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Hacia el resurgir empresarial

ISIDRO ALANÍS ISIDRO ALANÍS
20/04/2016

 

HACE 25 AÑOS, cuando nacía la cabecera de El Mundo en Castilla y León, yo tenía 18 años y comenzaba mis estudios universitarios en la Facultad de Empresariales en la Universidad de Salamanca. Creo que desde el primer día, al entrar en el aula de Fonseca, abarrotada con cerca de 200 estudiantes, entendí que la formación que nos iban a dar estaría muy lejos de una enseñanza dirigida a convertirnos en futuros empresarios.

A los pocos días, pude confirmar que lo único que había en la facultad de empresariales enfocado al empresario era el nombre. El plan de formación y profesorado eran meros instrumentos para dar títulos a un grupo de jóvenes que asistía a las clases para obtener un diploma, pero con una formación escasa y nada práctica.

Yo tenía una verdadera vocación empresarial y quería formarme con las herramientas que me dotaran de los conocimientos teóricos básicos para estar lo mejor preparado posible y poder así afrontar mis aventuras empresariales. Por ello, decidí irme a Madrid a estudiar en una universidad privada cuya formación fuese práctica y adaptada al mundo real de la empresa.

Esta experiencia define claramente, bajo mi criterio, lo que era nuestra comunidad hace 25 años: una región donde la apuesta por el tejido empresarial era escasa y los planes de los jóvenes se reducían a ver cómo podían trabajar en la administración pública, o en el mejor de los casos, en alguna entidad bancaria, preferiblemente en una Caja de su ciudad, ya que si “te colocabas tenías el trabajo fijo para toda la vida”. Querer ser empresario y tener esa vocación era considerado como una anomalía por la inmensa mayoría de la población.

Hoy, 25 años después, cuando tengo la oportunidad que me brinda el Mundo de recordar este periodo en nuestra región, tengo la sensación de que hemos avanzado muy poco y lo hemos hecho de manera muy lenta. Por desgracia, aún hoy seguimos sin apostar por el motor que nos posibilitaría avanzar como sociedad y recuperar la importancia demográfica, política y económica de nuestra comunidad: el tejido empresarial y los empresarios.

La fijación de población es uno de los problemas fundamentales que tenemos que afrontar en Castilla y León de cara a los próximos años si no queremos quedarnos como una región anciana y sin soporte productivo que genere los recursos necesarios para seguir afrontando el estupendo estado de bienestar del que hoy disfrutamos los castellanoleoneses. Esto sólo es y será posible con la creación de puestos de trabajo, y éstos debe generarlos fundamentalmente la iniciativa privada, es decir, el empresario.

Este axioma será la clave de nuestro futuro: o creamos los fundamentos para la creación de empresas en Castilla y León o ni la función pública, ni los trabajos tradicionales “estables” podrán frenar nuestro principal problema: la despoblación de nuestra tierra. Necesitamos medidas urgentes, claras, sin tapujos, sin complejos y con visión de futuro para realizar un plan a largo plazo en el que se tenga como único objetivo la creación de nuevas empresas que se arraiguen en nuestras ciudades, en nuestros pueblos y que nos permitan seguir viviendo en esta magnífica región en la que hemos tenido la suerte de vivir.

Pero esto no se puede hacer de hoy para mañana, la solución no radica en dar más o menos subvenciones para los proyectos empresariales, no es una cuestión de un partido político concreto, no es una estrategia cortoplacista, sino todo lo contrario. Es imprescindible tener una visión de largo plazo y lograr un cambio de mentalidad de las próximas generaciones.

Para conseguirlo es preciso un gran compromiso de los partidos políticos de la región por el que se comprometan a apoyar y continuar, en el caso de que haya un cambio de gobierno, las políticas fijadas para la creación de empresas. Además, hace falta una apuesta de largo plazo con la formación como pilar fundamental, introduciendo de manera activa, desde al menos el ciclo de secundaria, la promoción de los valores y aspectos fundamentales que aporta la empresa a nuestra sociedad.

Por otro lado, veo imprescindible introducir de forma real una educación bilingüe en nuestro sistema educativo, para que el 100% los jóvenes salga con un conocimiento del inglés adecuado para la comunicación en este idioma. En mi opinión, hay que realizar la inversión necesaria para esta transformación, ya que nuestros jóvenes se enfrentan a un mundo global, donde el dominio del español y el inglés les dará una ventaja competitiva muy destacada sobre otras nacionalidades.

No podemos dejar de lado la necesidad de un cambio radical en nuestras universidades públicas, al menos en las materias que tienen relación con las carreras del área “Administración de Empresas”. Dicha transformación pasa por convertirlas en carreras de formación activa para vocaciones empresariales. Hay que comenzar disponiendo de un profesorado que conozca y tenga la visión de la empresa privada, y que haya demostrado fehacientemente su desempeño en el mundo empresarial.

Hay un gran trabajo por tanto que hacer en esta área, pero es apasionante marcarse retos a 20-25 años también en la Universidad. A mí, como salmantino, me encantaría que la Universidad de Salamanca, cuyo prestigio mundial fue durante muchos siglos un sello de identidad, (en el 2018 celebrará su VIII centenario), vuelva a ser en las próximas décadas uno de los mejores centros del área de Gestión y Administración de empresas a nivel mundial, un referente y modelo de enseñanza, al nivel de las prestigiosas universidades americanas o inglesas.

Para lograr esa Castilla y León necesitamos, además, un programa agresivo, eficaz y atractivo de incentivos fiscales para todas las empresas que inviertan en nuestra Región. También hay que trabajar para que nuestro tejido empresarial aumente de tamaño, y para eso tenemos que incentivar el crecimiento de nuestras compañías para que se conviertan en medianas y/o grandes empresas.

El aumento de la competitividad va directamente relacionado con el tamaño, y es un punto vital para competir en los mercados internacionales, donde lamentablemente la mayoría de empresarios de la Región no se atreve a entrar.

También necesitamos reducir la presencia del sector público en la actividad empresarial, suprimiendo de forma drástica toda la vorágine de regulaciones autonómicas, provinciales y locales a las que las empresas se ven sometidas. El exceso regulatorio afecta a cualquier decisión de cualquier sector, haciendo en muchas ocasiones que fracasen los proyectos empresariales.

En definitiva, precisamos promover todos los activos de nuestra tierra que nos llevarán a un futuro lleno de retos y de éxitos en el mundo empresarial: la idiosincrasia del castellanoleonés como persona seria, trabajadora y de fiar; las grandes infraestructuras que tenemos en nuestra región; la gran diversidad de nuestras provincias; el gran potencial turístico de nuestras ciudades y pueblos; el factor competitivo de nuestra región en el sector automovilístico o en el sector agroalimentario, que es puntero a nivel nacional. Debemos presentarnos como el gran centro de aprendizaje del español en el mundo.

Mi anhelo es que dentro de otros 25 años, en 2041, cuando se celebren las bodas de oro de El Mundo de Castilla y León, se me invite de nuevo a reflexionar sobre nuestra región y pueda decir con orgullo que hemos realizado la transformación económica que necesitamos y que el valor del empresario en nuestra región haya sido la clave de ese nuevo resurgir de esta tierra, que tan importante ha sido en el pasado de España y que estoy seguro volverá a serlo en el futuro.

 

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