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Cura del Barco de Valdeorras

Ángel Sánchez Cao: «Si para demostrar mi inocencia tengo que afrontar mi secularización, lo haré»

El religioso, denunciado por abusos a menores, defiende su inocencia y asegura no conocer a sus presuntas víctimas ni los motivos que les mueve para acusarle de pederastia

FELIPE RAMOS / GUILLERMO SANZ / VALLADOLID
14/05/2019

 

Ángel Sánchez Cao (El Barco de Valdeorras, 1953) sigue sin moverse ni un centímetro de su casilla.El párroco defiende su inocencia sin titubear, a pesar de que sobre sus espaldas existen dos denuncias por abusos a menores durante su etapa en el Seminario Menor de La Bañeza a finales de los 70. La segunda de ella propició que el obispado de Astorga le apartara de las parroquias de manera provisional. Desde su obligado exilio, rompe su silencio en los medios y accede a responder a todas las preguntas que se le sirven sobre la mesa, en las que niega conocer a las presuntas víctimas y amenaza con tomar la vía penal, optando por la secularización, si hace falta, para defender su nombre.

Pregunta- ¿Cómo recibió cuatro décadas después la noticia de que un exalumno suyo, Emiliano Álvarez, le había denunciado por abusos siendo un niño?
Respuesta.- Lo primero, decirle que no me consta que el tal Emiliano fuese exalumno mío; lo manifiesta él en su denuncia y en los medios, y hoy usted... Y lo segundo, como falso que es, se puede imaginar cómo me sentí, y me siento, tras dos años de calvario que no se lo deseo a nadie, y ahora apartado del ministerio y alejado de mis feligreses.

P.- Al recibir la primera denuncia manifestó ante sus feligreses que la misma era infundada y defendió su inocencia. ¿Se mantiene en la misma postura dos años después?
R.- Por supuesto. Ahora y siempre. El mismo día en que se me comunicó la denuncia, y con la anuncia del obispo, hice un poder notarial para que un abogado asumiera mi defensa y emprendiese acciones legales contra el denunciante. No se llevó a efecto por la falta de respuesta, aun al día de hoy, por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No obstante, dada la indefensión en la que me he encontrado durante estos dos años, ha llegado el momento de acudir a los tribunales de justicia en defensa de mis derechos.

P.- En el mismo oficio aseguró no conocer al denunciante. Sin embargo, volvió a verse las caras con él en El Barco de Valdeorras. Según Emiliano, usted le dijo «Si te he hecho daño, perdóname» ¿Por qué mintió ante sus feligreses y por qué tenía que pedirle perdón por algo que según usted no ha cometido?

R.- Esto no es así, y duele que se me diga que he mentido a mis feligreses. Malamente he podido verme con alguien a quien no conozco, ni me consta que hubiese sido alumno mío en el seminario de La Bañeza. Y es él quien difunde por los medios que yo le pedí perdón. Un día me llamaron al timbre de mi casa. Al bajar a la calle, este individuo, incumpliendo la prohibición de contactar conmigo y sin respetar el secreto pontificio, me abordó con varios medios de comunicación para grabarme y fotografiarme; se dirigió a mí preguntándome si le conocía y tras mirarle le dije que sí, que lo había visto en los periódicos. Él mismo reveló a este medio, el 13 de diciembre de 2017, su versión sobre el contenido de dicho encuentro, en el que manifiesta expresamente que en ningún momento reconocí los hechos que me imputa y, lógicamente, nunca le dije que me perdonase por ello; eso son palabras suyas que transmitió a los medios poniéndolas en mi boca y tergiversando la realidad. Enseguida me percaté de sus intenciones, me di la vuelta y regresé a mi casa. Eso sí, en todo momento, como también reconoce, me mostré con él receptivo y cordial. Todo esto lo puse al día siguiente en conocimiento del Sr. Obispo, del Vicario Judicial y de mi abogado. Por tanto, que quede constancia de que yo no mentí a mis feligreses ocultándoles un perdón que no tenía que pedir.

P.- ¿Por qué cree que Emiliano decide denunciar tanto tiempo después?
R.- El motivo lo tendrá que explicar el tal Emiliano ante la Justicia. Envidias, venganzas… no lo sé, pero no se puede caer más bajo para ponerme una denuncia así. Nunca en mi vida me he sentido identificado con ese tipo de conductas.

P.-¿Lo ve como una venganza personal hacia usted?
R.-No lo sé, no entiendo nada, pero algo me dice que alguien está detrás de todo esto, por lo que no me queda otra solución que aclarar ya esta infamia ante la Iglesia y la sociedad.

P.- Usted asegura que no conoce de nada a las personas que le han denunciado e incluso insinúa que alguien está detrás de todo esto. ¿Qué puede mover a alguien a denunciar a una persona que ni siquiera conoce, según usted mismo indica, por algo tan grave y quién cree que puede estar detrás de todo?
R.- Es una pregunta que tendrán que contestar los denunciantes; en mi caso, desconozco qué pudo motivarles para difamarme como lo hicieron. Protagonismo, dinero, envidia…, no lo sé. Y quién pueda estar detrás de mis denuncias es un dato para el Juzgado.

P.- Emiliano reconoce que tras pasar por el seminario entró en una espiral de drogas, prostitución... e incluso de un intento de suicidio y le apunta a usted como germen de esa autodestrucción. ¿No tiene siquiera cierto sentimiento de culpa de haber marcado de esa manera tan negativa su vida?
R.- Pero vamos a ver, si es una completa falsedad lo que dice sobre mí, cómo voy a sentirme culpable de algo que no hice. Este hombre me viene difamando continuamente desde hace dos años. Por qué lo hace, él sabrá. Yo no. Y venir a estas alturas con el cuento de que le destruí su vida cuando dice que hace más de cuarenta años sufrió los abusos, es tan absurdo como ridículo. ¿Usted y alguien con dos dedos de frente esperaría tanto tiempo a denunciar una atrocidad así? ¿No, verdad?. Él sí que ha cambiado mi vida con sus falsedades y mentiras.

P.- Desde el primer momento Emiliano insistió en que el caso denunciado no sólo le afectaba a él y que había más presuntas víctimas en el dormitorio. A principio de año, Juan Antonio Menéndez le apartó cuando se presentó una nueva denuncia contra usted, la segunda. En este caso la Diócesis habla de una denuncia «fundada» contra usted, ¿Esta segunda también es mentira? Si es así, nada se le ha escuchado contra la decisión del Obispado de apartarle...
R.- Claro que también es mentira, y supongo que guarda relación con la primera denuncia por datos que tengo. A pesar del inmenso dolor y daño que se me está haciendo, he sido cauto y prudente hasta ahora, con absoluto respeto a la investigación canónica. Pero llegó el momento de hacerme oír y de presentar las querellas contra los denunciantes para defender mi honra y honor, pues los sacerdotes también lo tenemos.

P.- ¿En este caso tampoco conocía al denunciante?
R.- Al igual que el anterior, ni le conozco tampoco, ni me consta que hubiese sido alumno mío en el seminario.

P.- ¿Todos mienten en sus denuncias? ¿Miente incluso el Obispado cuando ve indicios fundados y le aparta del servicio?
R.- Desde luego, en cuanto a mis denuncias todo es mentira y no se sostienen por ningún lado. En cuanto al Obispado, las denuncias exigen un protocolo de actuación de la Iglesia hasta que resuelva la Congregación para la Doctrina de la Fe, y me obliga a guardar secreto pontificio sobre ello. En todo caso, le puedo asegurar que mis denuncias son infundadas. Y si para demostrarlo tengo que afrontar mi secularización, lo haré; la dignidad y honor de una persona está por encima de todo y todos.

P.- ¿Teme que salgan a la luz más denuncias con su nombre?
R.- No puedo descartarlo dado el interés mediático que tiene este tipo de denuncias en los últimos tiempos. De suceder, tendrían la misma respuesta legal que tendrán las dos denuncias en trámite.

P.- Veigamuiños le mostró su apoyo y los vecinos casi se amotinan para respaldarle...
R.- Los vecinos de Veigamuiños, Arcos, Xagoaza y el resto de mis parroquias, con los que llevo muchos años compartiendo actividades pastorales y programas de diversa índole y edades. Todos ellos me conocen perfectamente y pude comprobar que se sienten tan ofendidos e indignados como yo, para los que no tengo más que palabras de agradecimiento y cariño. Se manifestaron en masa en varias ocasiones pidiendo la reincorporación a mis parroquias, y yo les pedí paciencia y comprensión mientras se investigan las denuncias. Los ánimos están más calmados y espero que pronto todo retorne a la normalidad anterior y me tengan de nuevo a su lado.

P.- ¿Por qué salió a mediados de los 80 del seminario de La Bañeza?
R.- Mi preferencia, a pesar de contar con varias licenciaturas, siempre ha sido la pastoral y actividades parroquiales. De ahí que en tres ocasiones solicitase al Señor. Obispo el traslado a una parroquia, a lo que él finalmente accedió, después de nueve años como formador en dicho seminario.

P.- En el mismo seminario trabajó José Manuel Ramos Gordón, apartado por abusar de varios menores. ¿Conocía de las prácticas de Ramos Gordón con los seminaristas? ¿Qué trato tenía con él?
R.- No coincidimos. Él fue nombrado dos cursos después de abandonar yo el centro y nunca tuve conocimiento de ninguna irregularidad o conducta sospechosa por su parte. Mi trato con él, aunque muy esporádico, siempre ha sido muy correcto y normal.

P.- Las víctimas aseguran que sus casos no fueron los únicos dentro del seminario. ¿En algún momento tuvo conocimiento de alguno de ellos o de compañeros suyos que entraran en las habitaciones de los niños por las noches como ellos denuncian?
R.- Nunca. No me cabe ninguna duda de que, de haber sido así, en el seminario se habrían tomado las medidas y decisiones pertinentes.

P.- Varios de los ex seminaristas que han dado el paso de denunciar aseguran que lo que ocurría en el seminario era vox populi,. Algunos incluso fueron testigos y otros explican cómo se han encontrado incluso en aldeas lejanas a personas que sabían lo que había pasado. ¿Cómo es posible que no se pusiera freno a ello desde el interior del seminario?
R.- Le puedo asegurar que durante los años en los que estuve en los seminarios, tanto de alumno como de formador, las conductas de los sacerdotes en cuanto a moral y ética fueron intachables; nunca conocí directamente ni un solo caso de abusos sexuales a menores.

P.- En el caso de Francisco Javier, primer denunciante, se puso a más de una decena de religiosos como encubridores, incluido el rector Gregorio Rodríguez y varios tutores. ¿El problema de la Iglesia no es, precisamente ese, que lleva negando demasiado tiempo los casos de pederastia, cuando no ocultándolo y protegiendo a aquellos que los cometieron?
R.- La pederastia en la Iglesia responde a casos muy puntuales y aislados, teniendo en cuenta que somos millones los católicos que hay en el mundo entero, y es muy reducido el número de casos reales de pederastia, comparativamente hablando, sin que, por supuesto, tenga justificación alguna ni uno solo de ellos por ser uno de los delitos más execrables que existen. La naturaleza humana es capaz de lo mejor y de lo peor; y mal que nos pese, los miembros de la Iglesia formamos parte de la condición humana; nadie querría delinquir, y sin embargo hay un código penal para aplicar a los actos humanos. Ocultar o proteger a un pederasta es tan punible como quien la comete, y quien así actúa ha de tener un castigo ejemplar.

P.- ¿No cree que el tiempo de pedir perdón ya ha pasado y es hora de investigar y castigar a los presuntos pederastas?
R.- Nadie tiene que pedir perdón por algo que no hizo, y respecto a investigar y castigar a los presuntos pederastas, le aseguro que yo siempre he defendido y defenderé hasta donde me sea posible todo lo que sea perseguir y castigar la pederastia, sin excepciones, de la misma manera que también soy partidario de que rindan cuentas ante la Justicia quienes de forma miserable ofenden y degradan a las personas.

P.- Uno de los acusados de encubrimiento, Javier Redondo, es quien le sustituyó en sus labores en El Barco. ¿Cree que la Iglesia tiene manga ancha con los acusados de encubrir?
R.- En absoluto. La Iglesia ni tiene manga ancha, ni sería permisible dársela. Respecto a Don Javier Redondo tengo que decir que no me sustituyó. Simplemente, como Vicario episcopal, prestó provisionalmente, con la ayuda de otros sacerdotes, la asistencia religiosa hasta el nombramiento del actual administrador parroquial. Y, por otra parte, no me consta que haya sido denunciado como encubridor; acusado, sí; pero sin ninguna prueba de ello, del mismo modo que yo he sido acusado de pederasta y no lo soy. Creo que la Iglesia se está viendo desbordada por tanta opinión gratuita en materias tan delicadas, con lo cual tendrá que salir al paso y sobreponerse a tanta ambigüedad y vaguedad.

P.- Dice que la Iglesia tendrá que salir al paso y sobreponerse a la ambigüedad y vaguedad. ¿Cree que está siendo ambigua en su respuesta frente a los casos de pederastia? ¿Siente indefensión por parte de la Iglesia?
R.- En mi caso, la Iglesia está siguiendo el procedimiento canónico de rigor, como cualquier denuncia a un sacerdote, y espero que se resuelva cuanto antes.

P.- ¿Cree que esa nueva figura de la delegación de víctimas creada por el Obispado de Astorga va a servir para algo o es un simple lavado de malas conciencias?
R.- Por lo que me consta, se ha creado con la finalidad de proteger a los menores y acompañar a las víctimas de pederastia de la Iglesia, con medios e instrumentos necesarios para ello, y debería contribuir en positivo a lograr su cometido.

P.- ¿Qué ha cambiado para que empiecen a ver luz varias denuncias por abusos dentro de la Iglesia?
R.- Entiendo que ello obedece a que se sepa la verdad sobre los abusos que verdaderamente ocurrieron dentro de la Iglesia, y que, por unas razones u otras, no se denunciaron hasta una época reciente. No es permisible que los casos contrastados de pederastia permaneciesen impunes y tabús. El autor, partícipe y encubridor de un delito de esta naturaleza debe responder ante las víctimas, la Iglesia y la sociedad, pero eso sí, con criterios objetivos y razonables, pues la subjetividad en las personas es siempre parcial e interesada y lleva a las injusticias que estamos padeciendo, hasta el punto de que si no ponemos coto a estas situaciones, convertiremos a los sacerdotes en vulnerables cuerpos de delito.

P.- ¿Qué motivación cree que tienen las presuntas víctimas para desenterrar y denunciar sus casos varios años después, sabiendo que judicialmente han prescrito y que canónicamente aún no se ha dado una sentencia de excomunión?
R.- Salvo casos puntuales demostrables, no encuentro ninguna explicación ni motivo que no sean protagonismos personales y/o móviles económicos. Y no me escondo, le respondo por lo que considero me está ocurriendo a mí.

P.- Una sentencia canónica de diez años apartado de la diócesis por abusar de menores, como la de Ramos Gordón ¿le parece justa, insuficiente o desproporcionada?
R.- En mi opinión, siempre y cuando los hechos estén probados, debe cumplirse la ley. Y respecto a la sentencia, ni soy jurista ni soy quién para juzgar a los demás, y mucho menos para establecer una sentencia. No obstante, creo que debe acatarse la resolución judicial. Es más, creo -y ésta es una opinión muy personal- que tratándose de una sentencia probada por pederastia en la Iglesia, tendría que ser excluido del ejercicio público del ministerio.

 

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