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Aumentan las personas con empleo precario que van al Banco de Alimentos

Esta entidad reparte cada mes 290 toneladas de productos básicos entre 4.500 familias

F. MARTÍN / VALLADOLID
11/02/2018

 

El Banco de Alimentos de Valladolid da de comer cada mes a 4.500 familias tanto de la capital como de la provincia. Son 250 toneladas de productos básicos, desde aceite a legumbres, leche, conservas, pasta, galletas, frutas y verduras, los que distribuye todos los meses mediante una red de 145 asociaciones y colectivos que hacen llegar esta ayuda a sus destinatarios. Sin esta aportación alimentaria, las privaciones que ya pasan muchas de estas familias tras estirar sus escasos recursos se agravarían.

La casuística de los que llaman a la puerta del Banco de Alimentos, muchos tras vencer su resistencia por pudor, por lo duro que resulta tener que pedir para comer, es variopinta. Muchas de ellas son personas sin empleo, sin recursos y con ingresos mínimos, pero cada vez son más numerosas las familias en las que alguno de sus miembros tiene trabajo, aunque con salarios tan bajos que no llegan para cubrir las necesidades básicas, entre ellas la alimentación. Estos casos, excepcionales antes, son ahora mayoría entre los que acuden al Banco de Alimentos. «El trabajo está subiendo, pero los sueldos no permiten salir de la exclusión social», afirma el presidente de esta entidad benéfica, Jesús Mediavilla.

Desde su posición Mediavilla, al frente desde 2014 de un ‘banco’ que presta ayuda sin intereses ni comisiones, tiene una visión de primera mano, más allá de las frías estadísticas, de las necesidades que padece un importante sector de la población no cuantificado. Y lo que ve le produce cierta frustración. Con su ayuda llegan al 4% de la población de la capital y de la provincia que está en situación de necesidad, pero según las estimaciones que manejan el porcentaje de los que tienen dificultades para comprar alimentos básicos llega al 15%. «No podemos llegar a todos, nos faltan entidades, sobre todo en la periferia, donde hay barrios grandes», afirma Mediavilla.

El pasado año fueron 16.500 las personas, de Valladolid y provincia, aunque la mayoría son de la capital, que recibieron comida del Banco de Alimentos y 2.900 las toneladas repartidas. Las cifras son similares a las de 2016 -aquel año fueron 17.000 los atendidos aunque durante la época dura de la crisis se alcanzó la cifra de 24.000 beneficiarios- pero en la evolución de las necesidades postcrisis empieza a cronificarse el demandante con trabajo precario y sueldo bajo que no llega a mileurista. Aunque el perfil de los que acuden a pedir alimentos «es muy variado», afirma Mediavilla, hay uno que destaca. Corresponde al de personas «de clase media», con más de 45 años y uno o dos hijos, a los que les resulta difícil encontrar trabajo y cuando consiguen uno es temporal, por meses, cuando no por semanas, y con sueldos bajos. Metidos en este círculo, el Banco de Alimentos pasa a ser una alternativa, al menos temporal, para cubrir parte de la manutención y poder dedicar los escasos recursos a otras necesidades también básicas. «Cuando se dice que la situación ha mejorado y que hay más trabajo hay que recordar que todavía hay tres millones y medio de personas sin empleo», recuerda el presidente del Banco de Alimentos.

Consciente de las reticencias que tienen que vencer en ocasiones algunas de estas personas que se ven abocadas a tener que pedir ayuda para alimentar a su familia, Mediavilla hace un llamamiento a todos aquellos que se encuentren en esta tesitura y duden para que «acudan, que no pasen vergüenza y se dejen ayudar».

Añade que «la confidencialidad» es una norma básica de la entidad que preside e invita a quienes lo necesiten a que utilicen este recurso . «Nuestro objetivo es ayudar» añade antes de agradecer «la solidaridad» de los vallisoletanos, que se demuestra año tras año en las campañas de recogida para llenar la despensa del Banco de Alimentos.

80 VOLUNTARIOS Y 2.900 TONELADAS DE COMIDA

El reparto. El Banco de Alimentos de Valladolid repartió el pasado año 2.900 toneladas de comida, a una media de casi 250 toneladas al mes.

La ‘plantilla’. El trabajo de clasificación de los alimentos en las instalaciones del callejón de la Alcoholera y del polígono de Argales corre a cargo de 80 voluntarios, la mayoría jubilados.

Entidades colaboradoras. Son las que reparten los alimentos y aquí están Cáritas, Cruz Roja, las parroquias y colectivos varios que están en contacto con los demandantes

 

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