Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Accede con redes sociales...
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

Menú Accede
Si ya eres usuario, accede...

Recordarme

¿No recuerdas tu contraseña?
Accede con redes sociales...
Si todavía no eres usuario, regístrate...

¡Regístrate ahora! para recibir los titulares del día en tu e-mail.

¡Regístrate ahora! para poder comentar noticias, participar en sorteos y concursos.

CONFLICTOS FAMILIARES

La casa en la que papá y mamá no riñen

No se entienden sin gritar, el divorcio es conflictivo y el niño está en el medio / Los puntos de encuentro familiar buscan reducir enfrentamientos y el bienestar del menor

ALICIA CALVO / VALLADOLID
27/12/2017

 

Tienen tres, cuatro, siete, doce años, gustos y problemas diferentes, pero todos agradecen que en ese lugar sus padres al fin ya no discutan; a veces porque no se ven y otras porque han aprendido a comunicarse sin gritos ni insultos.
Al abrir la puerta, peluches, juegos y muñecas dan la bienvenida y anticipan lo que esconde el resto de estancias.

Su denominación técnica es punto de encuentro familiar, pero en la práctica muchos niños lo llaman «casa de los juguetes».

La red de Castilla y León la forman 16 puntos, dos de ellos en Valladolid, y están pensados para casos de conflictos derivados de separaciones o violencia.

Algunos menores acuden allí con periodicidad para disfrutar de dos horas con uno de sus progenitores, al que no le corresponde su custodia, y otros sólo asisten unos minutos para que sus padres efectúen el intercambio sin cruzarse ni miradas ni palabras.

En el segundo caso, el menor entra principalmente en el lugar con su madre y lo abandona con su padre, con el que se dispone a pasar los días fijados en el acuerdo de divorcio o separación, o viceversa.

Estas son las dos principales opciones, aunque una vez que el juez establece el régimen de visitas –con carácter general es quien deriva a las familias– si éstas se deben desarrollar en el interior de un punto de encuentro pueden transcurrir tuteladas por un profesional del centro o sin tutelar.

«Siempre existe cierta vigilancia, aunque sea puntual y se les deje intimidad», precisa Félix Arias, director técnico de Aprome, entidad encargada de la gestión de estos recursos en Castilla y León, quien manifiesta que su principal cometido consiste en «apoyar al menor en una situación concreta durante un proceso de separación».

Los especialistas del centro tratan primero de «enfriar el conflicto» porque si recalan en estos lugares la intensidad de la problemática entre las partes suele ser alta.

Sin embargo, a medida que avanza el tiempo, buscan que se acorte esa distancia que se estableció para poder atajar la situación. «De inicio, evitamos que la escalada de enfrentamiento aumente, pero a la vez queremos que toda nuestra intervención sea temporal. Lo ideal que es la relación familiar progrese y no requieran siempre la presencia de un profesional, que sean capaces de comunicarse y entenderse por el bienestar de su hijo», indica Arias.

Por ese motivo, la actuación va encaminada a que adquieran sus propias habilidades y resuelvan los problemas relativos a las cuestiones que afecten a los pequeños.

De hecho, Félix Arias recuerda que la reacción de los pequeños ante la nueva situación de acudir al punto de encuentro depende en gran medida «de la actitud de los padres».

Aclara que al principio los niños «muestran expectación porque el primer momento no es natural», pero, pese a que cada caso es diferente, suelen adaptarse «porque es acogedor, simula un hogar y rápidamente lo convierten en su entorno habitual».

Antes de su primera visita ‘oficial’, el personal mantiene una entrevista con cada miembro implicado para que conozca el sitio, las normas y se familiarice con el entorno y con quienes le van a atender.
Tanto se adaptan los más pequeños que cuando ya llevan un tiempo hay quien acude a la zona de juegos directamente solo y, por lo general, se muestran «contentos y tranquilos». Hasta juegan con otros niños con los que coinciden porque en un fin de semana en el punto de encuentro de la calle Perú pasan entre 30 y 40 familias.

La coordinadora de los puntos familiares de Valladolid, Elena Maraver, asegura que los niños «son los que mejor lo llevan porque van a la casa en la que su papá y su mamá no discuten y en la que ven que están bien».

Este año, 381 familias con 514 menores han sido atendidas en los dos puntos de la capital vallisoletana. 131 de esos casos acudieron por primera vez este 2017. En Castilla yLeón fueron más de 1.800.
La financiación procede de la Junta de Castilla y León y del Ministerio de Sanidad, además de entidades locales con las que Aprome colabora.

Normalmente es el juez el que lo impone, aunque puede decidirlo el servicio de protección a la infancia y también existe un reducido número de personas que conoce su mecanismo y acude por voluntad propia a solicitar su intermediación.

La imposición de tener que utilizar estos recursos de convivencia no siempre se asume con agrado. «A algunas personas les cuesta aceptarlo, sobre todo al principio, pero la mayoría termina entendiendo que existe una razón y que beneficia al niño», apunta Maraver.

Con esta medida, tanto el juez como quienes trabajan en los puntos de encuentro cumplen una serie de objetivos, como son el de «favorecer el derecho del menor a tener relación como ambos progenitores u otros familiares», garantizar la seguridad del niño desde todos los puntos de vista y proporcionar a los menores «un lugar donde poder expresar sus sentimientos en relación a la situación familiar».

La intervención incluye un intenso trabajo con los progenitores para «mejorar su capacidad de resolver conflictos, las relaciones paterno o materno filiales y sus habilidades en lo relativo a la crianza de los hijos cuando es necesario».

Félix Arias resume lo que pretenden y lo que consiguen: «Intentamos que los padres vean la situación desde un punto de vista diferente; que descubran que estando muy enfadados y viendo al otro como el enemigo, al margen de los motivos que los llevaron a esa situación, toman decisiones que no adoptarían estando bien y que no favorecen a los hijos».

Consciente de la dificultad que entraña, Arias reconoce que «el cambio no es instantáneo porque tiene que haber cierta reflexión». Expone que se produce cuando ven que sin enfrentamientos y con voluntad de entendimiento todos se encuentran mejor y las relaciones son más sencillas.

Su labor tiene vocación de conciliar. «Somos facilitadores, ayudamos a que se pongan de acuerdo. Si uno tiene una boda y quiere variar el fin de semana o necesita algún cambio puntual, intercedemos». Lo hacen convencidos de que una vez consiguen entenderse a través de ellos, «ya pueden solos». Salvo en los casos en los que media la violencia de género. Ahí son inflexibles.

Eso sí, Arias advierte de que no existe una neutralidad total respecto al menor. «El niño y su bienestar son lo primero y con él no somos neutrales», afirma. Lo que no implica que en el conflicto entre progenitores apoyen más a uno que a otro. Al revés, se quedan al margen. «No tomamos partido por ninguna de las partes», aclara.

Desde que una familia aterriza en el punto de encuentro, se le encamina para que sea capaz de volar sola. La barrera temporal marcada son los dos años, pero muchas «son autónomas antes» y otras, las menos, prolonga su utilización más allá de ese tiempo por su dependencia del servicio.

La coordinadora de Valladolid explica que «siempre que es posible» intentan que las dos partes se vean «porque llegará un día en el que tendrán que hablarse para entenderse», indica la coordinadora vallisoletana.

EN UNO DE CADA CUATRO CASOS EXISTE UNA SITUACIÓN DE VIOLENCIA DE GÉNERO

La distribución de las salas de los puntos de encuentro permite discreción y garantiza que las ex parejas que no deben encontrarse no se crucen. Cuentan con varias estancias con sofás, mesas, cuentos y una ingente cantidad de juguetes que hacen confortable el lugar. No mantienen ningún contacto cuando media una orden de protección entre ambos. En el último año, este ha sido el caso de una de cada cuatro familias atendidas en Valladolid. El protocolo está marcado y el agresor acude 15 minutos antes.

Cuando llega, el centro avisa a la víctima, que acude con el menor. El niño y su progenitor abandonan el servicio y la otra parte debe esperar otros quince minutos. «Así se tiene la tranquilidad de que no se encuentran en el ascensor o en las inmediaciones y que la orden se cumple», indica la coordinadora de los punto de la capital vallisoletana, que agrega que «aunque las madres suelen tener la custodia, cada vez hay más padres con ella» y más progenitoras de visita.

 

Última hora

© Copyright Editorial Castellana de Impresiones SL
C/ Manuel Canesi Acevedo, 1. 47016 Valladolid. España
Contacte con nosotros: local.va@dv-elmundo.es

Editorial Castellana de Impresiones SL se reserva todos los derechos como autor colectivo de este periódico y, al amparo del art. 32.1 de la Ley de Propiedad Intelectual, expresamente se opone a la consideración como citas de las reproducciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revista de prensa. Sin la previa autorización por escrito de la sociedad editora, esta publicación no puede ser, ni en todo ni en parte, reproducida, distribuida,comunicada públicamente, registrada o transmitida por un sistema de recuperación de información, ni tratada o explotada por ningún medio o sistema, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electro óptico, de fotocopia o cualquier otro en general.

Edigrup Media: Diario de León | Diario de Valladolid | El Correo de Burgos | Heraldo-Diario de Soria