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Virginia Hernández, Portavoz de Toma la Palabra en la Diputación

«Hay alcaldes del PP que me cuentan sus problemas para que me dé de leches por ellos»

La alcaldesa de San Pelayo se estrena en una institución a la que tacha de «arcaica» y defiende la autonomía de los pueblos en la gestión de recursos

LAURA G. ESTRADA / VALLADOLID
07/07/2019

 

Pregunta.– Aterriza en la Diputación reivindicando la ruralización de la ciudad frente a la urbanización del campo, ¿cómo se consigue?
Respuesta.– Tratando de vivir de una manera más sostenible, dejando de asociar el desarrollo al modelo de las ciudades. Se está poniendo de moda una manera de alimentación, por ejemplo a través de huertos urbanos, que no es otra que cultivar como hacían nuestros abuelos, mientras en el campo parece que cuantos más pesticidas, herbicidas y abono, mejor.

P.– La etiqueta de ‘alcaldesa más joven de la provincia’, ¿es un lastre o un aliciente?
R.– Hoy me siento respetada pero cuando empecé hace cuatro años me obligó a pegarme con mucha gente, algo que no le sucedió a otros compañeros varones. Me ha costado mucho quitarme el apelativo de niña; ahora me llaman chavala.

P.– ¿La juventud es una virtud?
R.– Hubo alcaldes que lo vieron como un potencial y me pedían cosas porque decían que tenía más ganas. Luego tuve que imponerme. Fue complicado porque no quería parecer desconsiderada, pero lo que hacían era aprovecharse.

P.– Al poco tiempo de llegar a la Alcaldía de San Pelayo colgó un vídeo donde criticaba que en Hacienda la habían minusvalorado, al preguntarle dónde estaba el alcalde. ¿Por qué lo borró?
R.– Se me fue de las manos y no supe gestionar la repercusión. Lo publiqué en Facebook, donde tenía 400 amigos, empezaron a compartirlo y la situación me superó. Ahora no lo habría borrado.

P.– También ha recurrido a las redes para denunciar la ardua documentación para solicitar una ayuda, en su caso de una papelera. ¿Logró sacar los colores a la Diputación y que se haya planteado un cambio?
R.– Creo que no se quiso entender el problema. Lo de la papelera era lo de menos, yo quería denunciar la burocracia. He visto que hay pueblos pequeños que renunciaron a la misma subvención porque por 30 euros vas a la tienda, compras lo que necesites y te ahorras el papeleo.

P.– Entonces son los de mayor tamaño los que salen beneficiados.
R.– En este sistema el perjudicado es el que se conforma con una papelera o tres barajas. Se beneficia el que pide más por si acaso.

P.– ¿El que recurre a la picaresca?
R.– Las ayudas están llenas de picaresca. Cuando salen subvenciones para técnicos de turismo todos lo piden aunque no lo necesitan. Conozco historiadores del arte que se ponen muy contentos porque sale la plaza en su pueblo y terminan barriendo calles u ordenando expedientes. A los alcaldes nos obligan a aprovechar lo que nos dan porque nos dicen en qué tenemos que gastar el dinero, cuando lo lógico sería una subvención genérica para personal y que cada pueblo decida en función de sus necesidades.

P.– ¿No hay voces críticas para corregir este tipo de situaciones?
R.– Sí, pero mucha gente tiene miedo a tener un enfrentamiento con su partido. Hay alcaldes del PP que vienen a contarme sus problemas para que yo me dé de leches por ellos. ‘Mira a ver si tú que estás en la oposición das caña en esto’, me dicen.

P.– ¿Qué les respondes?
R.– Que vayan a quejarse a su partido. Me recuerda a cuando fui delegada en 4º de la ESO y venían los empollones a decirme que me quejara al profesor porque ellos no podían jugarse el 10.

P.– ¿Están los pequeños pueblos en peligro de extinción?
R.– No se puede analizar la despoblación de manera global; depende de la situación geográfica y demográfica de cada uno. Hay algunos que no se podrán salvar y la zona que más riesgo corre es Tierra de Campos porque está más alejada de los centros de servicios y de Rioseco hacia el norte las cabeceras son pequeñas.

P.– ¿Es más fácil dejarlos morir que invertir en que subsistan?
R.– Si nos limitamos a hablar de economía de mercado pura y dura, claro que sale más barato, pero esas personas están prestando un servicio y se habla poco de la custodia del territorio. Son los que mantienen los recursos y las materias primas con las que luego la gente vive amontonada en grandes núcleos.

P.– ¿La apuesta por recurrir al turismo da resultados?
R.– Creo que nos equivocamos porque se apostó por experiencias aisladas que no tienen fuerza por sí mismas y, además, el turismo de paso no fija población. Habría que apostar por paquetes comarcales.

P.– ¿Qué propone para desbloquear Meseta Sport tras más de doce millones de inversión?
R.– Ese dinero está perdido. No tengo claro que haya que seguir invirtiendo para compensar lo que ya está hecho porque, ¿y lo que se va a perder después? Los centros de turismo provincial son deficitarios y sólo el Museo del Vino se mantiene.

P.– ¿Alguna alternativa para ellos?
R.– Es una cuestión que abordaremos en estos cuatro años. Ideológicamente es algo que desde un grupo como el mío jamás se habría puesto en marcha porque no tiene impacto económico en los municipios donde se desarrollaron.

P.– ¿Qué opinión le merece el Castillo de Fuensaldaña como museo?
R.– Gastarse dos millones en un castillo que estaba bien no tiene ni pies ni cabeza. En la época de Google no entiendo qué reclamo puede haber en ir a ver maquetas.

P.– En este recién estrenado mandato Toma la Palabra vuelve a tener un sólo representante, frente a los dos del anterior, tras perder en las elecciones 7.000 apoyos en la provincia. ¿Qué han hecho mal?
R.– Cada asamblea local está haciendo su valoración para ver qué ha pasado en cada caso y después celebraremos una asamblea. No valoré ningún escenario en el que fuéramos a perder el segundo diputado, pero en la capital y en municipios como Tudela, donde gobernábamos con el PSOE, hemos perdido muchos votos. Es algo que siempre pasa, el partido grande suele llevarse rédito de su compañero de gobierno.

P.– ¿Se equivocó entonces TLP en la anterior legislatura con los gobiernos de coalición?
R.– No. Sabíamos que nos iba a pasar factura pero teníamos una responsabilidad. Y al comparar los resultados de las confluencias a nivel estatal con las de Valladolid, aquí son más que dignos y hemos conseguido aguantar el golpe de la caída.

P.– ¿Considera que será una voz minoritaria?
R.– Soy una voz minoritaria en el pleno pero represento a mucha más gente. Alcaldes y concejales de otros pueblos me han dado la enhorabuena y me han dicho que ojalá hubiera más personas como yo. Habrá temas donde personas del PP o de Cs no se vea representadas en la postura que defienda, pero en otros debates voy a dar voz a mucha más gente de la que ha votado a la formación.

P.– Las matemáticas la ponen en una situación difícil porque para sacar adelante sus propuestas necesita el apoyo del PP o bien del resto de partidos, es decir, PSOE, Ciudadanos y Vox. ¿Lo ve factible?
R.– Lo veo complicado. Asumo de que mi papel va a ser el de Pepito Grillo. Me temo que a nivel político va a ser muy difícil que yo consiga poner de acuerdo a todos.

P.– Usted que se definió en la toma de posesión como una persona optimista, parece que ha tirado la toalla antes de empezar.
R.– Soy muy optimista pero tengo los pies en el suelo. En los últimos cuatro años he visto al PP votar en contra de temas sin repercusión ideológica. Ahora que hay una representación más amplia de la derecha que de la izquierda es muy probable que se repita el mismo patrón. No creo que haya razón para que hayan cambiado su modus operandi.

P.– ¿Cuáles serán sus principales campos de batalla?
R.– Despoblación y servicios para los pueblos. Estamos aquí para eso.

P.– Parece que está reprochando que se debaten temas que no son importantes en la provincia, ¿tiene la sensación de que en los plenos se ‘cuelan’ temas vanos?
R.– La sensación no, la certeza. Se traen propuestas que son ideario de partido y se quedan en meras declaraciones e instancias.

P.– ¿Dónde quedan esas instancias?
R.– En el vacío de las instancias. En el cielo de las instancias. Porque luego cuando preguntas qué ha pasado con un tema, ahí se ha quedado, en el limbo de la Junta.

P.– También hay propuestas concretas de TLP que, aunque aprobadas, no se han ejecutado. ¿Qué respuesta les han dado?
R.– Tenemos un montón y no sabemos nada. Uno de mis objetivos es hacer un dossier de los temas pendientes e ir pidiendo, semana a semana, comisión a comisión y pleno a pleno, el proceso en el que se encuentran.

P.– ¿Qué partidas borraría de los Presupuestos?
R.– Van a tener que hacer un trabajo importante para convencerme de que las ayudas que se da a los empresarios sirven para algo. Y no me vale la respuesta que le daban a Salvador Arpa [el anterior portavoz] de ‘los comunistas contra la empresa privada’. Yo creo que está bien fomentar la empresa privada pero hay que justificar que dar dinero a discreción sirve para algo. Convencerme de que el Plan Impulso no es un derroche.

P.– ¿Seguirá en la línea de suprimir el convenio de iglesias y ermitas?
R.– Hay que aspirar a que el cien por cien del dinero lo asuma el Arzobispado pero mientras esté el PP sé que no lo vamos a conseguir, así que mi idea es defender una cesión del espacio.

P.– ¿Desacralizar los templos?
R.– Que los sacralicen los domingos pero el resto de los días puedan utilizarse para actividades municipales. Adaptarse al siglo XXI. El día 14 viene a San Pelayo Luis Argüello [el obispo auxiliar de Valladolid] y se lo pienso plantear, puesto que es el Ayuntamiento quien se hace cargo del mantenimiento de la iglesia.

P.– ¿Y qué partidas incluiría de manera urgente?
R.– Las de vivienda, porque las ayudas para cambiar la bañera por plato de ducha o para realizar el proyecto de una construcción nueva no son suficientes. Por ejemplo incentivos a los funcionarios para que vivan donde trabajan. O dejar de financiar a las concesionarias y fomentar los taxis rurales para que sea alguien del pueblo quien se encargue del servicio de transporte, lo que les obligaría a establecerse allí, como ocurre con los vendedores ambulantes. Lo de ahora son tiritas.

P.– A través de Somacyl se construyeron viviendas en algunos pueblos y la mitad están vacías.
R.– Se hicieron casas que no responden a la demanda. La gente que quiere un chalé se va a una urbanización y la que quiere un piso, a la capital. Los que apuestan por un pueblo buscan un terreno grande con espacio para un huerto o un gallinero de autoabastecimiento.

P.– También los polígonos están casi vacíos. ¿Cómo se pueden reactivar?
R.– No se puede pretender resucitar algo que nació muerto. Lo que no se puede hacer es construir un polígono pensando que vayan a nacer empresas. Se ha empezado la casa por el tejado. ¿Ahora hay que buscar utilidad al disparate? De momento nuestras prioridades son las personas y los servicios.

P.– ¿Cree que con las políticas actuales se está tirando el dinero?
R.– Un poco sí. Se da dinero a la desesperada. Merecería más la pena una gran inversión en algo puntero que en dar ‘muchos pocos’.

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