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El bautizo del niño en Palencia

El día uno de Enero, Castilla y León amanece pletórica de celebraciones religiosas y profanas. Entre estas últimas se cuentan las mascaradas de la provincia de Zamora. Entre las primeras, las que tienen como centro la devoción al Santísimo Nombre de Jesús, como la de Cuéllar, en torno al denominado ‘Niño de la Bola’, o ‘El Baile del Niño’ en Venialbo (Zamora) que se celebra como fiesta del nacimiento, pero la imagen a la que se da culto es la del Niño Jesús Infante, de pie y en actitud de bendecir, como las que se veneran en toda la cristiandad hispana. Pero la fiesta más completa es el ‘Bautizo’ del Niño Jesús en Palencia. Se compone de una serie de ritos, algunos de siglos, que han llegado hasta nosotros porque se han adaptado a las circunstancias a lo largo de la historia, y que, afortunadamente, continúan haciéndolo. Nacida como celebración propia de una cofradía es, en estos momentos, la fiesta que sienten como propia los palentinos, siendo para algunos la más importante de todas las celebradas en la ciudad del Carrión. Por eso, fue declarada fiesta de interés Turístico Nacional en 2015.

 

El día uno de Enero, la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús se congrega, a primera hora de la tarde, para rezar el Rosario y renovar las Promesas del Bautismo. En realidad la celebración de los cofrades comienza por la mañana cuando, en la misa de doce, los cargos de la cofradía presiden la ceremonia a ambos lados del altar, y, al ofertorio, recogen las ofrendas de flores que lo niños de la cofradía, y todos los que lo deseen, entregan para embellecer la imagen titular. Pero la fiesta de la ciudad se desarrolla por la tarde. A las cinco menos cuarto sale de la iglesia de San Miguel la imagen en andas, transportada por cofrades, autoridades religiosas y civiles. Representa al Niño Jesús de pie, vestido con túnica que lleva una cruz en la mano izquierda mientras levanta la derecha en actitud de bendecir. La procesión recorre los alrededores del templo al son de la dulzaina que desgrana música castellana, las composiciones que ejecuta la banda municipal y un villancico coreado por los asistentes, conocido como el ‘Ea’, que se ha convertido en el himno de la navidad palentina. Los portadores mecen las andas en movimientos pausados y reverenciosos. En este baile participan también los eclesiásticos. Y al ver la unción con la que se mueven las capas pluviales al compás de la música, uno piensa que no tiene nada ni de irreverente ni de pervivencia pagana. Que es un ejemplo de algunas escenas parateatrales de religiosidad popular que tenían lugar en las iglesias, y que tanta inquina suscitaron entre los puristas pre y post tridentinos, que no pararon hasta lograr su desaparición. Al retorno procesional, la imagen presencia la ‘pedrea’ de caramelos y confites, que las autoridades, civiles y religiosas, descargan, desde los balcones, frente a la iglesia. Son cientos de kilos de dulces, como si de un verdadero bautizo se tratase. Y es que la fiesta se ha convertido en una transposición de los bautizos tradicionales terracampinos, y los responsables, cofrades, autoridades y madrinas, no quieren que nadie del público les llame roñosos, como se gritaba a los padrinos poco rumbosos. En este caso no pueden fallar, porque apadrinan al símbolo religioso de la navidad palentina. El acto se cierra con el Himno de la ciudad interpretado por la Banda Municipal a los pies de la torre de San Miguel, una de las joyas artísticas de la ciudad. El villancico, una composición del s. XVIII, toma su nombre de la exclamación que inicia las estrofas del estribillo: «Ea que eres como una perla…». El texto comienza haciendo alusión a las profecías que desde el origen del mundo avisaron del nacimiento del Mesías, continúa contando de forma esquemática la llegada de los Reyes, la entrevista de éstos con Herodes, y los ofrecimientos de sus dones al Niño: Así empieza el texto: «Al principio del mundo/ profetizaron/ la venida del Niño/ ya se ha llegado/. Sigue el estribillo coreado por la multitud: Ea que eres como una perla, /Ola, que los niños te adoran, / Oye, que te rondan pastores/ Vaya, que eres sol refulgente/ Niño del alma, Niño del alma…»

La fiesta del Dulce Nombre de Jesús que se celebra en Palencia está, como se ha dicho, en relación con la cofradía del mismo nombre, y no se puede rastrear documentalmente antes de su fundación. Aunque la advocación del Nombre de Jesús es muy antigua en la Iglesia Católica, los autores del Año Cristiano, hablan de su nacimiento hacia el s. VI en la Galia, y su introducción en el s. VII en España, estando consolidada en la cristiandad en el s. IX; sin embargo, no es hasta el s. XIV cuando comenzó a tener un culto litúrgico. San Bernardino de Siena con otros dos beatos franciscanos (Alberto de Sarteano y Bernardino da Feltre) difundieron con tesón la devoción, consiguiendo que al fin se instituyese como fiesta litúrgica. El papa Clemente VII en 1530 autorizó a los franciscanos a recitar el Oficio del Santísimo Nombre de Jesús. Unas décadas más tarde, el papa Pío IV les encarga algo similar a los frailes de Santo Domingo.

La fiesta de Palencia se ha desarrollado sobre el embrión de los cultos de la cofradía citada, fundada, según algunos historiadores, en el seno de la Vera Cruz hacia mediados del s. XVI bajo el título de ‘Cofradía del Preciosísimo Nombre de Jesús’, con el fin de desagraviar los juramentos que se hacían contra esta santa advocación. Como nota moderna, se debe señalar que la fiesta litúrgica actual se ha trasladado al 3 de Enero, por deseo del papa Juan Pablo II.

Lo que comenzó siendo una procesión a la que asistían sólo los cofrades, por el interior de la iglesia y del claustro, acabó incluyendo a la ciudad que se ha involucrado con todas sus fuerzas. La evolución y desarrollo no ha terminado. Avanza en una doble dirección, se trabaja en una inculturación buscando atraer a los niños para que se impliquen desde pequeños en esta joya del patrimonio inmaterial. En este sentido, es interesante reseñar que, aunque se hace con la aquiescencia y el apoyo de los cofrades, que siempre han sido muy generosos con su fiesta, sin embargo está abierta a toda la ciudad. Lo que no suele ser muy común en el mundo de las cofradías y hermandades que buscan reforzar sus peculiaridades con actos exclusivos y excluyentes. El principal Diario de la capital recoge la crónica de este evento iniciado en 2017, señalando que «como estaba previsto, niños y niñas bailaron una pequeña imagen de Jesús en torno a la plaza Mayor al son del Ea, que eres como una perla». Los cofrades de todas las cofradías que participan en este acto infantil, están convencidos de que la fiesta tiene que caminar en el sentido que quiera la sociedad palentina, y que ellos lo que deben es propiciar los cauces para su normal desarrollo en el presente y en el futuro. Como contrapunto y en la idea de adaptar la fiesta a las corrientes más actuales, es muy interesante señalar que el año pasado se instituyó como homenaje, agasajo y reconocimiento a los antiguos protagonistas de la fiesta, una celebración anterior a la oficial para los ancianos que ahora ya no pueden ni bailar al Niño ni recoger los confites entre la multitud de la plaza. Se programó adaptándose a las necesidades de este colectivo, para reintegrarlos y que su vivencia fuese real y participativa, y no les llegase solamente como ecos del pasado. La cofradía del Dulce Nombre de Jesús, en colaboración con la residencia San Bernabé y San Antolín, celebró un Bautizo del Niño extraordinario. Se inició en la capilla de la residencia con la renovación de las Promesas del Bautismo para, a continuación, realizar una procesión por el interior del patio de la morada donde no faltó el tradicional baile del Ea, acompañado de un grupo de danzas, y por supuesto, ‘la pedrea’ de dulces y caramelos.

El bautizo del Niño en Palencia es una celebración alegre, bulliciosa, que acoge, envuelve e involucra a todos los visitantes que quieran participar. Todos pueden compartir con los palentinos esta tradición y conocer, desde dentro, la riqueza patrimonial que encierra esta ciudad que comienza con este festejo, justo al inicio del año para continuar con Las Candelas, Las Águedas, Santo Toribio y un sinnúmero de fiestas a las que no se puede faltar.

 

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