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¿Qué le voy a hacer, si nací en Castilla y León?

EDUARDO GORDALIZA EDUARDO GORDALIZA
01/04/2016

 

NO HACE FALTA esperar a que Castilla y León se convierta en el norte de España para sentirnos orgullosos de esta tierra. Basta con darse una vuelta por el mundo para añorar lo que tenemos. El destino ha querido que naciéramos en Castilla y León, podía haber sido peor… basta con ojear las páginas internacionales de los periódicos, y también mucho mejor…. en…, en… ¿en dónde se vive mejor? ¿En Suecia, en Cataluña? Mi hermana vive en Madrid. Tarda una hora y cuarto en llegar al trabajo, circula a 70 kilómetros por hora por los cuatro carriles de la M 30 y ha estado menos veces en la Puerta del Sol que yo. Se marchó de un pueblo de Tierra de Campos para vivir en otro Campiña madrileña plagado de adosados y vecinos desconocidos. Eso de trabajar en la capital de España tiene mucho empaque, sobre todo en las cenas familiares, suena muy bien, inversamente proporcional a la realidad del día a día. Aquí, como casi todos descendemos de agricultores, nos cuesta un riñón decir que nos va bien.

Hace una generación que desaparecieron las boinas pero parece que los castellanos y leoneses la llevamos aún calada, al menos nos debe quedar la marca, y si no sufrimos la sensación de que la llevamos aún puesta. Es nuestro sino. Han sido tantos años pensando que somos de segunda o tercera que sólo sacamos pecho cuando hablamos de la Reina Isabel La Católica o del frío que hace en Burgos. La Cultural y Deportiva leonesa también ascendió un año a Primera División, pero del pasado no se vive, que se lo digan al Rey Felipe IV.

Este carácter seco no nos beneficia en absoluto en un mundo en el que por desgracia el "parecer" es tan importante como el "ser", pero no lo cambio por ningún otro. Y mira que me duele que hagamos siempre del hermano del hijo prodigo. Si un día Cataluña vuelve al redil, en Moncloa matarán el cerdo cebado y el cielo se llenará de fuegos artificiales. Somos tan buena gente que aunque se nos ponga cara de tontos nos alegraremos. Nosotros respetamos y cumplimos aunque tenemos más motivos que nadie para tener los ojos inyectados en sangre. Sirva de ejemplo la tomadura de pelo con el sector minero o la financiación autonómica, da igual el color político de la Moncloa, siempre salimos trasquilados. Aquí no oleremos a azahar, pero tenemos palabra. Eso sí, nueve palabras. Esta Comunidad fue la última en parirse y aunque tenemos más de 33 años seguimos con los vicios de la infancia. Nueve provincias mirándose el ombligo en un mundo global; vemos la paja en el ojo independista y no vemos la viga en el provinciano. Solo con generosidad y sentido común desterraremos el apego excesivo al terruño más cercano. Pasó con las cajas de ahorros, con los aeropuertos, cada vez que se publican las inversiones de los presupuestos y me temo que lo volveremos a ver con el mapa de titulaciones a pesar de los arrestos del nuevo Consejero de Educación. Caciquear para casa es un beneficio a corto plazo y con escaso recorrido. Cuando el alcalde de Valladolid se presentó en visita oficial en León, Guzmán el Bueno no se bajo del pedestal, la "Pulchra leonina" siguió en pie y El Húmedo no se secó. Posiblemente las competencias de Puente y Silván no sirvan ni para intercambiar pendones, pero el gesto sincero fue tan importante que desmontó en una mañana los enfrentamientos estériles de sus predecesores. Sólo trabajando en equipo avanzaremos. De poco sirve que mi bodega subterránea esté saneada; si la del vecino se derrumba arrastrará la mía. ¿Por qué han progresado las bodegas de la Ribera del Duero? Porque a todas les ha ido no bien, y no sólo a unas pocas. Además el progreso es imparable, aprovechémoslo. Un AVE crucifica con placer esta Comunidad, tierra de paso o no, estamos a un suspiro de Madrid y a un santiamén de la costa. Hemos pasado tanto tiempo impidiendo que la carretera circunvale el pueblo para que no muera que al final ha fallecido la comarca, señor Frodo. Si un berciano, o un abulense no entiende que la autovía del Duero es la primera infraestructura que necesita Castilla y León, es mejor que Galicia anexione El Bierzo y que la Diputación de Ávila organice un festival de chotis.

Podríamos hacer un panegírico de esta Comunidad, loar el Duero, y enumerar el insultante patrimonio que tenemos por castigo, que también, porque el potencial es demoledor, pero no viene al caso. El dilema es… pastar en esta tierra o irse a Alemania, Pepe. El éxodo de las mentes privilegiadas no es exclusividad de Castilla y León, lo malo no es que marchen y se empapen de experiencia e idiomas, el problema es que no vuelvan a cotizar para los rebaños de pensionistas. No se pueden poner puertas a las nuevas generaciones, pero sí las mimbres para que regresen. Quizá esta no sea la tierra prometida, pero es la nuestra. Se matan en Oriente Medio por un puñado de desierto y nosotros abandonamos a su suerte los Arribes de Duero, El Tiétar o la Maragatería.

Nada tiene que ver el azar con los responsables políticos que nos gobiernan, en un porcentaje, aunque ínfimo, cada uno ha elegido lo que las tripas le han pedido y a pesar de los mesías emergentes, aquí casi nada ha cambiado. ¿Será que los castellanos y leoneses son animales de costumbre y no pueden dejar el azul? El granero de votos popular ha mermado pero no tanto como en comunidades vecinas. Hace tiempo que más que el color político, lo que existe es un paisano llamado Juan Vicente Herrera. Un convencido de esta tierra que para desgracia de algunos y alegría de otros con más pasado que futuro. La margarita de la sucesión está sin deshojar algo que no es baladí si queremos hurgar en el futuro de Castilla y León. ¿Quedan cachorros con raza entre la nuevas generaciones del PP, unidad en el PSOE entorno a Tudanca, madurez en Ciudadanos o sentido común y autonómico en Podemos más allá de vestir de payasos a los Reyes Magos? Decía el líder ugetista Fermín Carnero que era complicado hacerle una huelga al paisano Herrera. No es cierto que el diálogo social está en el ADN de esta Comunidad, como se deje de regar se marchitará. Está por ver si el próximo inquilino del Colegio de Asunción quiere dejar huella como Juan Vicente o cicatrices. Y eso sí será vital para el devenir de esta tierra.

El futuro se antoja incierto por la incapacidad de los políticos a reconocer que ya no pueden hacer lo que les da la gana como han hecho hasta ahora. Es difícil hacer la digestión con tanto "caloret", pero sería injusto meter en mismo saco a todos los que han servido desinteresadamente a la sociedad. Y cuidado, no nos pasemos. El giro que van a dar los políticos va a coger tantos grados que en vez de regenerarles y humanizarles, provocará una desbandada que llenara los consistorios de mediocres. Conozco el caso de un alcalde que su hijo se niega a acompañarle por la calle, prefiere que piensen que es huérfano. La solución no es bajar el sueldo a los regidores, como si tener un alcalde mileurista fuese sinónimo de eficacia. Mal está que se pongan su propio sueldo, pero peor será que cobren menos que su conductor. La regeneración democrática llega tarde, pero viene para quedarse. O al menos eso quiero creer.

El tablero político ha cambiado y quien no lo vea será atropellado. Las reformas solo pueden llegar desde los grandes pactos o se parará el país, la Comunidad, la ciudad y el pueblo. Los valientes, también llamados emprendedores, no quieren respeto, necesitan ayudas, financiación, una administración ágil y una oportunidad para demostrar que quieren echar raíces aquí. Talento sobra, si hace 63 años nuestros antepasados pasaron de producir adobes a fabricar coches para todo el mundo, qué no serán capaces de elaborar las nuevas hornadas de pensadores en los mercados exteriores.

La sangría poblacional será uno de los grandes retos, cada vez somos menos. Será difícil mantener el equilibrio de la pirámide poblacional. Se vive tan bien que no se muere nadie, aunque el cuerpo humano tiene límites. Ha costado casi tanto como ganar un mundial pero por fin se ha convertido en un problema de Estado. Cuando toda España se pierde habitantes, la culpa no será de la falta de servicios en los pueblos de La Cabrera. Reordenar los más de 2.000 pueblos será otro desafío de ingeniería cuántica. Lo más fácil, y sin pisar el barro, sería cerrar la mitad y convertir el resto en centros de interpretación de las avutardas. La quijotada de mantener aulas con 4 alumnos es una apuesta por el territorio que significa que todos tenemos los mismos derechos, vivamos donde vivamos. Lo dice esa Constitución a la que tantas ganas le tienen. Y puestos a luchar contra los molinos parece más defendible mantener las urgencias rurales de Barruecopardo que abrir una embajada regional en Bombay.

Ruidos de sables se escuchan en el exterior, debates estériles enmascaran la realidad social que vive el país, se agradecería un poco de respeto a quienes anteponen el diálogo social al rédito partidista. No todo vale, ni tiene las mismas prioridades. Esta tierra merece la pena, siéntase orgulloso de ser castellano y leonés, es posible que no le pase nada. Yo al menos así lo siento. ¿Qué le voy hacer, si nací en Castilla y León?

 

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