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Reinventarse o morir

GLORIA FDEZ. MERAYO GLORIA FDEZ. MERAYO
28/03/2016

 

HABLAR DE CASTILLA y León en el siglo XXI es hacerlo de nuestras gentes, nuestros paisajes, nuestras ciudades y pueblos, nuestra industria, de nuestro patrimonio y el Camino de Santiago, de la contribución de esta tierra a la gobernanza de España.

Nuestra Comunidad y sus gentes se han visto muy afectadas por la crisis económica, y aunque se vislumbran signos de recuperación en muchas zonas de Castilla y León, a muchas otras aún no ha llegado. La falta de empleo en los jóvenes y las dificultades por las que pasan muchas familias suponen hoy el día el mayor reto para los gobernantes.

Hoy más que nunca a los políticos nos corresponde recuperar la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en la labor política, entendida como servicio al bien común y a los ciudadanos. Los cargos públicos y gobernantes tenemos la obligación de trabajar dejando a un lado los intereses partidistas, aunando esfuerzos para emprender todos juntos proyectos serios y con vocación de futuro que pongan a Castilla y León en la primera línea del desarrollo económico, cultural y social.

Castilla y León, con sus más de 90.000 kilómetros cuadrados y su gran diversidad paisajística, es la región más extensa de Europa; pero ello no ha de ser un inconveniente, sino que hemos de verlo como una ventaja. Igual que la fuerza de la provincia de León está en la riqueza y variedad de sus comarcas y sus gentes, la fuerza de nuestra Comunidad ha de residir en la fuerza de todas y cada una de sus provincias.

En estos momentos la Junta de Castilla y León ha iniciado una empresa de vital importancia vinculada a la articulación del territorio. Nuestra Comunidad es un organismo vivo gracias al esfuerzo de nuestras provincias, comarcas y territorios que la componen. Por eso las inversiones y ayudas institucionales no se pueden fijar solo con arreglo únicamente a criterios de población o economicistas. Hay que pensar en términos de rentabilidad social, entendida como el bienestar de los ciudadanos.

Si hay una prioridad absoluta en estos momentos es la lucha contra la despoblación, y esta lucha está íntimamente ligada a la oferta de trabajo y oportunidades para nuestros habitantes. Y así nos encontramos con retos a los que la historia ya nos enfrentó hace siglos y del que supimos salir. Nuestros antepasados ya tuvieron que hacer frente a la repoblación de las tierras conquistadas y supieron hacer ofertas atractivas que atrajeron pobladores de todos los rincones de Europa. Actualmente nos encontramos ante el mismo reto, hemos de promover políticas y programas que hagan atractiva la instalación de jóvenes familias en nuestras ciudades y pueblos.

Para ser una Comunidad de futuro no podemos conformarnos con mantener la población actual, hemos de contemplar políticas que incentiven el crecimiento demográfico. El mayor activo de una comunidad autónoma o de un Estado, son sus gentes, un territorio despoblado no es más que un espacio vacío.

Hemos de sentirnos orgullosos de nuestra identidad y de nuestro pasado. Los Reinos de Castilla y de León contribuyeron en su momento de forma decisiva a la construcción de España; y para ello no dudaron en poner a sus mejores gentes al servicio de esta empresa. La riqueza de personas y material de nuestro territorio sirvió para forjar nuestra identidad como nación.

Ahora que está tan denostada la idea de España hemos de apostar por un país equitativo, plural y que sepa reconocer que el esfuerzo de regiones como Castilla y León son imprescindibles para la articulación del territorio.

Los habitantes de los núcleos rurales prestan sus servicios a todo el país si residen en territorios como el de Castilla y León, ya que al fijar población previenen los incendios, conservan las carreteras, usan los ferrocarriles... Sin embargo, un territorio deshabitado también tiene que conservar esas infraestructuras, pero el coste es tan elevado que acaba siendo inasumible.

Hemos de sentirnos orgullosos de pertenecer a la España periférica y reivindicar con firmeza que un Estado es mucho más que su capital. Ponferrada es capital de un municipio rural, y a la vez es León y es Castilla y León. El Bierzo ha de ser un puente entre dos comunidades, la de Castilla y León y la de Galicia. De ésta última estamos a un paso y podemos aportar esa cercanía geográfica, social y cultural, en beneficio para ambos. Y, si sumamos nuestra cercanía al norte de Portugal, todo ello nos convierte en un enclave estratégico que no puede ser obviado.

En Ponferrada apostamos por el futuro con proyectos como el desarrollo del Centro logístico, Cylog, como plataforma intermodal de distribución de mercancías. Queremos que sea una referencia en el noroeste. Lo que es bueno para nosotros lo va a ser también para Castilla y León. De igual modo que la fortaleza de cada provincia de esta Comunidad hará una Comunidad más fuerte.

La Junta de Castilla y León tiene que hacer un esfuerzo inversor para que la población se fije. De no ser así, la gente se seguirá marchando, porque cada vez dispondrá de menos servicios. En esta Comunidad sufrimos una sangría poblacional cuando los jóvenes nos abandonan para cursar sus estudios en otras ciudades o en otras comunidades.

Igualmente la administración central debe valorar el esfuerzo que hacemos los ciudadanos de las zonas rurales de Castilla y León para mantener el Estado, y no todo puede medirse en términos recaudatorios. Necesitamos beneficios fiscales a las familias que hacen el esfuerzo de enviar fuera a estudiar y formarse a sus hijos, a las rehabilitaciones de viviendas, que se reconozca con menos impuestos mantener las residencias habituales en las zonas rurales y que se apueste por las zonas periféricas con inversiones reales.

La fuerza de un país es tan grande como la fuerza de cada uno de sus territorios. Todos juntos somos más fuertes y mejores, y podemos avanzar en la misma dirección. Está obsoleto el modelo de una España radial. Castilla y León tiene que establecer relaciones transversales con otras comunidades. Una trama, que teje en vertical y en horizontal, compone una tela, un lienzo perdurable. Sin embargo, cuando todos los hilos convergen en un solo punto, lo que se obtiene es una tela de araña, y eso no es sólido.

Nuestras fortalezas son nuestra historia, nuestras gentes, la calidad educativa, el turismo cultural, educativo, de naturaleza... Podemos fijar población con empresas relacionadas con los biocombustibles, centrales de calor… Y todo ello apostado por los ejes industriales que se han mostrado efectivos, como Valladolid-Burgos-Palencia. En parecida escala de desarrollo nos gustaría que pudiese situarse el eje Ponferrada-León-Zamora.

Para salir de la crisis estamos obligados a reinventarnos, a saber pactar y a hacer proyectos que sumen a distintas fuerzas políticas. Lo que se pacta entre todos tiene vocación de permanencia, tiene mayor estabilidad. Los políticos tenemos que saber crear ilusión y trascender una única ideología.

El futuro de España pasa por el de cada uno de sus ciudades y regiones. España por su territorio e historia no puede concentrarse únicamente en dos grandes ciudades, España es mucho más que Madrid y Barcelona. Tenemos que pensar en el país de los próximos setenta años, y ello requiere consenso para llevar adelante proyectos a 20 ó 30 años, con el compromiso de todos los que son opción de gobierno.

Fuimos capaces de hacerlo en el pasado y ahora se nos ofrece otra oportunidad histórica que estoy segura que con el concurso de todos sabremos aprovecharla. Adelante.

 

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