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Reflexiones sobre la Comunidad

ANTONIO HERREROS ANTONIO HERREROS
07/03/2016

 

UNA MIRADA INTENSA a Castilla y León pone en riesgo nuestra visión. Acaso por eso pasamos de puntillas sin apenas detenernos y profundizar. Triste sino, porque nos necesitamos. Entre otras razones por una muy sencilla, hemos decidido vivir aquí y compartir lo que hay. Muchas otras personas, por tantas otras razones tuvieron que partir y odian o añoran su tierra. Quién sabe. Y aquí surge uno de los problemas y de los retos más importantes de esta Comunidad. Bordeamos los índices universalmente considerados de desertificación (25 habitantes por kilómetro cuadrado).
Sin embargo y al mismo tiempo habitamos la región más extensa de Europa y lo que es más importante su consideración como la segunda del mundo en densidad y valor patrimonial de toda índole. Ahí es nada. Esto puede sorprender, quizás porque nuestra propia desconsideración hace que no lo tomemos en cuenta. Craso error en todos los órdenes, puesto que el simple disfrute de ese patrimonio es uno de los logros más trascendentales que se pueden dar para el ser humano y su desarrollo personal. Añádanse las extraordinarias derivaciones sociales y económicas que se pueden producir de un patrimonio valorizado adecuadamente. Dice y dice muy bien el musicólogo Jordi Saval, «la riqueza de un país no depende de la grandeza de su patrimonio, sino de cómo se la valora», pero contar con materia prima de máximo rango relega solo el asunto a su valoración. Ignorancia o excusa para no hacer. Ejemplo peculiar. El castellano, segunda lengua universal, es el idioma oficial de España, según la Constitución. Bueno, pues siendo originaria de estas tierras, la confundimos con el «español», como si el gallego, el euskera o el catalán no fuesen españoles. Con todo el derecho y por la misma razón se ofertan cursos de «español» en cualquier lugar.
Otro ejemplo llamativo. Cuando los galos se exceden en la valoración de la revolución francesa como la «primera del mundo», 1789, surgen voces británicas recordando la propia «gloriosa» como anterior, 1688, sin tomar en consideración que la comunera precedió a ambas, 1521. Otro tanto en lo referido al parlamentarismo, cuyos orígenes se citan en la convocatoria de Alfonso IX en al actual San Isidoro de León, allá por los años 1188. He ahí las celebraciones sin par en un caso, en otro y en el tercero. Es una llamada a la reflexión a fin de que pueda simplemente alentar un intercambio de opiniones y criterios que orienten las investigaciones y el desarrollo en los aspectos más propios a fin de aprender a valorarlo sin exclusiones.
De ahí la sugerencia de tomar en consideración las fechas de 2021, para la celebración como interesa del V Centenario de la batalla de Villalar, a fin de que no sea la corporación municipal santanderina la que convoque a los municipios de la Comunidad para tal evento, tal como ya ocurrió en 1921. O que sean otros colectivos como en 1821.
Controversias sociales e históricas aparte, la evidencia es que de un modo u otro, estos episodios han quedado grabados en el código mnésico de muchas personas de estas tierras. Es difícil retomarlo de la nada y mantener tanto tiempo y a pesar de las resistencias no solo la conmemoración anual, sino todo el despliegue histórico científico que viene prodigándose de siglos. Era reciente, pero incluso D. Miguel de Cervantes Saavedra en su más famosa obra, El Quijote, alude a «pliéguese a los criterios de la gente o le harán comunidad».
Pues bien, no hay recursos para estas cosas. Es la excusa perfecta. Y es la segunda preocupación mayor de la Comunidad. Por qué no los hay. No me llama en estos tiempos el hacer un relato de los usos indebidos de los recursos en sus diversas formulaciones, cuanto me acuerdo del Sr. Aznar, o de las deudas históricas acumuladas con esta tierra, ni siquiera de la puesta en almoneda de las entidades de ahorro, también me acuerdo del Sr. Villanueva, de los sectores productivos autóctonos que se han ido quedando por el camino por el devenir de la economía de mercado o la simple incuria de diversificar las salidas de los mismos. Valorar y trabajar sobre lo propio sin tener que estar a expensas constantemente de aprender a dar salida a nuestras producciones en virtud de que cundan y lleguen ejemplos o inventos de otros lares.
Es otra reflexión. Si no hay recursos habrá que buscarlos. Las lamentaciones sirven de poco. Banca propia. Mínimo impuesto sobre las transacciones financieras. Sistema impositivo justo y lógico y eso sí, bien explicado. Todo el mundo puede entender que disponer de unos servicios públicos como los existentes e intentar mejorarlos para que, siendo productivos, puedan disfrutarse cuesta y esos costes se traducen en moneda que ha de aportar quien disponga de ella. Por supuesto, atiéndase por quien corresponda y si sirve la sugerencia, ahí está.
Porque la potencialidad de Castilla y León se mantiene en todos los órdenes, e incluso virginalmente incólume, ya que los resortes gubernamentales se han mostrado incapaces de orientar la transformación, acaso por hacer seguimiento de los dictados estatales que orientan sus estrategias a resolver a quienes más demandan o amenazan y no a resolver las necesidades reales y facilitar una vida digna a todas las personas. Esto, no es atribuible al siglo XXI. Viene de muy lejos. Algunos afirman que «desde entonces, 1521, ya Castilla y León no se han vuelto a levantar». Ahora, miramos a la Comisión Europea, que de momento soporta al sector primario a través de la PAC, política agraria comunitaria, pero mientras el sector secundario ha ido feneciendo. Laneras, textiles, harineras, molturadoras, minerías van sufriendo un proceso agónico.
Las producciones agroalimentarias se mantienen y son significativos ejemplos productivos, que han sido tradicionales en Castilla y León como el vitivinícola, el quesero, galletero, etc. y hoy despuntan con gran pujanza. Nacen otros como el automovilístico con gran apoyo del común. Pero, al mismo tiempo, esa Comisión europea con su política es un lastre tremendo para el desarrollo de territorios que lógicamente tiene otras perspectivas, siendo imposible con una moneda única, que difícilmente nos equipara al resto de los países más desarrollados en nada, de tal manera que los tipos de cambio irreversibles que determinaron al implantar el euro, nos agotan. Nos pretenden equiparar en todo, pero no es posible sin hacerlo en empleos, salarios, pensiones, etc. y por tanto andamos a la carrera, pidiendo ayudas que hacen inmensa la deuda y los intereses que nos atrapan de forma inmisericorde. (Ejemplo: 1.96 marcos alemanes equivalían a un euro y en pesetas eran 166, luego el tipo de cambio que en su día era de 40 pesetas/marco, ahora es de 85). Esto da la impresión que se apoya en unas coordenadas precarias. Veremos, pero de momento hemos pasado del Estado del bienestar al malestar como estado.
Sin apreciaciones catastrofistas. Perdemos población a marchas forzadas, siendo más acusado en el sector juvenil, patrimonio prioritario y más importante de todo pueblo. Y conocemos la razón de esta desoladora imagen. Disminuye la población activa, el dinamismo económico respecto de la media, el tejido empresarial de pequeñas y medianas empresas, con salarios inferiores y por más que insistan no se crea empleo. Miramos a la Unión Europea y no contesta, hacemos lo mismo con la Administración General de Estado, Madrid, y tampoco.
Nuestro gran potencial no puede esperar. Hay energía para exportar, patrimonio que rehabilitar y aprovechar para la Comunidad, formación que impartir desde el nacimiento a la universidad, investigación y desarrollo en firme, apoyo cualitativo y cuantitativo a los servicios públicos sociales, sanitarios, educativos, culturales para obtener respuesta aquí de las personas a las que se ha formado.
En definitiva, arremangarse y ejercer una auténtica democracia. Son decisiones políticas y entenderá todo el mundo que las responsabilidades están aquí y son nuestras. Primero han de prevalecer las decisiones para que nos lo creamos y de ese modo vivir en Castilla y León sea una satisfacción para todo el mundo, pero con las necesidades cubiertas. Es un derecho para cada persona y un deber para los gobernantes conseguirlo. En eso han de colaborar aun con más ahínco los medios de comunicación, celebrando los aniversario como y cuando se merecen. Reflexionando. Esto puede ser un buen ejemplo.

 

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