Lerma, puesto que un año antes la había adquirido a los nietos por un precio más bajo al que se lo ofrece al monarca.

Dicen que la presencia de la Real Chancillería, de la Universidad, y de los Colegios de Santa Cruz y San Gregorio y de los influyentes conventos de San Benito, San Pablo o San Francisco, fueron los motivos que propiciaron el cambio. Sin embargo algunos historiadores señalan como una de las causas la idea de que el Duque de Lerma quisiera alejar al rey de la influencia de su tía paterna, María de Habsburgo (1528-1603), que residía en el convento de las Descalzas Reales de Madrid desde donde intentó evitar sin éxito que el duque sometiera la voluntad de su sobrino, Felipe III.

Una vez trasladados a la capital del Pisuerga las primeras refomas fueron encargadas Francisco de Mora, arquitecto real y principal discípulo de Juan de Herrera, quien a su vez delega los trabajos en los arquitectos reales Diego de Praves y Pedro de Mazuecos. La Corte llega a Valladolid en febrero de 1601. Durante la época de Felipe III el edificio vive uno de los momentos de mayor esplendor.

Los escudos de armas policromados son incorporados como decoración del inmueble para lo cual traen pintores reales venidos desde Madrid como Bartolomé y Vicente Garducho. También se incorporan obras de arte para engalanar el edificio como la fuente de los Delfines que se instaló en la Galería de Saboya.

TRATADO DE PAZ

La complejidad de la Corte exigió comprar nuevas casas fuera de palacio que se enlazaron con él mediante pasadizos aéreos. Se conseguía con ello recorrer el conjunto palacial sin ser visto. La adquisición más significativa fue la de las casas del conde de Miranda, en uno de lados de la plaza de San Pablo, donde se levantó el llamado ‘salón de saraos’ o de fiestas.

El primer acto que tuvo lugar en ese salón fue la firma para ratificar la Paz de Londres entre España e Inglaterra en 1604. Hasta la corte de Valladolid acudió una embajada inglesa capitaneada por Charles Howard, conde de Nottinghan y Alminrante de Inglaterra, para ratificar el acuerdo en junio de 1605. Los ingleses volvieron con la imagen de una corte joven, refinada y llena de entusiasmo cuyo impacto estaba destinado a sentirse en toda Europa.

Fue en esa época cuando se construyeron pasadizos subterráneos, como el que comunica con el Palacio de los Condes de Fuensaldaña, donde vivía el Duque de Lerma.
Llega a ser tal el bullicio y el crecimiento económico y administrativo de la ciudad por aquellos años (se llegaron a cuantificar 410 palacios en la ciudad en aquella época) que la Chancillería y la sede de la Audiencia tuvieron que trasladarse a la localidad de Medina del Campo. El cambio de la corte a Valladolid provocó un crecimiento demográfico espectacular de ciudadanos, pasando en apenas dos años de 30.000 vecinos a superar los 70.000 habitantes.

En el Palacio Real nacen dos hijos de Felipe III y Margarita de Austria: En 1601 nace Ana de Austria, futura reina de Francia y madre de Luis XIV; y el 8 de abril de 1605 (Viernes Santo) nace Felipe IV, cuyo reinado, de 44 años y 170 días, fue el más largo de la casa de Austria. Ese día se encendieron antorchas en las ventanas del Palacio real, ejemplo que siguieron espontáneamente los vecinos de Valladolid.

Fue una época de grandes fastos y fiestas populares, que se solían albergar en la plaza de San Pablo. En Valladolid, se sucedían las visitas de embajadores orientales, príncipes europeos, artistas como Rubens o autores literarios como Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora que escribieron sobre aquellas fiestas, que alcanzaron fama internacional.

Cuentan los documentos históricos que durante el reinado de Felipe III en Valladolid se construyó un zoo en la plaza de las Brígidas de donde en una ocasión se llegó a escapar un león, hecho por el cual detrás de Palacio se encuentra la calle del león, nombre que se mantiene en la actualidad.

También puede contemplarse en el interior del Palacio el oratorio de la reina Margarita de Austria, gran ferviente religiosa, siempre rodeada de clérigos y monjas, que dedicó una parte de su vida a la fundación de conventos femeninos.

En 1606, cuando la capitalidad vuelve a Madrid, el Palacio sufre un momento de decadencia y retroceso, momento en el que empieza a perder dependencias y muebles que atesoraba en su interior. De hecho, Felipe IV construye el Palacio del Buen Retiro de Madrid con todo lo que tenía en su interior el Palacio Real, dejándolo vacío.

BODA DE CARLOS III

Un lustro después de ser residencia oficial de los reyes españoles, el duque de Lerma se convirtió nuevamente en propietario del Palacio. El que fuera valido del rey Felipe III falleció en el edificio en 1625.

El edificio real ha sido además testigo de casamientos reales como la celebración del segundo matrimonio de Carlos II, hijo de Felipe IV con Mariana de Neoburgo. Las nupcias se llevaron a cabo en 1690 en la iglesia del desaparecido convento de San Diego, que se situaba justo detrás del Palacio, y que se convirtió en la iglesia de la realeza.

El pintor de cámara de la corte de Felipe IV, Diego de Velázquez, también llegó a pernoctar en las dependencias reales. El ilustre pintor, considerado una de las personalidades más importantes del siglo XVII de España fue nombrado caballero de la orden de Santiago por el rey Felipe VII. En 1752 Fernando VI concede algunas habitaciones a la Academia Geográfica Histórica de los Caballeros Voluntarios, que ocupó hasta su desaparición hacia 1800.

Con Carlos III se acometen nuevas obras en el edificio durante el siglo XVIII. Confía en Ventura Rodríguez la transformación de la escalera principal en 1762 (de la anterior, de tipo claustral se pasa a una nueva en aspa, imperial y de estilo neoclásico). Se encarga su ejecución al arquitecto vallisoletano Manuel Godoy quien además derribó los pasadizos y construyó una cornisa en la fachada principal.

Es en ese momento cuando se decoran los techos de la misma escalera, una labor que delegan en Samuel de Luna López, quien, asesorado por militares, hace una alegoría de España. Los frescos decimonónicos muestran las figuras que aluden a la ciencia y a la administración militar, representándose en las mismas la guerra, la paz o la nobleza.

SEDE OFICIOSA DE NAPOLEÓN

Durante la Guerra de la Independencia se convierte durante apenas dos semanas en centro de operaciones del imperio de Napoleón Bonaparte. El emperador francés, procedente de Astorga, hizo su entrada en la ciudad a caballo por el puente Mayor de la ciudad el 6 de enero de 1809 acompañado de entre 10.000 y 12.000 hombres sembrando el terror. Y no era para menos. Su primera medida fue ajusticiar en la horca a cinco alborotadores para asegurar la calma.

Napoleón se aposentó en el Palacio Real con 3.000 hombres, dejándolo arrasado todo a su marcha, once días después, el 17 de enero de 1809, cuando toma rumbo junto a sus hombres hacia la ciudad de Burgos. Durante aquellos días el emperador corso siguió con preocupación sus inminentes guerras centroeuropeas en los frentes del Danubio y de Alemania, antesala de su ocaso humillante y definitivo en el frente ruso (1812-1814).

Junto a Napoleón, en el Palacio Real pernoctaron su hermano el rey José I entre el 23 de marzo y el 2 de junio de 1813 durante su huida de España, y un año antes, en 1812, el duque de Wellington.
En el siglo XVII se levanta la fachada actual, con dos torreones a los extremos, con sus dos promesas alturas sobrias, herrerianas y la tercera de estilo palladiano, todo bajo una remodelación neorrenacentista del siglo XX.

El General Espartero fue otro de los nombres que pernoctaron en el edificio. El militar, al que se le concedieron los títulos de Duque de la Victoria y Príncipe de Vergara tras ganar las guerras carlistas por la reina Isabel II, llegó a gobernar en una breve regencia que apenas duró dos años tras el triunfo de la ‘revolución de 1840’.

DE PALACIO A USO MILITAR

En 1854 se instalaron las oficinas de Hacienda y en 1872 las de la Audiencia Territorial de Valladolid hasta 1876 en que se cede al Ramo de la Guerra y se convierte en sede de Capitanía General de Castilla la Vieja. En la actualidad el edificio acoge la Cuarta Subinspección General del Ejército (Noroeste).

La última estancia de la Familia Real fue en mayo de 1921, con motivo de la visita a la ciudad de Valladolid de Alfonso XIII, acompañado de su esposa, doña Victoria Eugenia, la reina madre doña María Cristina, y el resto de la Familia Real.

Los reyes eméritos de España, don Juan Carlos y Doña Sofía, acompañados del Príncipe de Asturias y de las Infantas, visitaron en mayo de 1984 el Palacio para presidir los actos del Día de las Fuerzas Armadas que tuvieron lugar ese año en Valladolid. La última vez que ha contado con la presencia de la Familia Real fue en 2012, cuando de nuevo, la ciudad vallisoletana se convirtió en la sede de los actos centrales del Día de las Fuerzas Armadas, al que acudieron los Reyes de España acompañados de los entonces Príncipes de Asturias.

Tras los muros del edificio se esconden algunos de los episodios más destacados de la historia de España, desde el siglo XVI hasta nuestros días. 500 años de luces y sombras en torno a un edificio histórico, desconocido para muchos vallisoletanos.

De lo que en su día constituyó la sede de cuatro reyes de los Austrias se han perdido muchas dependencias como son las casas nobles colindantes, jardines, plazas de toros, juego de pelota y los oficios de Palacio, y sobre todo, la capilla real, la iglesia, el convento de San Diego, conservándose actualmente las pinturas y esculturas en el Museo de Escultura y en el Museo de la Pasión de Valladolid.

Para los que quieran descubrirlo pueden hacerlo a través de las visitas guiadas gratuitas que el Ministerio de Defensa organiza todos los miércoles a las 12:00 de la mañana (San Pablo,1) con previa reserva de plaza en el teléfono 983 327 302 o en el mail ocpsuigenor@et.mde.es.

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