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MODA EN CASTILLA Y LEÓN

Arte sobre la cabeza

Los diseñadores vallisoletanos Pablo y Mayaya especializados en el arte de la sombrerería están de celebración. Con una trayectoria de más de 25 años, la firma continúa reinventándose y siendo fiel a su estilo de producir sólo piezas exclusivas artesanas para ediciones limitadas y permitiéndose la oportunidad de rechazar ofertas de Zara o El Corte Inglés

IRIA TORRES / VALLADOLID
05/06/2017

 

Tienen una firma de lujo conocida internacionalmente. Se caracterizan por hacer piezas artesanas para ediciones limitadas y controladas. Nunca han producido en masa y rechazan trabajar para firmas como Zara, Mango o El Corte Inglés. Pero cuando comenzaron nadie apostaba por su futuro, ya que sólo eran dos jóvenes ambiciosos que querían dedicarse a un negocio que estaba en declive. Su primer taller lo montaron pidiendo cada uno a sus padres 100.000 pesetas y lo abrieron en una céntrica calle vallisoletana. ¿Le va sonando la historia? Le daré alguna pista más. Algunas de sus clientas son la Reina Letizia, Isabel Sartorius o Laura Ponte. Hace poco comenzaron a diseñar su propia línea de ropa, aunque su especialidad son los sombreros. ¿Ya? Sí, ha acertado. Son los diseñadores Pablo y Mayaya.

Más de 25 años desde que en 1991 montaran la primera tienda y diseñaran su primer sombrero. Un viaje que ha requerido mucho trabajo y esfuerzo, pero sobre todo pasión por el arte de la sombrerería. E innovación constante. Mayaya recuerda los primeros bocetos de las piezas, los primeros sombreros que fueron de paja y de fieltro para verano e invierno. Y como ha sido todo ese proceso de incorporación de nuevas técnicas y materiales; como la fibra de vidrio, los platos reciclables, las tuercas o incluso el café. Sin olvidar la incorporación de animales como, por ejemplo, las libélulas o las mariposas en las piezas.

En su mundo, la sombrerería está en continuo cambio. Por eso necesitan nuevas fuentes de inspiración y no sólo a la hora de encontrar nuevos materiales de trabajar, sino también de darles forma. Los sombreros, explica Mayaya, están compuestos principalmente por dos partes: la copa –la parte superior que se adapta a la forma del cráneo– y el ala –el material que consta de una superficie que recorre la circunferencia del sombrero–, pero pueden crearse piezas de copa y ala, sólo con copa (los casquetes) y otras que sólo están compuestas de ala.

Otra de las características que define a la marca son sus diseños exclusivos. Un viaje, una figura religiosa o un sabor. Esta pareja encuentra inspiración en cada minúsculo detalle, en estímulos que para la mayoría de la población pasan desapercibidos. Mayaya está paseando por una calle de Oporto y, de repente, comienza a describir como es un azulejo, los colores azules junto con los blancos, su forma, la película que acaba de ver, la silueta de una niña... la vallisoletana ya está creando una nueva colección en su cabeza.

La pareja estudió diseño de moda y patronaje, y para completar sus diseños, recuerda Mayaya, siempre adornaban la cabeza de las modelos. Así que ambos apostaron por estudiar sombrerería en Madrid durante un año. Fue entonces cuando decidieron que tenían que especializarse y, que mejor opción, que dedicarse a convertir lo tradicional y el estilo de los sombreros en algo moderno y clásico a la vez en el tiempo. Un comité de expertos les avisó en aquellos momentos de que montar una tienda con una marca propia era un proyecto inviable –qué pensarán esos mismos expertos ahora tras el éxito cosechado por la pareja–, pero Mayaya afirma que siempre tuvieron claro el objetivo: recuperar el oficio artesano de la sombrerería, sin olvidar todos los complementos que le rodean como las flores artesanas o las plumas.

Así que solos en el oficio, pero juntos como aprendices, comenzaron a pensar con la cabeza. Londres, París, Berlín... los diseñadores se adentraron en las tiendas más antiguas y artesanales europeas en busca de los mejores materiales para sus primeros diseños. Buscaban aprender de los grandes y conocer desde dentro la complejidad y la pasión del arte de la sombrerería. Difíciles fueron los inicios y no menos duro fue el mantenerse. Mayaya asegura que la receta del éxito se compone de trabajo, trabajo y trabajo, con una pizca de suerte.

Pero cuando se habla de éxito, la vallisoletana explica que además hay que tener una meta clara. Pablo y Mayaya siempre han sabido que querían diferenciarse por ser una marca que hace producciones limitadas, para escaparates o desfiles, convirtiéndose en una firma artesana ligada al lujo. Todo el mundo necesita un empujón, y a la sombrerería vallisoletana le llego por dos vías. Primero, consiguieron inventar un modelo de negocio basado en la producción artesana y en la distribución industrial. Para vender esta idea de mercado comenzaron a asistir a ferias, una decisión acertada que colocó a la firma en el punto de mira del panorama de la moda. Así comenzó el camino de Pablo y Mayaya.

Tratan a cada sombrero como si fuera un hijo, y sus clientes lo saben. Todavía recuerda cuando en su piso en la calle Valdeón los primeros personajes públicos llegaban para hacer pedidos. Este fue el segundo paso. La marca nunca ha invertido en publicidad, ya que el boca a boca siempre les ha funcionado como sistema de comunicación. Mayaya afirma que «nunca han vendido humo» y que en el taller siempre se coge el teléfono, son «cercanos» y quién mejor que los propios diseñadores para contestar personalmente sobre cualquier duda de las piezas.

En cuanto a timbrazos, la vallisoletana recuerda la llamada del primer pedido importante. Fue la Duquesa de Alba quien ordenó el primer tocado, un detalle que la diseñadora recuerda por el repunte de pedidos que llegó después. La modelo Isabel Sartorius también fue de las pioneras en marcar tendencia con un sombrero de Pablo y Mayaya, sin olvidar a la reina Letizia que lució modelo en la primera boda de protocolo a la que asistió entre el Príncipe Guillermo y Kate Middleton. Una larga lista y una fiel clientela que se conserva y se amplia con los años.

Un paso más en el mundo de las tendencias y la moda en el que los vallisoletanos se han ganado un hueco. Participan en desfiles nacionales e internacionales y colaboran con grandes diseñadores como Pedro Morago, Andrés Sardá o Ángel Schlesser. En España no hay tradición por la sombrerería, ni un protocolo específico como en Reino Unido sobre cómo deben utilizarse o llevarse en cada evento, una piedra en el camino que Pablo y Mayaya también supieron saltar. Y para superar esos muros imaginarios, pero a su vez reales, la diseñadora asegura que es necesario formarse continuamente en técnicas, materiales y formas.

Con el paso del tiempo, la artista reconoce que no se trata tanto de modificar la forma en la que se realiza la ejecución del sombrero, sino de mejorar la precisión de las técnicas con las que se lleva a cabo, técnicas como el pintado. Aunque, según expone Mayaya, también se trata de que se produzca una evolución constante en un producto tan pequeño como un sombrero. Por ejemplo, la vallisoletana lo compara con un plato de comida, «son muchas elaboraciones diferentes que juegan con las texturas, los colores y los tonos», añade. Y de sabores, de colores, de vida, recuerda uno de sus viajes a la India. ¿Se imagina un sombrero con clavo o con las semillas del azafrán?, la pareja creó a través de esta idea una colección nueva.

La moda está conectada con la cultura: literatura, escultura, cine, teatro. Sinergias que se retroalimentan y que Mayaya utiliza para estar en continuo trabajo productivo. Con modestia, la vallisoletana asevera que otra de las funciones de su marca ha sido la de «contribuir» en el sector de la sombrerería. Tuvieron que superar un salto generacional, «desde nuestros abuelos a mis hijos, ha habido una generación entera que no ha usado sombrero», pero han conseguido que esta pieza vuelva a utilizarse y a colocarse en un escalón importante dentro de la alta altura costura.

Es verdad, en la actualidad cada vez se aprecian más jóvenes –las conocidas it girls– a las que las cámaras suelen pillar con sombreros cada vez más a menudo. Pero, a Mayaya le gusta diferenciar entre el sombrero artesano –realizado por el oficio de sombrerero, que sabe hacer una pieza desde el inicio hasta el final, con el tinte y la horma– y los productos que se han creado a base de la unión de diferentes materiales que no se han elaborado artesanalmente. Aunque esta percepción en el cambio de las tendencias apoya la afirmación de Mayaya de que «sí que existe demanda en este terreno». Incluso, la diseñadora comenta que para el próximo curso se ha creado un nuevo máster llamado ‘Pablo y Mayaya’, en el que la pareja dará durante nueve meses un curso de especialización en sombrerería con clases prácticas y teóricas. En este oficio llevan décadas viviendo en crisis, por eso la vallisoletana quiere dar ánimo a estos jóvenes que buscan hacerse un hueco en el mundo de la moda.

La diseñadora además subraya que se ha perdido la costumbre del «esfuerzo», en un momento actual en el que sólo rige la «inmediatez» y en el que todo el mundo se considera blogger o modelo.

«Y esto es mentira. Sólo hay una modelo que destaca entre miles, una artista que es la mejor entre todas. Por eso siempre hay que buscar la excelencia a través del trabajo», remarca. «Estamos en un mundo que camina entre el lujo y el low cost», señala.

Es diseñadora, madre, esposa, hija y ante todo mujer, por eso Mayaya sabe bien que cada fémina está hecha para llevar un tipo se sombrero único, por su personalidad, la forma de su cara o su estilo. Asimismo, la vallisoletana enaltece la función del sombrero de proteger a quien lo lleva de las inclemencias temporales, de establecer quién es o a qué se dedica una persona–como la corona de un Rey o la gorra de un policía– y de identificar a un país por su cultura. Son 25 años trabajando en el sector, recuerda.

Aunque dejando a un lado el diseño, la elaboración y la venta de estas piezas, Mayaya lo tiene claro. Se quita el sombrero ante cada mujer trabajadora y madre de familia, que cada día tiene que conciliar su profesión con el cuidado de sus hijos. Y, si tuviera que decir un nombre en concreto quizás se quitaría la pieza ante Amancio Ortega o la Madre Teresa de Calcuta.

Una muestra revive los 25 años de la firma

Para celebrar sus más de 25 años de trayectoria está abierta al público una exposición con una amplia gama de los sombreros que la pareja de diseñadores ha creado a lo largo de este cuarto de siglo en São João da Madeira (Portugal) –ciudad con una gran tradición sombrerera y con su propio Museo del Sombrero–. Una muestra que estará abierta a los visitantes hasta el 30 de septiembre y que además se inspiró en la exposición que se presentó en la sala de Las Francesas en 2010 en Valladolid, aunque amplía con piezas nuevas que se han ido fabricando a lo largo de estos últimos años. Bajo el título ‘Tocados por Pablo y Mayaya’, el público podrá disfrutar de casi un centenar de sombreros que ofrecen un recorrido por la carrera artística de los vallisoletanos. Desde las primeras piezas y materiales hasta los últimos detalles y avances en el mundo de la sombrerería. Mayaya subraya que además la exposición se presenta en un lugar «apasionante» y con un gran amor sombrerero, que destaca por ofrecer un turismo diferente ya que en el pasado la ciudad sólo tenía industria dedicada a los sombreros y al calzado. «La fundación de la sombrerería también está de aniversario y querían traer a los mejores cercanos, así que viendo la exposición que se presentó en

Las Francesas nos llamaron» explica la vallisoletana. La pareja posee una colección de piezas únicas que ha ido creciendo y extendiéndose con el tiempo, por eso es tan «difícil» condensar 25 años de historia en una muestra, añade. «Son productos representativos de todas las etapas que hemos vivido», remarca. La diseñadora destaca que los espectadores podrán ver modelos exclusivos de la firma.

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