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Una chef tradicional con toque moderno

La cocinera vallisoletana Sheila García gana el Concurso Nacional de Jóvenes Cocineros ‘Alimentos de Palencia’ / «Si no hubiera pasado a la final, me volvería a presentar el año que viene»

ALBA CAMAZÓN / VALLADOLID
16/04/2018

 

La mezcla de sabores y la fusión de matices y aromas tradicionales con un toque moderno, que asombran a gusto y olfato, son la esencia de los platos de Sheila García, una joven vallisoletana de 22 años que acaba de ganar la tercera edición del Concurso Nacional de Jóvenes Cocineros ‘Alimentos de Palencia’.

Era la tercera vez que Sheila se presentaba a este certamen, sin siquiera haber llegado a la final, puesto que en ediciones anteriores, la chef fue eliminada en las semifinales. El año pasado, incluso, se quedó a las puertas de pasar a la final, un objetivo que ha conseguido a la tercera, como dicta el refranero. «Este año me presenté porque tenía que llegar a la final, por lo menos. Si no hubiera pasado, me volvería a presentar el año que viene», comenta Sheila a este diario con tenacidad.
Sin embargo, su pasión comenzó en plena adolescencia, cuando su padre le enseñó a hacer una tortilla de patata. «Aunque solo tenía quince años, supe que quería dedicarme a la cocina», explica. Y eso hizo.

Se apuntó al Grado Medio de Cocina del IESDiego de Praves (Valladolid) y en Palencia al Grado Medio de Pastelería del Centro Tecnológico de Cereales de Castilla y León (Cetece) para «ampliar conocimientos» porque, al final, en un restaurante «vas a hacer de todo», desde una ensalada de queso hasta un coulant, pasando por un pescado al horno. De hecho, Sheila es encargada de la partida de entrantes, guarniciones y postres en su lugar de trabajo, el restaurante Suite 22, donde es chef desde hace un año.

El Concurso Nacional de Jóvenes Cocineros celebrado en Palencia se divide en tres fases, como los tres platos que componen una comida completa. En la primera, a la que se presentaron 33 jóvenes, los participantes debían enviar por correo electrónico una receta propia y una fotografía de los platos: un primero, un segundo y un postre. De los 18 cocineros que pasaron a la segunda fase, solo seis consiguieron llegar a la final, dos de los cuales eran de Burgos y Sheila, de Matapozuelos (Valladolid).

El jurado, compuesto por representantes de la Diputación de Palencia y del sector de la hostelería, los productores de Alimentos de Palencia, del Cetece y el cocinero Cecilio Lera, es un factor a tener en cuenta en este tipo de concursos, porque pueden añadir tensión a los inherentes nervios que acompañan a todo tipo de certámenes. «Yo prefería no mirarles, así no me imponían tanto», comenta Sheila, orgullosa de que Lera le felicitara por su trabajo a pesar de que el año pasado le «echara una bronca» en el certamen por uno de sus platos.

El secreto del premio está en la mezcolanza de sabores, en los ensayos nocturnos después del servicio en el restaurante y en sus compañeros de trabajo, que le han ayudado a «dar el toque bueno». Los concursantes debían crear todo un menú, con un primero, un segundo y un postre utilizando productos palentinos.

El primer plato de Sheila fue un arroz con pulpo y champiñones Portobello. «La verdad es que busqué productos que me gustaran mucho, como el arroz y el pulpo», explica. «Era lo único que tenía pensado al cien por cien antes de presentarme. Que quería hacer un buen arroz y un buen pulpo. Y hasta que no me quedó bueno, no paré», detalla.

El segundo fue un steak tartar de solomillo de ternera con mostaza de wasabi, en un «guiño» al restaurante y a sus compañeros, aunque con un toque «distinto» y propio, en busca de un equilibrio de matices. El postre, un milhoja de pera al azafrán con crema de queso curado, también se basa en esa unión de lo que le gusta a esta joven chef. «No soy muy de dulce ni una apasionada del chocolate, por eso busqué un postre no tan azucarado», explica.

El jurado dictó sentencia y Sheila resultó la ganadora, un reconocimiento que todavía no se cree. «Cuando nombraron a los chicos que quedaron en tercera y segunda posición, creí que no me elegían, porque sus platos eran muy buenos».

Sin embargo, la presidenta de la Diputación de Palencia, Ángeles Armisén, anunció que Sheila era la ganadora. En ese momento, lo primero que Sheila hizo fue mirar a su madre. «No me lo creía, me temblaba todo el cuerpo. Alguna lagrimilla seguro que cayó», comenta con una risa.
Su familia y compañeros de cocina se muestran «muy orgullosos y contentos» por el logro que ha conseguido, un reconocimiento nacional por el que otros cocineros ya la han felicitado. «Todo suma en el currículum, y creo que es más posible que se puedan fijar en mí que si no tienes nada», explica la joven vallisoletana. «Y quién sabe, a lo mejor alguno de los platos cae en el menú del restaurante», augura con una sonrisa.

A pesar de no ser muy fan del azúcar, Sheila tiene un postre entre sus platos favoritos: una tradicional tarta de queso. «Nunca vas a hacer una igual, cada restaurante y cada casa tendrá su propio toque personal, aunque tenga los mismos ingredientes», explica Sheila. Sus otros platos favoritos vuelven a ser tradicionales, alejados de la modernidad que acompaña a la cocina actual: la tortilla de patata y la lasaña. Aunque su paladar también prefiere el steak tartar, «y eso que no es tan clásico».

Otros alimentos que van con todo para Sheila son las patatas y otros tubérculos por su «versatilidad» y porque no tienen un sabor «muy pronunciado», que «dan mucho juego» a las salsas, que deben estar equilibradas si se combina el dulce y el salado o el picante. Lo que sí se le resiste a esta joven vallisoletana son los emplatados. «No es lo mío, tengo que ir perfeccionándolo», afirma Sheila.

A pesar de las dificultades y gracias al esfuerzo y a la capacidad de soñar, Sheila tiene clara cuál es su mayor ambición profesional: montar su propio restaurante o un obrador de repostería, aunque también le gustaría trabajar en restaurantes de ‘grandes’ de la cocina como Martín Berasategui o David Muñoz. Sin embargo, la cocina no es solo una salida profesional para Sheila, también es una vía de escape de los problemas cotidianos: «Cuando estoy nerviosa, me relaja mucho ponerme frente a los fogones».

 

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