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DE FIESTA EN FIESTA

La fiesta de Fuentes Carrionas: La Exaltación de la montaña

La provincia de Palencia tiene en el norte uno de los reductos turísticos más impresionantes de Castilla y León. Los montañeses se quejaban hace más de medio siglo del tópico que veía en Palencia la Provincia llana, amplia y sin resalte, paradigma de otro de los tópicos acuñados por los románticos, el de la Castilla llana. La Montaña Palentina es el contrapunto a la planitud de Tierra de Campos, lo mismo que los montañeses han ejercido de contrapunto y complemento económico, etnográfico y cultural de los hombres de las llanuras. Pero tampoco la montaña Palentina es una unidad, a pesar de que la declaración de Parque natural de Fuentes Carrionas y Fuente el Cobre lo haya unido.

 

Hay una diferenciación geológica y paisajística dentro de la indiscutible belleza que aparece en ambas cuencas del Pisuerga y del Carrión, los dos ríos palentinos por excelencia. Pero históricamente, y esto nos habla de riqueza y diferencia cultural, mientras que Cervera de Pisuerga y Aguilar de Campoo miran a Cantabria, Guardo y Velilla de Guardo están en relación con León. Y como sucede con frecuencia, la realidad cultural y el concepto de pertenencia de los pobladores de un territorio no siempre van parejos a las divisiones y fronteras políticas. Fuentes Carrionas y su fiesta, es la de la exaltación de los pueblos de la montaña occidental palentina y la oriental leonesa. Es el acontecimiento lúdico festivo donde se funden y refuerzan antiguas relaciones de vecindad que se forjaron cuando la diócesis de León era dueña de estos territorios, y sus habitantes se relacionaban comercialmente entre sí. Entre ellos y los lebaniegos. En la fiesta de Fuentes Carrionas se detecta fácilmente esa compleja unidad territorial y cultural.

Los hombres de estas tierras se regían por concejos abiertos con ordenanzas que reflejaban viejos derechos consuetudinarios. Hasta mediados del siglo pasado conservaron arcaicos aperos de labranza como el arado romano de madera y sistemas de arrastre del tipo de las narrias o corzas, que son especie de trineos aptos para bajar la hierba de los prados y subir el estiércol a las tierras centenales. Pero sobre todo conservaron el carro en la doble modalidad. El denominado carro chillón de eje móvil y ruedas fijas de madera, sin herrar, lo que se conocía como ruedas blancas, y el carro de ruedas de radios con llanta de hierro. Aunque su agricultura era escasa, suplían las carencias con las bajadas que hacían todos los años a Tierra de Campos. Fundamentalmente a Sahagún y al Páramo leonés. Son rutas documentadas desde la Alta Edad Media. Bajaban por San Juan de junio. Traían a las ferias aperos de labranza, necesarios para la recogida de la cosecha, y subían vino, sobre todo de Valdevimbre y Los Oteros. La segunda incursión comercial la hacían a finales de Octubre, antes de comenzar las nevadas.

Comerciaban entonces con tasajos y carnes curadas, y subían trigo y vino, que terminaba de fermentar en las bodegas montañesas. Cuando hace unos cuarenta años hacía trabajo de campo por la cabecera del Carrión, me comentaban los ancianos que habían participado de niños en estos viajes, que preferían utilizar los carros de rueda maciza porque eran más fáciles de reparar por el propietario, mientras que si surgía una avería en el de ruedas de radios y aro de hierro, dependían de los herreros y carreteros de los pueblos por donde pasaban.

Los montañeses han cuidado desde antiguo los trabajos colectivos y las ayudas mutuas, y las ordenanzas concejiles han reforzado estas virtudes porque son imprescindibles para el mantenimiento de sociedades con extensos bienes comunales.

Velilla del Río Carrión y, por extensión, La Fiesta de Fuentes Carrionas refleja a la perfección la riqueza de tradiciones que tiene la montaña palentina, como han puesto de manifiesto en sus publicaciones Víctor Manuel Fernández Díez y J. Carlos Martínez Mancebo, entre otros. No es una fiesta al uso, refleja los modelos de vida tradicional de la comarca, de los pueblos palentinos, leoneses y lebaniegos que han vivido un mismo modelo cultural.

La Fiesta de Fuentes Carrionas nació el año 1972 para la promoción turística de la zona gracias a la voluntad del Ayuntamiento de Velilla del Rio Carrión y se ha desarrollado con la inestimable colaboración del Centro de Iniciativas Turísticas del mismo nombre. Es Fiesta de Interés Turístico Regional desde hace más de veinte años. Es un ejemplo del empeño de una comunidad por recuperar sus tradiciones y hacer de ellas un revulsivo para dotar al pueblo de autoestima. Velilla del Río Carrión tiene un calendario festivo muy cuidado en el que también destacan la fiesta de los mayos y las de san Juan. Estas últimas con la recuperación de los mitos y leyendas relativas a las Fuentes Tamáricas, citadas ya por Plinio como lugar de culto y devoción entre los cántabros.

La Fiesta de Fuentes Carrionas se celebra en la campa de Puente Agudín . Este año comienza el viernes 19 de julio, a las siete de la tarde con la apertura del mercado de artesanía. Los artesanos muestran las técnicas de antiguas labores montañesas y ofrecen sus productos. El mercado estará abierto también los dos días siguientes. Es una actividad fija que enlaza con el espíritu de los primeros años de creación de la fiesta como recuperación de saberes tradicionales de la zona. También por la tarde del mismo día comienza el concurso de rana, uno de los deportes populares más extendidos en la geografía de Castilla y León. Y para reponer fuerzas, la denominada fiesta de la sidra en la que el consumidor paga la botella y es obsequiado con el chorizo. Al filo de la media noche, el olor a panceta abre el apetito de los asistentes que cargan el estómago para que el cuerpo aguante el desgaste del baile que se demora hasta la madrugada.

El protagonista principal del sábado es el otro atractivo de la montaña de Fuentes Carrionas. El montañismo convoca a los grupos que quieran subir a la Peña Tejo. Otros pueden acudir a las visitas guiadas a la Cueva de Agudín. El plato central típico de este día son las ‘migas del pastor’ con chocolate. Y otros grupos musicales distintos sustituyen a los del viernes para que no decaiga el ambiente. Y el ambiente no decae y la noche se alarga y a muchos fiesteros les coge el sol tumbados en la campa, cubiertos de rocío, o en los lugares de acampada proporcionados por el Ayuntamiento.

El domingo el CIT es el protagonista. Acompañado de Coros y Danzas de Guardo reciben a los visitantes con pastas y mistela, creando un ambiente de oficialidad festiva, porque al ser el día principal en él se concentran los elementos más significativos. A las 13 horas un invitado de prestigio pronuncia el pregón exaltando la fiesta e invitando a la concurrencia a disfrutar de todos los aspectos lúdicos de la misma. A continuación la Misa Campestre cumple con la parte religiosa de la celebración. Finalizada la misa comienza el reparto de la vianda más esperada.

La estrella gastronómica de la fiesta es la caldereta del pastor. Una versión moderna del tradicional guiso pastoril que se confeccionaba con carne de oveja, cocinada con pimentón, laurel y ajo en la que también se metía la asadura, lo que daba una cierta consistencia al caldo de por sí ralo. La caldereta de la romería de Fuentes Carrionas se hace en recuerdo de la que los pastores trashumantes ofrecían a los vecinos de los pueblos cuando el otoño les empujaba hacia Extremadura. La tradición gastronómica está garantizada gracias a los cocineros de CIT de Velilla de Rio Carrión, que controlan la receta antigua sobre la que han hecho las convenientes innovaciones para que esté adaptada a estos tiempos. La preparan a fuego lento durante horas. Alrededor de 30 calderos cuelgan sobre las brasas de la leña cortada con antelación suficiente para que arda en el punto justo. Los miles de comensales que se juntan cada año son excelentes embajadores en sus lugares de origen, por eso la caldereta del pastor de Fuentes Carrionas cada vez atrae a más gente.

Fuentes Carrionas no solo es la fiesta de la montaña Palentina, es el emblema de una cultura montañesa palentino-leonesa. Es la voluntad de un pueblo que se adelantó a su tiempo con la creación de un CIT y hoy sigue empeñado en desarrollar y poner en valor todos los elementos culturales, creando discursos de cultura tradicional y valores históricos que redundan en favor de un desarrollo económico a través del turismo.

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