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Las huellas del franquismo

La mitad de los enclaves de la provincia conserva vestigios de la guerra civil o de la dictadura, según un estudio de la ARMH realizado por encargo de la Diputación / Perviven 173 calles, 48 placas a los caídos en iglesias, ocho monumentos y numerosas inscripciones, escudos o símbolos

LAURA G. ESTRADA VALLADOLID
10/12/2019

 

Encontrarse con Franco por la calle aún es posible al recorrer una decena de pueblos de la provincia, porque diez enclaves mantienen el nombre del dictador –o de alguna de sus vertientes, como Generalísimo o General Franco– para denominar viales públicos. Villanueva de San Mancio, Brahojos de Medina, Fuente el Sol, Peñaflor de Hornija, San Cebrián de Mazote, San Llorente, San Pablo de la Moraleja, Valdenebro de los Valles, Villabaruz y Villacid conservan estas placas en su callejero, aunque no son los únicos donde las huellas del franquismo siguen presentes.

Según se desprende del estudio realizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid (ARMH), a partir de un encargo de la Diputación para catalogar los vestigios relativos a la guerra civil y la dictadura, la mitad de los enclaves del territorio vallisoletano mantiene evocaciones vinculadas a estos periodos, y no sólo calles o plazas. También inscripciones, blasones o monumentos relacionados con fechas, símbolos y personas vinculadas al régimen.

El trabajo capitaneado por José Miguel Fuertes Zapatero –miembro de la junta directiva de la asociación–, ha sido arduo y laborioso y, después de un año de investigaciones, «con visitas durante los fines de semana desde el verano de 2018» a todos los rincones del mapa, «cámara en mano», según él mismo explica, dejan patente que el rastro no se ha borrado por completo en estas cuatro décadas de democracia.

La mayoría de los restos no pasan desapercibidos. Se trata de inscripciones de calles, de placas de grandes dimensiones en el entorno de las iglesias, de monolitos en recuerdo a un personaje, de escudos preconstitucionales tallados en piedra o de simbología reconocible. En otras, sin embargo, hay que recurrir a los archivos para identificar calles en distinción a los caídos en un pueblo o aguzar la vista para identificar un relieve, como ocurre en la fachada del Ayuntamiento de Cogeces del Monte, donde se aprecian el yugo y las flechas. «Casi no se ve, pero ahí está», apunta el autor del informe.

El pormenorizado documento es resultado de un convenio firmado entre la Diputación y la ARMH el 10 de julio de 2018 después de que un año antes la institución provincial aprobase en pleno la elaboración de un catálogo a petición de la formación Toma la Palabra, atendiendo al cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica. Ahora, con el análisis ya finalizado, será la Diputación quien deba encargarse de comunicar «a los municipios afectados el obligado cumplimiento de la Ley» –rezaba el acuerdo, que salió adelante el pasado mandato con los únicos votos en contra del Partido Popular– y de «colaborar en la retirada de los vestigios recogidos en dicho catálogo».

Para ello, la Diputación tiene previsto colgar en su página web el extenso documento de 172 folios realizado por la ARMH, a fin de que cada Ayuntamiento pueda comprobar cuáles son esas calles, símbolos, placas o monumentos que debieran quitar, según explicaron fuentes de la propia administración provincial. La mitad, a priori, están exentos, pero el resto de municipios, barrios, pedanías o núcleos diseminados de la provincia, tienen trabajo pendiente, doce años después de haberse aprobado la ley que obligaba a su retirada.

Íscar es, según recoge el catálogo de Fuertes Zapatero, quien más vestigios atesora. El más significativo es un monolito a los caídos, pero también conserva inscripciones en grupos de viviendas con el nombre de José Antonio Primo de Rivera y José Antonio Girón, y con simbología de Falange y de la antigua Delegación Nacional de Sindicatos. Además, su callejero suma 14 vías públicas con nombres que, aunque puedan ser menos reconocibles que el del propio dictador, también estarían relacionados con el franquismo, por tratarse de personas incluidas en las listas de caídos.
Para poder vincular esos nombres menos populares y, por tanto, más difíciles de identificar, el autor del informe recurrió a los libros del Santuario de la Gran Promesa, donde pudo acceder a un completo listado de caídos, y revisó las propias placas que todavía se conservan en las iglesias de 48 localidades, con los nombres tallados bajo la cruz.

Así, Fuertes Zapatero ha constatado que en el conjunto de la provincia hay 173 nombres de calles relacionadas con la guerra civil o con la dictadura, y otras 151 (en 61 enclaves) susceptibles de incluirse si se demuestra que esos nombres sobre los que no ha encontrado datos –y que aparecen en su informe con una aclaración que especifica ‘sin referencia’–, también están ligados a dichos periodos, porque en los archivos no se conservan registros de todos los pueblos.

«No teníamos claro si meterlos o no, pero así es más fácil limpiar los nombres que no tengan que estar, porque si no los poníamos, siempre nos quedaría la duda», argumentó el autor tras explicar que internet y los propios vecinos de los pueblos fueron sus aliados a la hora de tomar nota, aunque es consciente de que alguno se ha colado y no tendría que estar.

Queda pendiente, por tanto, que los ayuntamientos hagan una exhaustiva revisión o que la propia Diputación, como contratante de un estudio que la ARMH le envió hace dos meses, según aclaró el presidente de la asociación en Valladolid, Julio del Olmo, repase los nombres para tachar aquellos que no guardan relación con el episodio bélico o con el franquismo, como el de la escultora vallisoletana Concha Gay, incluido en Serrada como vestigio ‘sin referencia’.

Teniendo en cuenta únicamente los que sí están documentados, por detrás de Íscar, en cuanto a número de viales identificados en el estudio de la ARMH, se sitúan Portillo –con una decena– y Torrecilla de la Orden, con nueve calles y travesías entre los que destacan las de Onésimo Redondo, Calvo Sotelo, Queipo de Llano, General Mola, José Antonio o 18 de julio.
Renedo, Brahojos de Medina, Mojados, Santovenia, San Pablo de la Moraleja y Villacid les siguen en el ranking con seis, o Langayo y Fuente el Sol, con cinco referencias de viales públicos en cada caso. Por detrás, Campaspero, Villanueva de San Mancio y Villabaruz, con cuatro; y Fresno, Villabrágima, Castrillo de Duero y San Llorente, con tres.

En otros 43 enclaves ‘sólo’ quedan una o dos calles, sin olvidar casos curiosos como el de Casasola de Arión, donde cambiaron el nombre de 19 pero todavía mantienen la antigua nomenclatura y se puede comprobar que la actual carretera de Villalbarba era antes la del General Franco, que Constitución era General Sanjurjo o que Clavel era General Mola.
Algo que también sucede en Valoria la Buena, donde se recuerda entre paréntesis que la calle Castilla y León fue en su día la de Generalísimo Franco –de hecho hay todavía una placa sin retirar–, que la plaza Humilladero fue Queipo de Llano o que Siso fue General Mola. O en Tordesillas, donde no se han quitado las placas con los antiguos nombres y con los símbolos de Falange y sindicatos.

Pero no sólo en el callejero siguen presentes las huellas del pasado. Medio centenar de iglesias lucen todavía las inscripciones con el nombre de los ‘caídos por España’ en el pueblo. Algunas, como las de Barcial, Benafarces o Herrín, están «muy deterioradas» y no se distinguen bien las letras. En otras, además del listado, perduran inscripciones a Primo de Rivera, como ocurre en Velilla, Velliza o Castrejón de Trabancos. Y en Piña debió de trasladarse la placa desde el templo y se observa en la fachada del Ayuntamiento.

Precisamente en las casas consistoriales es donde también abundan reminiscencias que podrían estar vulnerando la Ley de la Memoria Histórica. Además del citado caso del municipio enclavado en el Valle Esgueva, o del relieve en Cogeces del Monte, en su ‘periplo’ por la provincia José Miguel Fuertes Zapatero ha encontrado una placa en honor a Franco en la fachada del Ayuntamiento de Medina de Rioseco, otra en Mojados con el nombre del que fuera alcalde en 1957, otra más en San Miguel del Arroyo también con el nombre de un «regidor franquista» o un escudo preconstitucional en Santervás de Campos, tal y como recoge en el informe.

Otro de los lugares donde más se repite la presencia de vestigios es en las fuentes públicas –o en los depósitos de agua–, hasta contabilizar un total de 14 municipios o pedanías donde se perpetúan estos emblemas. En este caso, lo más habitual es que permanezcan impasibles al paso del tiempo inscripciones con los nombres del gobernador civil, del presidente de la Diputación y del alcalde en aquel momento, datados sobre todo en la década de los años 60. En este grupo se incluyen Adalia, Villalba de los Alcores, Alaejos, Castromembibre, Gallegos, Mota, Olivares, Palazuelo, Pobladura de Sotiedra (Tiedra), Pozal, San Cebrián, Torre de Peñafiel, Valverde y Zorita (Santervás).

Aunque menos numerosos, resulta reseñable también la presencia de monumentos en siete localidades de Valladolid y, entre ellos, destaca Pedrajas de San Esteban, pues conserva uno con placa a los caídos en un grupo de viviendas y otro de un busto del general Ricardo Oñate, «militar y presidente de uno de los consejos de guerra sumarísimos de los últimos fusilamientos del franquismo en septiembre de 1975», enmarca el responsable del documento.

En Aguilarejo (Corcos del Valle) se preserva un monumento al General Mola con una inscripción en la base donde se puede leer: «En estas fincas tuvo su aeródromo el General Mola al venir desde el frente de operaciones para aterrizar [...]» y en Santervás, además del escudo con el águila en la fachada del Ayuntamiento, cuentan con un monumento que conmemora la victoria franquista a la entrada del pueblo (lleno de pintadas, según se aprecia en las fotografías). Y frente a las iglesia de Villagarcía y de Tamariz se erigen monolitos con placas a los caídos y simbología fascista.

Más controversia pueden suscitar los resquicios situados en edificios de propiedad privada, aunque sin olvidar que están a la vista. Es el caso de una «placa de homenaje al falangista Ismael Ruiz Revuelta» en la fachada de una casa de Berrueces; la inscripción de ‘jefatura local del movimiento’ en el lateral de un edificio –cuya propiedad no especifica el informe de la ARMH– en Geria; otra en Roales de Campos en homenaje al General Fermoso («designado por Franco vocal del Tribunal de Justicia Militar») en la fachada de la casa donde nació; otra en San Román de Hornija en la vivienda natal de Eusebio Celemín (uno de los caídos, según la lista); o una placa en una casa de Sardón «de homenaje a falangistas y un militar sublevado».

En Olmedo y Viana de Cega, además, llama la atención que los nombres de los colegios públicos hacen alusión a personas relacionadas con el régimen franquista. En el primer caso, Tomás Romojaro fue «un falangista que durante la dictadura ejerció de gobernador civil en varias provincias, entre ellas Valladolid, fue vicesecretario general de Falange y procurador a Cortes entre 1943 y 1977», refleja el estudio de Fuertes Zapatero. En el segundo, el CEIP Rosario Pereda debe su nombre de la que fuera responsable de la Sección Femenina en Valladolid.

Centenares de evocaciones que, según la ley, ya se tenían que haber retirado, con la paradoja de que otros episodios sí se han borrado, reflexiona el autor del informe al recordar que en la placa de entrada al Monasterio de La Santa Espina «se menciona a Cavestany (procurador a Cortes y Ministro de Agricultura entre 1951 y 1957), sin hacer ninguna referencia a la existencia del campo de concentración».

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