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El 62% de los jóvenes ingresados por alcohol en Urgencias rechaza ‘ayuda’

El programa Ícaro se topa con la negativa de muchos padres a que sus hijos sean derivados a programas de prevención / La Junta extenderá el piloto desde Valladolid a la Comunidad este año, «con ajustes»

MAR PELÁEZ / VALLADOLID
11/02/2018

 

¿Se imagina descolgar el teléfono y que un médico, al otro lado, le diga que su hijo está ingresado en urgencias intoxicado de alcohol? «Mi hijo no hace esas cosas. Le habrán echado algo en la bebida». «Pero, no puede ser, si no bebe nunca». Estas son algunas de las típicas reacciones entre padres que prefieren cerrar los ojos y autonegar la situación cuando de consumo de alcohol en menores se habla. Pero la realidad es otra.

Y si no ¿cómo se explica que, en un país que prohíbe su ingesta a todo menor de 18 años, sean los 13,5 años la edad media en que comienzan a beber los castellanos y leoneses?

La calle lo sabe, los datos lo corroboran. Los servicios de emergencia de Castilla y León atendieron el pasado año la ‘llamada de auxilio’ de 750 jóvenes menores de 21 años con evidentes signos de intoxicación etílica –180 de ellos en Valladolid–, según los datos facilitados por la Consejería de Sanidad.

Sólo representan el 3,4% del total de atenciones realizadas por Emergencias a esas edades, si bien constituye una «preocupante cifra» a la que hay que dar jaque.

Para ello, las Consejerías de Familia y de Sanidad idearon el proyecto Ícaro-Alcohol. De momento, de forma piloto en Valladolid. El objetivo: concienciar a los menores y a los jóvenes que llegan a urgencias intoxicados por alcohol del peligro de beber y, sobre todo, abrirles la puerta, con el consentimiento previo de la familia o del interesado si es mayor de edad, a un programa social para reconducir esas situaciones.

Sólo entre junio y diciembre de 2017, un total de 46 menores de 21 años de Valladolid ingresaron en las urgencias del Clínico o del Río Hortega con elevados niveles de alcohol en sangre. A todos ellos se les suministró la B12 que reconstituye el cuerpo, y a la mitad se le realizó lo que la Junta ha denominado «intervenciones motivacionales».

Es decir, reciben una charla rápida sobre el impacto que genera el consumo de alcohol en un cerebro en pleno desarrollo y todas esas alteraciones que le pueden ocasionar en las relaciones con su familia, con sus amigos... peleas, accidentes, relaciones sexuales no deseadas, conductas ridículas.

Más difícil resultó convencerles de la necesidad de que acudieran a un dispositivo social para ‘reconstituir’ sus buenos hábitos. A ellos, pero también a sus padres. De hecho, un 62% de los que recibieron esa charla no dieron su autorización escrita para que, en 72 horas, un equipo de Proyecto Hombre se pusiera en contacto con ellos para iniciar de inmediato un proceso de evaluación del nivel de riesgo y valorar así la mejor opción preventiva en función de las necesidades detectadas.

Eso sí, la Consejería de Familia recuerda que en los casos especialmente graves no será necesario el consentimiento paterno para que intervengan de oficio los Servicios Sociales.

«Los padres no asumen el problema. Le restan muchas veces importancia», explica el director de Urgencias del Clínico de Valladolid, Carlos del Pozo Vegas, quien lo achaca a «la normalización con la que en España se trata el consumo de esta sustancia; a esa aceptación social que tiene». Pero «¿usted no se ha emborrachado alguna vez a esa edad?», ha tenido que escuchar Del Pozo en más de una ocasión en el servicio de urgencias.

Otros, abochornados por ver a su hijo en esa situación, rechazan ese dispositivo de prevención porque «no quieren que se les estigmatice», que se piense que su hijo tiene un problema con el alcohol. Otros muchos, ya mayores de edad, directamente «huyen» de las urgencias al despertarse de la borrachera.

La prueba de que el alcohol está «invisibilizado» la aporta la directora del área terapéutica de Proyecto Hombre, Ana Macías. «La gran mayoría de los jóvenes que llegan a nuestro servicio lo hacen por problemas de fracaso escolar, por no respetar las dinámicas familiares, por consumo de cannabis..., pero muchos esconden también problemas de alcohol».

La dificultad de que los jóvenes, bajo los efluvios etílicos en ese crítico instante, den su consentimiento, o de que los padres de menores de 18 años digan sí a la ayuda externa es tal que el Hospital Clínico no ha logrado en esos seis meses derivar ninguno de los 24 casos atendidos al nivel de prevención, tal y como reconoce el director de Urgencias, para quien es necesario repensar cómo se logra el consentimiento escrito y cómo se les convence.

Entre aquellos menores y jóvenes que entraron en urgencias por intoxicaciones etílicas, «no existen diferencias desde el punto de vista social, ni de niveles de renta, ni de clases, ni de estudios, ni entre medio urbano o rural. Tampoco de género». Lo que sí se percibe es que «cada vez llegan pacientes más jóvenes». Si antes era raro encontrarse con alguno por debajo de los 17 años, ahora «es frecuente tener que atender a niños de entre 15 y 16 años», afirma Del Pozo, quien incluso habla de un menor de 13 años ingresado en el Río Hortega.

En una escala de tres niveles, todos los casos de menores de 16 años que ingresen en urgencias por este motivo son considerados de alta gravedad social y por tanto «prioridad alta», con independencia de cuál sea su grado de intoxicación.

En un segundo escalón se sitúan aquellos de entre 16 y 21 años con intoxicación moderada, que hayan reincidido en el último mes, que hayan consumido además otras sustancias, o bien tengan antecedentes personales o familiares de alcoholismo o enfermedades psiquiátricas, hayan ingresado por traumatismos graves o presenten problemas sociales.

A todos ellos se les recomienda que participen en la intervención social. No así a los jóvenes de entre 16 y 21 años con intoxicación leve o moderada, que no hayan consumido otras sustancias (salvo tabaco) y no presenten repercusiones biológicas, psicológicas ni sociales.

Los datos aportados por la Consejería de Familia hablan de que el 71,4% de los menores que entró en este programa piloto presentaba un nivel bajo de riesgo. Un 14,3%, por contra, tenía un nivel moderado de riesgo que requería una intervención de prevención selectiva de media intensidad. Y hubo un 14,3% con consumo problemático de alcohol que requeriría una intervención de alta intensidad.

Tras ocho meses de rodaje, llega el momento del primer balance y la Consejería de Familia considera que ha resultado «favorable» –Del Pozo, más bien, habla de «sabor agridulce»–. Aún así el departamento que lidera Alicia García no oculta que es necesario hacer una serie de «adaptaciones» antes de que se extienda este programa este mismo año, aunque de forma gradual, al resto de provincias castellanas y leonesas.

El primer ajuste será que todos los esfuerzos se concentrarán en los menores de 16 años, y se simplificarán los protocolos de las intervenciones motivacionales para «facilitar la labor de los profesionales de urgencias». Para tratar de que más familias den el consentimiento, se elaborarán vídeos para que los profesionales den esas charlas a pie de cama, se hará más comprensible el documento que deben firmar las familias y se estudiarán «nuevas fórmulas de consentimiento que sean legalmente posibles».

Y mientras llegan casos con cuenta gotas al último escalón del programa, a Proyecto Hombre, esta asociación no para de recibir sus propios pacientes (118 jóvenes en Valladolid el último año). Macías muestra su preocupación no sólo porque «hay muchos adolescentes», sino por la forma de beber: un atracón de cuatro o cinco unidades en menos de dos horas, con el impacto que esto provoca en el sistema nervioso. Y por ello reclaman que se intensifiquen los controles para impedir que los menores compren alcohol. «Cuanto más tarde empiecen, mejor».

CIFRAS DE CONSUMO DE ALCOHOL EN MENORES

Edad de inicio. Los castellanos y leoneses se adelantan al consumo de alcohol. La edad de inicio se sitúa en los 13,5 años, algo más pronto incluso que en España.

Llamadas de emergencias. Durante el año pasado, los servicios de emergencia atendieron en Castilla y León a 750 jóvenes menores de 18 años por intoxicaciones etílicas. De ellos, una cuarta parte tuvieron lugar en Valladolid.

Proyecto Ícaro-Alcohol. 46 menores de Valladolid participaron de junio a diciembre del pasado año en el proyecto Ícaro-Alcohol, promovido por las Consejerías de Sanidad y de Familia para tratar de dar una respuesta social a aquellos menores de 21 años que ingresan en las urgencias.

 

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