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CONFLICTOS FAMILIARES

Divorciados de sus nietos

A menudo se consideran uno de los daños colaterales de las separaciones. Muchos abuelos pasan de ver crecer a sus nietos y contribuir en su crianza a impedirles el contacto. Tres mujeres de Valladolid crean la primera asociación de Castilla y León de ‘Abuelos en lucha por sus nietos’. «Queremos informar a quien pase por esto de que tiene derechos. Si no les dejan verlos, pueden pedir al juez régimen de visitas». Por la entidad nacional con el mismo fin han pasado más de 500 casos de la Comunidad

ALICIA CALVO
17/04/2017

 

En ese infierno cotidiano que es la ausencia de conciliación familiar y laboral, con frecuencia los abuelos juegan una papel fundamental para auxiliar a parejas con hijos. Hay quien lamenta ejercer de canguro en un tramo de su vida que aguardaba como un merecido descanso; pero existe un reverso más desagradecido: ser apartados de sus nietos de la noche a la mañana. Un daño colateral de la separación de sus hijos.

Tres mujeres acaban de constituir en Valladolid la asociación ‘Abuelos que luchan por sus nietos’, la primera en Castilla y León que aborda exclusivamente la problemática a la que se enfrentan muchas personas tras un divorcio: complicaciones para mantener el trato con sus nietos.
Aunque está radicada en Valladolid, permanece abierta para personas procedentes de cualquier punto de la Comunidad.

Para entender lo que persigue, basta con escuchar lo que no busca. Ni entrometerse en reclamaciones de custodias compartidas, ni en otras demandas que atañen a los progenitores. «Eso es cosa suya, nosotros sólo queremos que se respete que somos una figura importante en la vida de los niños. Nos los arrancan de repente y eso no puede ser», afirma la presidenta Nieves Hernández.

La entidad nace para asesorar, para dar el abrigo y las recomendaciones que sus fundadoras echaron de menos cuando los divorcios de sus hijos se complicaron. «Queremos informar a quien pase por esto de que los abuelos también tienen derechos legales. Si no les dejan verlos, pueden pedir al juez régimen de visitas», precisa Hernández, que la semana pasada registró esta asociación.

Nieves es una abuela joven, tiene ahora 49 años. Pasó de dar de desayunar, comer, cenar y acunar a su nieta cada mañana y cada noche a dejar de verla «de un día para otro» durante algo más de medio año.

Cuando la pequeña contaba 17 meses, sus padres se separaron. Su nuera y el bebé se marcharon de casa de Nieves, en la que vivía toda la familia, y con su marcha todo se volvió del revés.

Mantiene que su ex nuera no les permitió ver a la niña hasta que cumplió los dos años, cuando un juez estipuló el régimen de visitas y las condiciones de la custodia, que recayó en la madre. «De repente, era como si no existiera para la niña. De un día para otro salí de su vida, sin saber dónde podía acudir porque ¿quién repara en los abuelos?», cuestiona y responde enseguida: «Nadie».
Sobre esos meses de ausencia, relata que el golpe fue «tremendo» y que «nadie está preparado para dejar de ver a un nieto».

Esa «indefensión» que sintió, y también la «desinformación» a la que se enfrentó, es lo que Nieves quiere revertir con este proyecto. «El desconocimiento es un problema añadido porque te sientes perdido», apunta.

Desde que el juez intervino, Nieves ya no tiene dificultad para pasar tiempo con la menor porque aprovecha los ratos en los que a la niña le ‘toca’ con su hijo, pero, aún así, cree que hacen falta pasos como el suyo para que muchos abuelos vuelvan a estar presente en la infancia de los menores.

La suya es la primera asociación de Castilla y León bajo este lema, pero desde hace diez años una con similar filosofía actúa a nivel nacional, bajo el nombre ‘Abuelos separados de sus nietos’.
Su presidenta, Guadalupe de la Fuente, asegura que a ella han acudido más de 500 casos de Castilla y León, «y muchos de ellos terminaron pasando por el juzgado».

De la Fuente explica que en todas las situaciones primero recomiendan tratar de acudir a la mediación, a través de mediadores profesionales, por dos razones: «Por minimizar el conflicto y porque los juzgados están saturados» y un proceso puede dilatarse en el tiempo. «Buscamos que sea lo menos traumático posible por ambas partes, e intentamos convencerlos de lo importante de que no vaya a más y de que no pierdan la relación la familia de los niños, ya sean sus hijos o las ex parejas de éstos».

Sin embargo, reconoce que en muchos casos ni siquiera llegan a planteárselo porque la relación con la otra parte es nula.

En estas circunstancias, les informan de que «pueden interponer una demanda y pedir un régimen de visitas», que, según comenta Guadalupe de la Fuente, «los jueces suelen conceder». Esa medida se traduce, por lo general, «en un par de horas uno o dos sábados al mes».

En la asociación de Valladolid tienen constancia de estas opciones y quieren trasmitirlas.
Aunque inicialmente sólo la forman tres miembros, ya hay otras dos mujeres que han expuesto su caso. En ambos, el denominador común es que su hijo es varón. «Estamos en desventaja. Ante una ruptura, la familia del padre tiene mucho más que perder», comentan las tres socias.

Éste es el caso más típico: tras una separación, la custodia recaiga en la mujer y la familia paterna «se vea damnificada».

Pero desde la asociación explican que existen otros supuestos que se repiten a lo largo del panorama nacional. Casos mucho más duros desde el punto de vista emocional. Se trata de enfrentamientos con los propios hijos –que los prohiben verlos o rompen la relación– y de disputas cuando un progenitor del niño fallece.

La máxima representante de la asociación nacional afirma que, en esas circunstancias, «es muy frecuente la familia del viudo rehaga su vida e intente interrumpir cualquier tipo de vínculo con la familia del fallecido».

De hecho, una de las escasas sentencias que trascendieron a los medios de comunicación sobre el tema data de 2012, en Valladolid y aborda este conflicto.

El juzgado de Instrucción número 3 de la capital vallisoletana concedió a una mujer de 79 años la potestad de visitar a dos nietas durante dos horas una vez al mes, pero en un punto de encuentro, después de que su hija falleciera y su yerno obtuviera la plena custodia de las pequeñas.

El hecho de que muchas veces esas visitas se efectúen en «fríos» lugares neutrales con supervisión es otra de las cuestiones que critican desde las asociaciones. «Son nuestros nietos y no hemos hecho nada malo como para que tengamos que tener a una persona comprobando que para el niño no es perjudicial vernos», protesta Guadalupe de la Fuente.

Los abuelos se aferran al artículo 160 del Código Civil que da garantías a los niños. En su segundo apartado indica que «no podrá impedirse sin justa causa las relaciones personales del hijo con sus abuelos y otros parientes y allegados», siempre primando el interés de los menores.

El fin que persigue la nueva asociación que surge en Valladolid consiste en «llegar al mayor número de abuelos posible» y hacerles entender cuáles son sus posibilidades, más allá de apelar a la sensibilidad de la otra parte. «Concienciar está muy bien y es muy importante, pero cuando ni siquiera te dejan hablar telefónicamente, poco más hay que hacer», lamenta Nieves.

De llamadas por teléfono sin contestar habla también Pilar Rojo, tesorera de esta asociación vallisoletana, con sede en el Paseo Zorrilla.

Pilar también se encontró con dificultades para ejercer como abuela y recuerda el pasado día de Reyes como el más representativo de su amarga dinámica familiar de los últimos tiempos. Asegura que llamó una veintena de veces a la ex mujer de su hijo y no logró entablar conversación con su nieta de siete años.

Igual que Nieves, ahora ya puede disfrutar de ella los días que a su hijo le corresponde que pernocte con él y que considera «escasos». Éste se encuentra a la espera de la resolución de una petición de modificación de medidas para pasar más tiempo con su hija, cuatro años después de una conflictiva separación.

La relación con la madre de la pequeña es escasa y tensa, y Pilar relata que desde que la niña tenía tres, dejaron de disfrutar de la pequeña con asiduidad.

Los efectos fueron demoledores. Reconoce que ella y su marido ya no saben lo que es conciliar el sueño con facilidad, ni una jornada de tranquilidad.

Viven en un constante desasosiego. «Ya no soy la misma. He adelgazado, se me cae el pelo del estrés, no tengo ganas de salir a la calle», manifiesta quien anhela la sensación de aquel día de diciembre lluvioso en el que su nieta nació prematura y estaban ‘todos a una’, y extraña también los veranos en la piscina, «peinarla y cocinar juntas esa carne picada, que es su plato preferido».

Cuenta con otro nieto, de su hija, del que disfruta más tiempo. «Es un infierno y muy traumático. Que cualquier abuelo piense que, de golpe, le quitan a sus nietos. Será por la edad, porque ya has tenido a tus hijos, pero un nieto lo es todo, es especial», comenta.

Por estas situaciones, su compañera Nieves asegura que no quieren «ser abuelos de segunda, sino de primera, como los maternos, porque –señala– el día de mañana, si pierdes el contacto, si no les ves, no te van a a querer».

A través de esta asociación confían en que «se garanticen los derechos» de más personas con una problemática similar.

Su homóloga a nivel nacional incide precisamente en que «no luchan por los derechos de los abuelos, sino por los de los menores a contar con su familia».

De la Fuente aclara, además, que en ningún caso tratan de sustituir las funciones paternas. «No queremos educarlos. Nuestra misión no es ser padres, sólo que nos dejen trasmitirles nuestro cariño, nuestros valores, que gocen de nuestra compañía y viceversa. Estar presentes».

Por si su mensaje no llega todo lo lejos que le gustaría, en su foto de perfil de WhatsApp ha colgado una máxima incontestable: «Señoras y señores políticos, jueces y fiscales, la infancia de nuestros hijos y nietos carece de botones de pausa y rebobinado».

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