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Tierra de oportunidades

SANTIAGO APARICIO SANTIAGO APARICIO
11/04/2016

 

El INICIO DEL nuevo ejercicio económico está planteado bajo el prisma de expectativas optimistas, en cuanto a la posibilidad de la economía española de avanzar de forma más intensa en la reciente recuperación económica, hacia su consolidación. Estas favorables previsiones ya han sido recogidas por el Indicador de Sentimiento Económico (ISE), publicado recientemente por la Comisión Europea, donde la confianza en la economía española, mostrada por consumidores y empresarios, logró el pasado mes de diciembre los 112,4 puntos, nivel que no se había alcanzado desde marzo de 2001. Igualmente, todos los indicadores económicos apuntan que en 2016 se mantendrá el crecimiento del PIB y del empleo, con la consecuente continuación de la recuperación económica.

No obstante, quiero destacar una cuestión, que en estos momentos preocupa enormemente al empresariado, y cuyo devenir puede afectar notablemente a estas favorables previsiones. Me refiero a la urgente necesidad de erradicar el clima generalizado de incertidumbre –generado a raíz de los resultados de las últimas elecciones generales–, con el establecimiento cuanto antes de un Gobierno estable, sin duda necesario para continuar avanzando en términos de crecimiento económico y de creación de empleo, y que tendrá que profundizar en las reformas estructurales emprendidas para poder apuntalar la recuperación económica.

Castilla y León, aunque lógicamente no es ajena a los sucesos nacionales ni internacionales, sigue su propia estructura productiva, su dimensión geográfica y poblacional y su configuración institucional y funcional hacen que pueda cabalgar en cierto modo a su propio paso. Nuestra Comunidad luce por la elevada talla de su sector empresarial, que ha continuado demostrando que son precisamente sus principales valores –esfuerzo, responsabilidad, compromiso, constancia y saber hacer-, los que le están permitiendo remar sin cesar hacia adelante en esta contra corriente que hemos vivido los últimos años, primero trabajando muy duro para sobrevivir, y después, reinventándose constantemente en términos de financiación, innovación, diversificación o internacionalización.

Esta tierra cuenta con una potente y competitiva industria agroalimentaria, puntera también a nivel nacional, dotada de gran diversidad de subsectores, que imprimen a sus productos una elevada calidad, especialización e innovación, además de valor añadido diferencial. Su exponencial crecimiento en su apertura al exterior también está haciendo que los productos agroalimentarios castellanos y leoneses se conozcan en otros mercados y compitan a nivel global, que está acelerando la generación de proyectos innovadores, impulsores de la inversión y del empleo.

El sector de automoción, componentes y equipos continúa avanzando con fuerza, liderando también en el área internacional, y destacando por su efecto tractor sobre otras ramas industriales y de servicios, especialmente en el mercado local, ejerciendo de palanca impulsora sobre las mismas. Al mismo tiempo, refuerza su enfoque en la necesaria I+D+i, desarrollando un importante conocimiento científico y técnico vinculado al desarrollo de la actividad en este sector y en toda la rama metal–mecánica, donde también es necesario destacar el papel estratégico, dinamizador e innovador de la industria aeronáutica.

El interés y vigor que está desplegando la biotecnología en sus distintos ámbitos, el sector químico- farmacéutico o la industria TIC, son muestra, además, del nivel de vanguardia que presentan las empresas de la región, al llevar por bandera la apuesta firme por la investigación y la innovación.

Por otra parte, la industria vinculada al turismo, tanto cultural como gastronómico, tiene un gran potencial de crecimiento y de desarrollo de nuevas oportunidades de negocio, como muestra su favorable trayectoria y su capacidad de innovación y adaptación a un mercado cada vez más exigente, donde el despliegue de infraestructuras de telecomunicaciones y transporte tendrán que apalancarse en potenciar a este sector.

Castilla y León es, además, tierra de recursos endógenos –minerales, metales, productos micológicos y forestales– cuyo aprovechamiento ha sido importante, pero que aún se ha de impulsar, al ser éstos también motores de actividad empresarial especialmente en las zonas rurales, ejerciendo así un papel fundamental en la fijación de población en estas áreas.

Nuestra Comunidad también es líder en producción energética, aunque aún debe bascular hacia un mix energético donde convivan todo tipo de energías, con el fin de contribuir al abaratamiento de los costes energéticos. Posee numerosas y punteras empresas en este ámbito que, además de desarrollar tecnología, están internacionalizando con éxito su negocio. Por ello, es fundamental que la minería energética, la energía hidráulica, las energías renovables así como la exploración y aprovechamiento de gas natural no convencional deben ser potenciadas y, sobre todo, contar con un marco jurídico estable.

Si Castilla y León posee toda una extensa masa forestal, cuenta también con una importante industria de la madera y el mueble que debe reforzar su apoyo en su proceso de reestructuración e innovación. Una adecuada movilización de los recursos forestales, una mejora tecnológica y un mayor apoyo en la comercialización de estos productos impulsarán el necesario dinamismo del sector.

Justo es mencionar al sector de la construcción por el papel que ha tenido en el despliegue de punteras infraestructuras de toda índole, así como en la mejora del hábitat. Empresas de Castilla y León participan en la construcción de todo el soporte que conlleva el AVE, autopistas, autovías, despliegue de la red de telecomunicaciones, y de infraestructuras medioambientales. Por ello, es necesario continuar apostando por este sector, por la colaboración público-privado, evitando que compute como un aumento del déficit público, y reforzar el apoyo a la rehabilitación y regeneración urbana.

Por último, es destacable el sector empresarial de ayuda a la dependencia y servicios sociales, que viene ejerciendo una función fundamental en estos momentos por la tendencia al envejecimiento de nuestra población, que apenas cuenta con índices positivos de natalidad.

Todo este elenco de oportunidades y aquellas que, por no ser demasiado exhaustivo, no he detallado minuciosamente, imprimen una importante e interesante proyección de futuro, pero que debe ser arropado por un entorno más favorable a la inversión empresarial. Nuestra Comunidad ha visto cómo en estos últimos años ha crecido el número de empresas que han tenido que cerrar, por lo que es necesario que esta tendencia dé la vuelta ya y dotar de mayor dimensión a aquellas que han podido permanecer.

Para ello, deben eliminarse y reducirse una serie de obstáculos con los que diariamente conviven las empresas. Me estoy refiriendo, especialmente, a la necesaria urgencia de reducir los trámites administrativos, así como a la carga fiscal y normativa que, por un lado resta recursos y, por otro, restringe la flexibilidad. Igualmente, es preciso avanzar más rápidamente en la consecución de la unidad de mercado, y también dentro de la Comunidad; además de perseguir con mayor contundencia la economía sumergida y la competencia desleal que en ocasiones depara el papel subsidiario no ejercido por todos los servicios públicos. Lógicamente, todo ello nutrido de un fluido sistema financiero que apueste por proyectos empresariales, y que además acoja a nuevos instrumentos de financiación complementarios a los ya tradicionales, como es el caso de la reciente presentada Lanzadera Financiera de Castilla y León, una herramienta innovadora y necesaria que facilitará circulante a las empresas y que todos los proyectos que sean viables puedan ser una realidad.

Castilla y León cuenta con empresas sólidas y punteras, tiene recursos y todo un gran potencial, pero hay que avanzar de forma más intensa hacia la consecución de un sector industrial fuerte y competitivo, y apostar de forma decidida para todas las empresas puedan ser partícipes de la industria 4.0.

Es preciso que se trabaje hacia una dirección, con el objetivo de mejorar la competitividad empresarial, conformada por una apuesta decidida y efectiva por la innovación, la inversión en tecnología, la retención y atracción del talento, y la internacionalización de las empresas. Por tanto, es necesario favorecer un ecosistema que impulse actividades de mayor valor añadido, generación de conocimiento y valor, y que las empresas ganen tamaño para ser más competitivas, a través de fusiones, absorciones, etc. Este entorno es indispensable para acelerar la generación de riqueza y la creación de empleo.

Castilla y León debe ser un territorio más proclive a la inversión empresarial, capaz de atraerla y retenerla, con el fin de que se dote de nuevas actividades y se integren nuevos modelos de producción sostenibles e innovadores, portadores de talento, de desarrollo científico y tecnológico. Es, por ello, importante que confiemos en todos aquellos empresarios de origen castellano y leonés que en su día tuvieron que emigrar, y hoy son una referencia en el exterior, ya que estoy seguro de que serían receptivos a impulsar inversiones en nuestra región, colaborando así en la transformación de la economía de Castilla y León para situarla en la vanguardia de España.

 

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