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10 AÑOS DE LA LLEGADA DEL AVE

El filón del AVE que sigue sin explotar

Tras una década conectados con Madrid por alta velocidad el flujo de viajeros se ha multiplicado, pero ni el tren ha traído más población a Valladolid ni ha habido desembarco de empresas y negocios como se pronosticó

F. MARTÍN / VALLADOLID
22/12/2017

 

Entre las muchas escenas gloriosas de la película de Luis García Berlanga ‘Bienvenido míster Marshall’, la cara de pasmo de los vecinos de Villar del Río, el municipio ficticio en el que transcurre la acción, al ver pasar de largo la caravana de americanos pertenece a la antología del cine. Esperan que la llegada del amigo americano deje un reguero de dólares en el pueblo, pero las expectativas se ven frustradas. Los americanos pasan de largo y sólo dejan tras de si el polvo que levantan sus vehículos.

Sin pretender establecer un paralelismo, la llegada del tren de alta velocidad a Valladolid, de ‘míster’ AVE, hace hoy, 22 de diciembre, 10 años tiene algo del trasfondo de la película del genial Berlanga. El ambiente que se vivía en la ciudad en los meses y días previos a la entrada del AVE a la estación del Campo Grande era el reservado para las grandes ocasiones y así está recogido en las hemerotecas, ese registro ‘fósil’ de palabras en el que quedan impresas previsiones y afirmaciones que en muchos casos el tiempo y la realidad se encargan luego de desmentir.

«Un hito, será un antes y un después en la historia de Valladolid», podía leerse en una de las declaraciones recogidas en la prensa de la época de boca de un representante de la Cámara de Comercio. Y añadía: «Es una oportunidad para asentar industrias, revitalizar el comercio y generar nuevos servicios».

Será «un momento histórico», señalaban desde la Confederación Vallisoletana de Empresarios, mientras otros visionarios pronosticaban que el tren de alta velocidad ayudaría a Valladolid «a ganar el futuro y crecer en el siglo XXI». Hubo quien vaticinó que, con Madrid a 50 minutos, algunos optarían por huir del bullicio de la gran ciudad para asentarse en una urbe más tranquila como Valladolid. El AVE contribuiría así a incrementar la población de la capital. Y por la misma regla de tres del acortamiento del tiempo para trasladarse entre ambas capitales, no faltó quien consideró factible que Valladolid se convirtiera para los madrileños en «una alternativa a la sierra» durante los fines de semana.

Diez años después, ¿en qué han quedado aquellas previsiones? ¿Ha sido el AVE en esta década el tren de las oportunidades para Valladolid? O, como dijo el alcalde, Óscar Puente, en una declaración criticada y luego matizada por él, los principales beneficiarios de esta infraestructura son los profesionales y empresarios que se desplazan a Madrid por negocios, pero dista mucho de ser el motor económico que se esperaba.

Desde luego, Valladolid nunca será para los madrileños una alternativa a la sierra por mucho que tarden menos en llegar en tren a la capital del Pisuerga que a las pistas de esquí de La Pinilla en su coche. Yel AVE tampoco ha contribuido a aumentar la población. La alta velocidad no se ha revelado, al menos hasta ahora, como un antídoto contra la despoblación y Valladolid sufre también la sangría de habitantes, aunque en menor grado, que el resto de capitales de la Comunidad. Y desde luego tampoco puede decirse que al rebufo de esta moderna infraestructura, que España ha exportado al resto de mundo, se hayan implantado en Valladolid nuevas empresas o actividades asociadas a la llegada del tren.

Pero es indudable que el flujo de viajeros entre ambas ciudades se ha multiplicado. Los 42 millones de usuarios que viajaron entre Madrid y Valladolid en Ave, Avant y Alvia en estos diez años demuestran la revolución que ha supuesto para las comunicaciones la alta velocidad. Y eso a pesar de que existe una coincidencia general en que el precio del Ave no es apto para todos los bolsillos. Viajar en los trenes de alta velocidad es caro, pero la perspectiva de trasladarse a Madrid y volver a Valladolid en apenas dos horas es sugestiva y, sobre todo, práctica. Tanto si es por motivos laborales, como por ocio, por negocios, turismo o compras el AVE ha puesto a Madrid y Valladolid a un tiro de piedra y este es el gran logro en estos diez años que nadie discute. Pero otra cosa es si la alta velocidad ha traído, como muchos pronosticaban, un pan bajo el brazo a Valladolid. Aquí, cada uno cuenta la feria según le va.
Dos colectivos, hosteleros y hoteleros, por este orden, no lo dudan: el AVE ha sido bueno para el negocio. La presidenta de la Asociación Provincial de Hostelería, María José Hernández, lo tiene claro: «Ha habido un antes y un después y el AVE ha supuesto un impulso muy grande para el turismo gastronómico, el empuje ha sido tremendo».

Ahora son muchos más los que llegan desde Madrid a Valladolid los fines de semana y en fechas señaladas como la Semana Santa. Lo saben bien en el centro de iniciativas turísticas que el Ayuntamiento tiene en el Paseo de Recoletos. Los sábados, con la primera llegada del trenprocedente de Madrid, la cola está asegurada para coger el mapa de la ciudad y el pase que permite la entrada en todos los museos. Son gente que come y bebe y que gasta en la ciudad.

Muchos son viajeros de ida y vuelta que no pernoctan en Valladolid, la otra cara de estar a una hora de Madrid, pero incluso así el presidente de la Asociación Provincial de Alojamientos Turísticos, Francisco de Frutos, al frente de un colectivo que agrupa 40 establecimientos con capacidad para 6.000 plazas, considera el impacto «totalmente positivo», aunque con matices.

Asegura De Frutos que el AVE «es una arma de doble filo, con riesgos y oportunidades». El hecho de estar a una hora de Madrid conlleva el riesgo de «perder pernoctaciones», pero esta misma circunstancia representa una oportunidad para atraer congresos que «todavía no se ha sabido aprovechar». Frente a «la locura que es Madrid», Valladolid es para el presidente de los hoteleros «una alternativa cómoda y fiable», una de las vetas que, a su juicio, está por explotar.

¿Y los comerciantes? ¿Han notado en sus negocios esta mayor afluencia? El presidente de la Asociación Vallisoletana de Comercio, Avadeco, Alejando García Pellitero, no lo tiene tan claro. Seguro que algunos de los que llegan compran una camisa o unos zapatos, pero en general el AVE no les ha reportado mayores ventas y sí, al contrario, ha propiciado el fenómeno inverso:la fuga de compradores a Madrid. Son clientes de poder adquisitivo medio alto que buscan «marcas que aquí no hay» Es decir, aquí el flujo se invierte, algo por otra parte lógico e inevitable.

El mismo fenómeno apunta el presidente de la Federación de Comercios y Servicios de Valladolid, Fecosva, Javier Labarga, quien matiza que «los que se van a comprar a Madrid son pocos». Usuario del tren de alta velocidad, Labarga no duda al señalar que la conexión con Madrid por AVE ha supuesto «un incremento de la actividad económica» que también repercute en el comercio, pero menos al ser muchos los «que vienen por la mañana y se van por la tarde».

Diez años después de aquella foto en la que el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, acariciaba el morro del primer AVE que llegó a la estación, la presidenta de la Confederación Vallisoletana de Empresarios, Ángela de Miguel, recuerda, frente a los que ya pensaban que Valladolid se convertiría en un ‘Silicón Valley’ empresarial, que «lo que no puede pensarse es que por una infraestructura» las empresas van a caer del cielo. «El AVE es una herramienta que hay que saber utilizar en todas sus posibilidades», afirma la presidenta de la CVE y añade que Valladolid «está en la buena dirección».

Al echar la vista atrás, el presidente de la Cámara de Comercio, Víctor Caramanzana, recuerda que se llegó a pronosticar en algún estudio que Valladolid aumentaría su población en 80.000 personas. Nada de eso ha sucedido, pero se muestra convencido de que «la llegada del AVE ha beneficiado muchísimo a la ciudad al ponerla a una hora de Madrid y contribuir a situarla mejor en el mapa español». También tiene una percepción favorable del impacto en la industria «toda vez que los directivos de las empresas ubicadas en Valladolid pueden acceder mejor a los servicios de Madrid, como puede ser su aeropuerto, o por la mayor facilidad para mantener en la capital reuniones de trabajo o asistir a congresos». En cuanto a la influencia en el comercio, reconoce que «no ha repercutido mucho, incluso son más las personas que van a comprar a Madrid». Una cuestión pendiente «que habrá que afrontar», afirma.
Como «una revolución en las comunicaciones entre Valladolid y Madrid » ve el secretario de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO, Carlos Cáceres, la llegada del AVE, pero lamenta que este cambio «no haya supuesto nada en el sector industrial ni sirva para atraer congresos», cuando en Madrid, afirma, «hay días que no se encuentra una plaza de hotel».

El mismo balance hace el secretario de política sindical Industrial y Empleo de UGT en Castilla y León, Raúl Santa Eufemia, quien, como no puede ser de otra forma, considera «positivo» el ‘acercamiento’ entre Madrid y Valladolid que supone el tren de alta velocidad, pero recuerda que las expectativas industriales y empresariales que se habían creado no se han cumplido.

 

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