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Abierto por vacaciones

Lejos de la costa, en el interior de la península, miles de personas renuncian al ‘veraneo’ para cuidar de sus negocios o para hacer caja de cara al invierno / Son muchos los gremios que hacen su particular ‘agosto’ trabajando a pleno rendimiento los meses de más calor, cuando la mayoría de los ciudadanos disfrutan de su descanso laboral

GUILLERMO SANZ / VALLADOLID
20/08/2017

 

Cuando uno escucha la palabra verano, en su cabeza se construye, como si de piezas de lego se tratara, una imagen con la costa o la montaña como escenario, lejos del estrés del día a día; un espacio en el que hasta una aglomeración de coches se ve con otro color. Sin embargo, cuando la mitad del mundo duerme la otra mitad se levanta y el calor de julio y agosto se convierte para muchos gremios en un horno en el que cocinar un sustento.

Mantener a flote la economía familiar, pagarse los estudios o sacrificar el verano para disfrutar del resto del año. Son muchos los motivos que mueven el motor laboral en verano. Lo que todos comparten es que la playa no es transitable para ellos cuando el mercurio apunta alto.

HELADEROS

Aunque con el tiempo se ha difuminado la idea de que los helados, como las bicicletas, son para el verano, son los meses de más calor en los que los cucuruchos se convierten en un complemento más para turistas y sufridores. Buena cuenta de ello puede dar Antonio Iborra, que continúa una tradición que lleva en su familia desde que su abuelo decidiera, en 1957, incluir los helados al negocio de la venta de los turrones.
El verano empieza oficialmente enValladolid cuando Iborra abre sus puertas. En ese mismo momento se acabó el descanso para Antonio, que desde los 17 años no emigra a la costa con el calor:«Desde que tengo 17 años paso los veranos enValladolid. Al principio es un hobbie, pero vas asumiendo que es el negocio familiar. Tenemos claro que es en verano cuando tenemos que estar aquí», reconoce.

Sin disfrutar de él en su máxima esencia, el pago por el tiempo invertido se deja ver también en las cara de sus clientes: «Me encanta ver que el 99% de la gente sale de la tienda con una sonrisa», una propina extra para un trabajo bien hecho.

ORQUESTAS

Unas fiestas de pueblo sin música son como un jardín sin flores... algo vacío. Por eso, en las fiestas de verano es cuando más se reclaman los servicios de orquestas como Europea Big Bang que recorren durante los meses estivales el mapa de España de norte a sur y de este a oeste. «Algunos compañeros llevan una vida entera. Este es un trabajo especial, tiene que gustarte porque quema bastante. La gente ve la diversión en el escenario, pero no sabe lo que hay detrás», explica Steven Álvarez.

El cantante explica que el grupo de 15 personas que componen la orquesta terminan siendo una familia para una temporada que empieza en mayo y que terminará en octubre con 90 bolos a sus espaldas, encadenando estos músicos nómadas hasta 20 días seguidos de trabajo sin descanso y acumulando horas de carretera: «Lo más duro de todo son los viajes. Son muchas horas de carretera. Se acumula el cansancio y tiramos unos de otros», confiesa Steven.

FERIANTES

La diversión del verano hace escala en las ferias. Entre carruseles, coches de choque, barracas de tiro y algodones de azúcar pasan el verano cientos de familias cada año, atendiendo la llamada, como lo hacen los buenos superhéroes, de aquellos sitios donde les reclaman. Este es el caso de la Churrería Manolo Junior, que entre sus paredes atesora más de un siglo de tradición familiar que hoy en día sigue viva gracias al trabajo de Manolo, su mujer, María García, y los seis hijos de este matrimonio que dan continuidad al negocio familiar.

Trabajar en familia hace más liviano el no tener verano. Junio, julio y agosto se convierten en una kilometrada a lomos de un tráiler de 18 metros de largo en el que viaja la churrería que regenta Manolo desde hace 60 años y un hogar para toda la familia: «Tenemos dos casas, una fija y una ambulante», bromea la matriarca de la familia, María, que confiesa que el trabajar con sus hijos «alivia un poco» el peso de no tener vacaciones de verano... ni de Navidad, ni de Carnaval, ni de Semana Santa. Octubre y noviembre son dos meses de tregua en un itinerario que les lleva, como buenos feriantes ambulantes, la tradición por toda la geografía española.

SOCORRISTAS

La población de piscinas se multiplica a la enésima potencia en verano. Una avalancha de piscinas municipales, privadas en complejos deportivos y en comunidades de vecinos llegan en verano para quedarse y, con ellas, una demanda de socorristas titulados que velen por la seguridad de los chapuzones. Una sensación que adora María Martín, que lleva doce años (desde que cumplió los 16) vigilando a los pies de una piscina: «Trabajo en verano porque me gusta. Me encanta el mundo del salvamento», confiesa esta socorrista vallisoletana.

María reconoce que «trabajar al aire libre no es como trabajar en una oficina» y destaca en la balanza de los pros «el poder ayudar a las personas». Sin embargo, la otra cara de la moneda toca de lleno en el veraneo: «Cuando libras tú no lo hacen tus amigos, porque no descansas los fines de semana. Libras para descansar, no para irte de vacaciones», explica. Poco peso para la experimentada socorrista.

MONITORES

Pasar los meses de verano en la playa o en el campo, rodeados de actividades deportivas y en donde los juegos son el pan nuestro de cada día podría parecer un paraíso terrenal y a su manera lo es... si eres niño. A su cargo, cada verano se ponen a trabajar miles de monitores de ocio y tiempo libre, encargados de garantizar la diversión y de afinar sus sentidos para que la seguridad sea un campista más.

Pasar los veranos entre niños y monitores ha sido la manera de vivir de Miguel Martín. Como monitor y coordinador casi ha perdido la cuenta de las anécdotas que puede contar y, es que, en su mochila (como buen hombre de campo) guarda la experiencia de 32 años de oficio. «Cuando empecé no tenía dinero para irme de viaje y la manera que tenía para conocer Castilla y León y España era hacerme monitor», confiesa. Poco a poco las cuestas en las sesiones de senderismo se fueron haciendo más empinadas, sobre todo cuando la familia se amplió, un problema que quedó solucionado cuando sus dos hijos empezaron a ir con él a los campamentos.

Miguel, que cumple años en verano lamenta con ironía el no haber podido soplar la vela de la tarta. «Una de las cosas que he aprendido a hacer es a no celebrar mi cumpleaños fuera de casa. Lo hacía para evitar que cien niños me tiraran de las orejas», bromea. Lo que sí es cierto es que, a su juicio, ser monitor de ocio y tiempo libre es «una forma de vida, no un negocio» que necesita de una «persona que la entienda a tu lado», en su caso su pareja.

CAMAREROS

Con el calor aumenta el turismo y la gente que no turistea pasa más horas en la calle. Muchos buscan que el termómetro les dé una tregua en forma de cerveza o refresco. Ese aumento de la demanda tiene como efecto colateral un aumento en la oferta de empleo en bares. Ya sea en la costa o en el interior, el verano recorta centímetros a la lista del paro gracias a personas como Ana Caso que, a sus 18 años, se ha lanzado este año al mundo empresarial.

El motivo que persigue la joven camarera para renunciar a su verano es claro: «Para tener un poco de independencia económica y para sacarme el carnet de conducir».

Entre la barra y la terraza del bar SéptimoArte, en Laguna de Duero, Ana está quemando los últimos días de la temporada de verano, que para ella acabará el 12 de septiembre antes de volver a su vida de estudiante. De hecho, confiesa que un pellizco de su sueldo va a parar a una hucha para pagarse el grado superior que quiere cursar cuando acabe el grado medio de sociosanitario que empezará en pocas semanas.

Cuando llegue septiembre, Ana habrá dejado atrás uno de sus veranos de su vida. Un sacrificio que merece la pena y que se ha hecho más ligero al ver que no es la única de su grupo de amigas que se ha lanzado a probar suerte en el mercado laboral veraniego:«Tengo amigas que están trabajando en verano en bares, tiendas de ropa...», una lección de vida que dejará unos cuantos euros en el bolsillo para los meses de invierno.

BRIGADA FORESTAL

Mientras que media España mira el termómetro para intuir cómo va a hacer en la playa, hay gente que pone sus ojos en el parte meteorológico para saber si el fuego va a castigar o no a la montaña. Así es el día a día de los brigadas forestales, un gremio que en verano se convierten en los vigilantes de la montaña desde el 1 de julio hasta el 30 de septiembre, los meses en los que la naturaleza vive sus peores amenazas.

Pasar el verano extinguiendo fuegos es un trabajo que desempeña un joven brigadista de león desde hace tres campañas, cuando un amigo suyo le animó a hacer las pruebas. Desde entonces, los meses de vacaciones les pasa haciendo labores de base hasta que el teléfono suena y tiene que ponerse el traje de superhéroe para ayudar a extinguir un fuego. «Me gusta la adrenalina de estar a pie de llamas», reconoce este brigada forestal, que explica cómo cada año acude, aproximadamente, a sofocar una media de 20 fuegos.

Al mismo tiempo que la gente huye de los calores extremos del interior y emigra a la región costera, este leonés acude al calor del fuego. El no pisar la playa no es algo que le preocupa: «Yo soy del norte, soy de montaña», recuerda. La temporada de verano sirve para hacer un pequeño depósito para los meses en los que las herramientas de extinción de incendios vuelven a su almacén y los libros toman de nuevo protagonismo. «En mi caso estudio. Hago este trabajo porque me gusta y para sacar un poco de dinero», reconoce este brigadista, que ha enfocado su formación académica al ámbito forestal y que no descarta que, en el futuro, el trabajo de verano se convierta en una forma de vida como técnico brigadista.

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