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Somos, pues ejerzamos

EDUARDO ÁLVAREZ EDUARDO ÁLVAREZ
11/04/2016

 

HAN TRANSCURRIDO nada menos que 33 años desde que Castilla y León abriera los ojos y comenzara a ver la luz y, a pesar de la consistente madurez alcanzada en este tiempo, todavía hoy seguimos apelando a la inspiración para que nos revele, ¿quiénes somos y hacia dónde caminamos? Han pasado 33 años, pero seguimos preguntándonos aún si Castilla y León es una comunidad cultural con raíces más profundas que la propia entidad política que la ampara. Hemos compartido ya 33 años y, pese a ello, nos sigue sobrando espacio y nos sigue faltando la autoestima necesaria para entender que, a pesar de las dificultades para entrecruzar un territorio tan desmesurado, Castilla y León es mucho más que una identidad o un mapa político: es un proyecto de convivencia real y útil que reivindica lo cercano para las personas.

Quizá todo esto suceda porque todavía hoy, después de 33 años, no somos lo suficientemente capaces para reconocer que la nuestra, es una tierra infinita y plural, de gentes honradas, coherentes y cabales. De fachada recia y alma tierna. Sin aristas. De gentes laboriosas, tenaces, generosas, fieles a sus orígenes y a las que, jamás, la altitud de la Meseta les ha provocado mal de altura. Gentes, como dice con maestría, El Viti, «de carácter bravo y noble», pero, en ocasiones, de lamento silencioso y estéril. Un territorio sin curvas, que decía Ortega y Gasset; Desamueblado, como lo describieron Unamuno o Machado, y donde como afirmaba, Cossio, el horizonte es el cielo. Para estremecerse con «un paisaje único, increíble y siempre sorprendente» como el que retrata el prodigioso ojo del fotógrafo Eduardo Margareto.

Castilla y León, maridaje de culturas, donde, todavía hoy, 33 años después, no hemos enterrado los vestigios de estereotipos manoseados y retorcidos, para alcanzar una síntesis feliz entre el idealismo y el realismo que nos permita impulsar, decididamente, nuestras fortalezas y nuestros vínculos, sin olvidar que siendo mucho lo que nos une, Castilla y León también nos impone el respeto a lo que nos distingue, alimentando la capacidad de pensarnos y sentirnos en Comunidad, aunque, a veces, como sostiene Joaquín Díaz, el notario de los sonidos de nuestro terruño, sonemos «como ese coro de muchas voces que desafina no por falta de ensayo o dureza de oído, sino porque nos cuesta escuchar al que canta a nuestro lado». Escuchar para construir desde el conocimiento de las partes, ese es el papel que durante estos últimos seis años ha desempeñado Castilla y León Televisión, un modelo único y ejemplar de televisión que ha proyectado con naturalidad y con orgullo lo que somos y lo que representamos.

Somos la segunda región más grande de la mayor Unión Política, Económica y Monetaria del mundo, la Unión Europea; Somos la cuna del segundo idioma más hablado del planeta –los cartularios de Valpuesta son los documentos en los que aparecen las primeras palabras del castellano–. Somos la región del mundo con el mayor número de Bienes Patrimonio de la Humanidad –un total de ocho-. Castilla y León acapara 1.800 bienes de interés cultural, 1.000 monumentos protegidos, 500 castillos, 400 museos, 340 rutas culturales, 139 conjuntos históricos, 137 yacimientos arqueológicos, 12 catedrales y 7 conjuntos etnográficos. Somos el granero de España, con el 40 por ciento de toda la superficie cosechada; el mayor pulmón del país, con más del 50% de toda la superficie forestal; y el bosque de Urbión, modelo de Europa, es la masa arbórea más extensa de toda la Península Ibérica. Somos la región con más kilómetros de cauces fluviales de la Península y la comunidad autónoma con más Parques Nacionales y Espacios Naturales. En Castilla y León contamos con más de 200 montañas que superan los 2.000 metros de altitud. Somos el principal enchufe de España porque generamos la mayor producción de kilowatios de energías limpias; la Comunidad que cuenta con más kilómetros de autovías y la que tiene más kilómetros de Alta Velocidad. Somos la región con mayor tradición gastronómica de España; la Comunidad con más denominaciones de origen vitivinícolas y la que suma más marcas de garantía, 63. Y, por si esto fuera poco, nuestros fogones son el origen de más de 12.000 recetas inventariadas. Estos son, sólo, algunos de los titulares gruesos de esta región larga y ancha, que no limita con más comunidades porque ya es imposible, nueve, y que comparte la mayor extensión de frontera con Portugal, tamaño que nos otorga una diversidad descomunal, una concentración de riqueza irrepetible en cualquier otro lugar de la tierra.

Tamaño con desequilibrios, sin duda, pero donde nuestra forma de ser nos ha permitido, desde el oficio de un discurso coherente y moderado, avanzar en una Castilla y León que «es un gran pacto de sus ciudadanos por la convivencia, el diálogo, el acuerdo, la libertad y la cohesión territorial y social» como defiende, José Antonio De Santiago- Juárez, una de las mentes más audaces de ese autonomismo útil patentado y liderado por Juan Vicente Herrera. Por todo ello, hoy, somos el contrapunto a una España sin rumbo y huidiza de su propia esencia, la que, en cambio, sí cobija esta tierra. Tanto es así, que hasta José Jiménez Lozano, uno de ‘nuestros Cervantes’ y uno de los hombres más sabios que habitan por estos lares, opina que «"si España se difuminase del todo, sólo podría salvarnos la vieja hermosa lengua española que perviviera sobre el español actual». Cierto, 33 años de comunidad en los que nuestros políticos de todas las siglas y colores han demostrado responsabilidad, compromiso y una extraordinaria y lúcida altura de miras.

La opinión sobre Castilla y León no sólo sopla hoy en día a favor en nuestro país, sino también en el exterior, porque en un mundo globalizado y abstracto la genética castellano y leonesa ha alcanzado un reconocimiento universal: En casi cualquier avión al que uno se suba habrá una pieza fabricada en nuestra región. Desde Valladolid se controla el primer satélite privado que se lanzó al espacio. Y si uno ve un tejado de pizarra en cualquier parte del planeta, casi con total seguridad sea made in León. Pero, además, una de las tres primeras compañías mundiales de intercambio de moneda es de Salamanca; el 80 por ciento de las plantas que producen fresa en los países mediterráneos nacen en Segovia, mientras que el 10 por ciento de todas las manzanas nacionales lo hace en Soria. Las fábricas de aperitivos más grandes del país se encuentran en la región, así como la mayor exportadora de miel, o el mayor criadero de langostinos nacional. Entre las multinacionales con raíces en Castilla y León hay líderes mundiales en automoción, bienes de equipo o farmacia, por mencionar sólo algunos ejemplos.

Es verdad, han pasado ya 33 años y, como dogmatiza desde la más profunda humildad, con casi un siglo de vida, Venancio Blanco, el más importante escultor español del siglo XX, «las gentes anónimas de esta tierra se siguen despertando con las estrellas y después de un día en el tajo vuelven a descansar cuando se duerme ya el sol, con un espíritu que incorpora a la Naturaleza, el legado de su arte, de sus tradiciones, de su lengua, trascendiendo sus fronteras». «Con la certeza y el orgullo de la raíz. Sin nubes, ni cartón. Todo a cielo abierto, sin impostar», como subraya Ana Pérez, una jovencísima periodista vallisoletana que nos ve a 12.000 kilómetros de distancia. De ahí que, más allá de que Castilla y León sea la tierra donde algunos hemos sembrado y cultivado nuestros más apreciados afectos, y donde decidimos construir nuestro proyecto de vida, ésta sea, objetivamente, una tierra tremenda que «puede ir más deprisa», que «necesita más sentido de equipo», pero que es, ante todo, una tierra inspiradora, repleta de oportunidades si visualizamos el somos y …33 años después, ejercemos, en una Comunidad por la que merece la pena levantarse cada mañana para seguir avanzando entre todos.

 

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