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Acordes que acunan en el hospital

Susana se sienta entre las cunas y el chelo empieza a sonar mientras los prematuros se alimentan / Su tesis de la UVA sobre el efecto de la musicoterapia en neonatos busca «demostrar que se puede influir en positivo en los bebés ingresados a través de la música» / Sus constantes mejoran tras escucharla y se muestran más relajados

ALICIA CALVO / VALLADOLID
03/07/2017

 

Cada día improvisaba la melodía. El ritmo cardíaco del bebé más cercano a ella servía de base rítmica para la sesión. Se fijaba en la pantalla que monitoriza sus constantes y lo tomaba como pulso sobre el que ordenar los acordes de su violonchelo.
La música acunaba al grupo de prematuros, mientras sus progenitores o el personal de enfermería les daban la toma de las doce.
Durante dos meses, la violonchelista vallisoletana Susana Velasco no faltó ni un día a su cita, en el marco de su tesis doctoral, con el objetivo de investigar el efecto de la música en neonatos.
Para medir la repercusión en los pequeños, si en realidad la música les afectó de algún modo, Susana anotó sus constantes, antes y después de su visita. La conclusión es que sus melodías sí influían en el bienestar de la treintena de bebés prematuros, y de una manera positiva: relajándolos.
Puntual, cada jornada repetía el mismo ritual. Primero se lavaba las manos para desinfectarlas. Después, entraba en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, del Hospital Río Hortega de Valladolid. Se presentaba a los padres que tuvieran por primera vez a su hijo en esa sala, les contaba su proyecto y les pedía permiso. Una vez conseguido, tomaba nota de los datos de cada bebé. «La música les sienta bien, se relajan», lo afirma esta joven de 32 años, lo comentan los padres y lo constatan sus cifras.
Tras asistir en ese tiempo tres veces a la semana y permanecer tocando «desde que el primero comenzara a alimentarse hasta que terminara el último», entre media hora y tres cuartos, los resultados arrojaron variaciones entre la recogida de datos anterior y la posterior a escuchar la música, y la investigadora lo atribuye al efecto relax por el violonchelo.
Los resultados de esta tesis del departamento de Pedagogía de la Universidad de Valladolid reflejan que la treintena de bebés estudiados presentó «una mejor frecuencia cardiaca, saturación de oxígeno en sangre y frecuencia respiratoria».
El trabajo de investigación también concluye que los que escucharon el chelo tuvieron «un peso mayor el día que se fueron de alta que los que no escucharon música; incluso en conjunto este grupo de niños abandonó antes el ingreso, aunque la diferencia no fue significativa como para sacar conclusiones», apuntan.
Susana cuenta que uno de sus objetivos iniciales pasaba también por «favorecer la alimentación». Sin embargo, aclara que la dificultad de medir este parámetro hace que sólo constate «indicios», pero «no resultados concretos».
La tesis doctoral la han dirigido los profesores de Trabajo Social María Jesús Pérez Curiel y del área de Música Enrique Cámara de Landa, que señalan que «la música puede contribuir a mejorar algunos parámetros biológicos, probablemente, relacionados con un estado de mayor relajación».
Aunque Susana reconoce que silencio total «no había nunca», sí describe un entorno tranquilo. El indicador que revela por colores, como en un semáforo, si se superan los decibelios permitidos en la estancia, nunca cambió el verde por ningún otro tono. Le ponía la sordina y se lanzaba a improvisar. Apenas tocó composiciones conocidas. El latido del bebé le guiaba por piezas nuevas. «Lo ideal hubiera sido poder haberlo hecho individualizado, pero la sala no lo permitía porque están todos juntos», expone.
Hubo sesiones en las que tan sólo había dos o tres neonatos, frente a otras más concurridas en las que una decena de bebés prematuros permanecían ingresados en este servicio.
De su contacto con esta realidad también extrae experiencia. «Ves que es duro y que los padres lo pasan mal y da reparo, pero cuando sabes que van saliendo adelante es genial. Me gustaba mucho pensar que estaba ayudándoles un poco», comenta.
Llevar a cabo esta iniciativa le reportó «muchas alegrías» a esta licenciada en Psicología, con un máster en musicoterapia, que es hacia donde encamina su desempeño profesional.
Fuera de este estudio concreto, busca también «influir en las personas a través de la música». Trabaja con personas mayores, menores y adultos con discapacidad, y en cada caso el chelo sirve como un instrumento distinto. En unos para estimular las capacidades, en otros para relajarse.

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