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«Cuando me fui de Venezuela no pude ni despedirme de mi madre»

DONI RIVERO. Solicitante de asilo político. A sus 25 años, ha tenido que huir de su país por trabajar con el partido Primero Justicia, liderado por el opositor Enrique Capriles. «Era muy complicado salir a la calle. No podías ni siquiera disfrutar de tu juventud»

ALBA CAMAZÓN / VALLADOLID
09/02/2019

 

Doni Rivero (Barinas, Venezuela) tiene 25 años y es solicitante de asilo por persecución política en Valladolid. Cuando vivía en Caracas, compaginaba la universidad con su trabajo en la Gobernación del Estado Miranda y en la organización nacional de PrimeroJusticia, el partido de Enrique Capriles. Una pequeña bandera de Venezuela le acompaña, una que metió escondida en la maleta. «Me dijeron que no me llevara nada del partido, ni camisetas ni nada que me identificara... pero no la pude dejar. La metí en la maleta ahí y me la traje, la escondí muy bien, como es pequeña...». Ayer se cumplían seis meses desde su llegada a España, y hoy participará en el acto de las Cortes Castilla y León, tierra de acogida’.
Pregunta.-Háblame sobre ti.

Respuesta.-Nací en Barinas, donde estudié hasta el Bachillerato. Me fui a Caracas en 2010, entré en la Universidad Central de Venezuela, y allí empecé en política. Allí había un grupo que nos llamábamos Fuerza joven, un grupo que ayudaba a Enrique Capriles para las elecciones presidenciales del 2011. Viajábamos por todo el país y todos los estados, le ayudamos en todas las campañas presidenciales y de gobernadores.

Luego de que perdió las elecciones, empecé a trabajar gobernación del Estado de Miranda, en la secretaría de juventud. En 2012, ingreso en el partido político Primero Justicia, el de Enrique Capriles. Ahí ya soy militante y trabajaba en organización nacional de Primero Justicia.

P.-¿Tuvisteis problemas?

R.-Había muchos problemas. Cuando íbamos a los estados, siempre había problemas con los colectivos que querían evitar las concentraciones y las marchas. Antes de venirme, empezó la persecución al partido Primero Justicia. Como había mucha cercanía con el diputado Julio Borges Tomás Guanipa, y toda la fracción de diputados de Primero Justicia. El Sebin (Servicio de Inteligencia Militar) siempre se paraba fuera de la sede del partido.

P.-Entonces un día, todo cambia.

R.-El 5 de agosto, salgo de la sede del partido y, en lo que cruzo la calle, me agarran los policías y me montan en un carro. Empezaron a amenazarme de muerte y me daban con esto por aquí (con el puño en la nuca), me apuntaban con las pistolas... Me dieron vueltas y vueltas, ‘qué sabes de las reuniones, cuándo viene Tomás Guanipa’... Les dije que no lo sabía y me soltaron en el centro de Caracas y ahí decidí llamar a mi jefe, que es el secretario de Organización nacional. Le conté lo que había pasado, habló con Julio Borges (de Primero Justicia) y me mandan a Barinas, donde yo nací. Allí me dijeron lo que tenía que hacer: venirme a España. Ni siquiera me pude despedir de mi madre. El 7 de agosto detienen a Juan Requesens, un compañero diputado. Yo estaba en un hotel cerca de Maiquetía (al norte), muy cerca del aeropuerto. Cuando le pasa esto a Juan, aceleran el paso y me compraron el pasaje Y yo me tuve que venir el 8 por el miedo a la persecución. Hoy cumplo seis meses aquí.

P.-¿Cómo te sentiste cuando te dijeron que tenías que irte a España?

R.-Fue muy duro, muy complicado porque no pude despedirme de mi madre ni de nadie. Estaba muy cerca de mi mamá, a 45 minutos. Pero no pude salir de la casa, porque no sabía qué... Y tenía mucho miedo de que supieran que estaba en Barinas y pensaran que estaba en casa de mi madre y fueran a hacerle algo. Fueron pasando cosas más complicadas y se olvidaron de checar, gracias a Dios. Ha sido muy rudo. De ahí para acá ha habido secuestros, el asesinato de un compañero, Fernando Albán... Fernando era una persona muy creyente, católica que nunca pensamos lo que dice el gobierno, que se suicidó. Es mentira.

P.-¿Has podido hablar con tu familia en ese tiempo?

R.-Todos los días.

P.-¿Qué tal están?

R.-Es muy duro separarse de la familia. Gracias a Dios no están enfermos ni nada, y comida no les falta tampoco, pero hay mucha gente que lo está pasando muy mal.

P.-¿Y tu madre cómo está?

R.-Ahora está más tranquila, pero los primeros días no quería ni llamarla, lloraba mucho. Hemos sido una familia muy unida y de repente... se sentía muy sola.

P.-¿En general, cómo están allí las cosas?

R.-El día a día ahorita es complicado. Ya cuando yo estaba en Venezuela era muy complicado. Si no era la persecución, era la inseguridad. Tenías que estar cuidándote por todo. A diario mueren personas por falta de medicamentos. Cada vez es más difícil que las personas tengan medicina, comida... La mayoría de las familias que están sobreviviendo es porque tienen un familiar que les manda ayuda. Y así pueden comprar, porque o trabajas o te dedicas a hacer colas para comprar comida. Puedes pasar un día entero haciendo cola para comprar dos harinas, un arroz... La comida te la venden cara, muy cara. Una familia de cuatro personas tendría que ganar 80 euros al mes para poder comer económico. Y el sueldo está en cuatro.

P.-¿Tenías miedo?

R.-Mucho. Era muy complicado salir a la calle. No podías ni siquiera disfrutar de tu juventud, porque tenías que estar en casa con tus amigos, o en casa de tus amigos. Siempre era en casa. Era miedo por todo. En política, miedo a que te agarraran y te sembraran cualquier cosa. Se lo hicieron a un compañero muy cercano, Carmelo Zambrano.

P.-¿‘Le sembraron’?

R.-La policía llega y te pone cajas de cosas que no tenías en tu casa, como explosivos. A Carmelo le culparon de terrorismo y tuvo que salir por las trochas [pasos fronterizos clandestinos]. Fue muy complicado para él, iba a ser el concejal más joven de Venezuela. Y tuvo que salir. Ahora está en Bogotá, ayudando con la ayuda humanitaria.

P.-¿Cómo ha sido la acogida en Valladolid?

R.-Estoy muy agradecido al Gobierno porque el proceso ha sido muy rápido, soy solicitante de asilo político, y no tengo permiso de trabajo. Estoy agradecido a la Fundación Cauce, que me ha recibido con las manos abiertas, y ahora colaboro con ellos.Voy a hospitales a acompañar a personas que están solas, en el reparto de alimentos, a la cárcel de Dueñas... Hago todo lo que puedo, y hago un poco lo que hacía allá, ayudar a las personas.

P.-¿Qué te gustaría hacer si te estabiliza la situación política?

R.-Cuando cambien las cosas pronto, regresar a mi país. Ahora hay mucha presión interna e internacional, y eso ayuda mucho.

 

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