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El fruto de los mejores maestros del vino

La bodega Dehesa de los Canónigos conmemora los 20 años de legado familiar de Belén Sanz /Una cata «histórica» recuerda tres décadas de producción de la mano de bodegueros y enólogos que fueron determinantes en sus comienzos

SANTIAGO G. DEL CAMPO PESQUERA
11/04/2019

 

‘Belén Sanz, 20 años de legado familiar’. Con este lema, la bodega Dehesa de los Canónigos celebró ayer, con la participación de grandes maestros del mundo del vino, las dos décadas de su trayectoria como enóloga. El evento, en un ambiente familiar, tuvo como escenario las instalaciones de la bodega, en la milla de oro de la Ribera del Duero. Como marco, una cata que la enóloga calificó de «histórica», en la que se degustaron algunas de las más importantes añadas de la marca a lo largo de treinta años de existencia.

Intervinieron en primera persona siete ‘magníficos’ de la vitivinicultura que fueron determinantes en los comienzos de BelénSanz: Mariano García, Antonio Sanz, Luis Sanz, Iván Sanz, José Manuel Pérez Pascuas, Tomás Postigo y Richard Sanz. Las referencias puestas en valor fueron Solideo 1989 –primera añada de la bodega–, 1998, 2001, 2010, 2012, Dehesa de los Canónigos 2015 y Albillo 2016.
Los expertos recordaron, junto a Belén, los pormenores de cada una de las cosechas; la personalidad de cada vino elaborado; las anécdotas que han ido nutriendo la experiencia de la familia Sanz, hasta hacerla grande entre las grandes Denominaciones de Origen de España.

Belén recordó cómo desde niña quería hacerse enóloga «para pisar la uva», y relató la evolución de su trayectoria profesional hasta que se hizo responsable de una de las bodegas más emblemáticas de la Ribera del Duero. Años después, comenzó a tener consciencia de que la uva y el vino son para ella «más importantes de lo que pensaba». Eso fue en 1989, cuando la bodega se estrenó en la elaboración de vino, con su primera referencia.

Mariano García fue el encargado de glosar ayer esa primera añada. Una cosecha que calificó de «objeto de deseo» para todo amante del vino, uva responsable de un vino «con nervio, opulencia media y con potencial de guarda». También opinaron sobre Solideo 1989, primer vino de Dehesa de los Canónigos, Luis Sanz, para quien fue «el premio tras el sacrificio» que fue para él abandonar la medicina; Antonio Sanz, que lo calificó como una «resurrección»; Tomás Postigo, que habló de «una de las cosechas más equilibradas y completas de la historia de la Ribera del Duero» y Richard Sanz, para quien esta añada es «sublime, todo un referente».

José Manuel Pérez, por su parte, recordó que en aquel 1989 «la ilusión se hizo realidad», y la añada constituyó«el mejor comienzo posible» por la «pureza, autenticidad y singularidad de una cosecha mágica e irrepetible, de equilibrio perfecto».Llegó a valorarlo, incluso, como un «vino para la eternidad».
De ese 1989 se han cumplido ya 30 años. Una década después, Pilar Sanz pasó de los estudios a la realidad, de los papeles al campo y la bodega, de las palabras a los hechos. Formada como enóloga en la Escuela de la Vid de Requena (Valencia), y después en la Universidad de Burdeos, ponía al servicio de la bodega familiar todos sus conocimientos en 1998, cuando relevó a Antonio Sanz como enóloga. Ahora dirige Dehesa de los Canónigos junto a su hermano, Iván Sanz.

Precisamente fue Solideo 1998 el segundo vino de la cata. «Este vino representa la ilusión y el esfuerzo de mis comienzos», aseguró Belén Sanz. «Al desgustarlo tras veinte años, he sentido personificada en su expresión mi pasión por el vino, transmitiendo con sus aromas, sensaciones y longevidad, lo que no puedo transmitir con palabras».

El año 2001 fue para Belén Sanz el de la incorporación de su hermano al proyecto familiar. Un hecho que para ella significó un apoyo, «para que unidos consiguiéramos ese difícil propósito», dijo. Su hermano Iván fue el encargado de comentar la añada en el acto celebrado ayer, y recordó cómo en su primer viaje de comercialización a México, se atrevió a comparar el Solideo 2001 con un Château Margaux.
Había sido un atrevimiento, pero cuando el cliente quiso negociar en serio, compararon los dos vinos. «Cuando hablamos de precio, efectivamente nuestra añada 2001 era mejor que un Château Margaux», afirmó con humor. Anécdotas como aquella se sucedieron en el encuentro de ayer entre los muros de Dehesa de los Canónigos, convertido en una reunión ‘familiar’ de expertos y enólogos, todos viejos conocidos de la familia Sanz.

José Manuel Pérez Pascuas comentó la añada 2010: «La salida de Dehesa de los Canónigos al mercado fue meteórica», recordó en bodeguero. «Se trata de un vino diferenciado, singular... 2010 es para mí una de las grandísimas cosechas, un vino de trazo fino, con armonía en boca», añadió.
Después de eso, Pérez Pascuas anunció que la bodega pondrá el nombre de Luis Sanz al Solideo Gran Reserva 2010, como homenaje de toda la familia. Agradecido, Luis Sanz rememoró algunos de sus desvelos:«Una empresa familiar es de lo más difícil de poder llevar», aseguró. Momentos antes, eso sí, había recordado a sus hijos, con humor, que él es «el jefe». Pero «no por ser el jefe, sino por la experiencia», matizó.

Tomás Postigo comentó la añada 2012, con el recuerdo de sus primeros años como enólogo, cuando se hospedaba en el Hotel Don Juan Manuel:«Me preguntaba quiénes eran aquellos que todos los días se bebían un Vega Sicilia quinto año», rememoró. Luego supo que se trataba de Luis Sanz y sus acompañantes. Anécdotas aparte, calificó 2012 como «una gran añada».
Belén Sanz explicó después los pormenores de la cosecha 2015, primera en la que incorporó la variedad merlot. «A mí me olía a fresa y rosas», recordó. Por eso elaboró la primera añada «sin hacer cuentas».

 

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