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Una puerta al patrimonio cultural

CARLOS DE LA CASA CARLOS DE LA CASA
15/03/2016

 

Hemos iniciado el cuarto lustro del siglo XXI, esto nos ha llevado a abrir la puerta de Castilla y León y nos hemos vuelto a encontrar con lo más importante que tiene, amén de sus gentes, esta Comunidad Autónoma formada por dos regiones, Castilla y León, su Patrimonio Cultural.

Pero esto no siempre fue así. El hombre del viejo reino de León y el condado de Castilla, no siempre ha pensado, hoy sí, que su seña de identidad era el Patrimonio Cultural.

Este legado es histórico y ha logrado superar incluso las nefastas desamortizaciones de bagaudas del patrimonio como Mendizábal y Madoz, aunque no pudo con esa sangría que supuso la salida de un sin fin de piezas de nuestra tierra, como quedó reflejado en esa magna obra de nuestro amigo Gonzalo Santonja: ‘Museo de Niebla. El Patrimonio perdido de Castilla y León’, Valladolid, 2004.

¿Qué sucedió para que nosotros, los castellanos y los leoneses o los leoneses y los castellanos, «tanto monta, monta tanto», tomásemos conciencia del valor de lo nuestro, la riqueza patrimonial y lo marcásemos ‘a sangre y fuego’ como nuestra auténtica seña de identidad?

No fue consecuencia de un sólo acto, sino una concatenación de acontecimientos: olvido del Gobierno de Madrid del entonces lamentable estado del Acueducto de Segovia; desprecio, sólo momentáneamente, de los desprendimientos de la Catedral de Burgos y, frente a esto, una rápida respuesta al lamentable incendio del Liceo de Barcelona, etc..

Todo esto aconteció en los primeros años de la década de los noventa de la pasada centuria. Frente a lo expuesto, el Gobierno de la Junta de Castilla y León apostó por el Patrimonio Histórico, así se denominaba de forma genérica entonces, y a ello se unió la sociedad, toda la sociedad de nuestra tierra.

El diario «El Mundo de Valladolid», en febrero de 1994, publicó «un Manifiesto a favor del Patrimonio Artístico de la Comunidad Autónoma». Documento que en pocos días fue respaldado por 35.000 personas de todos los sectores de la sociedad y de diferentes partidos políticos.

«Toda una legión de buenas gentes, desde prestigiosos intelectuales hasta humildes trabajadores, desfilaron por las columnas del periódico en defensa del Patrimonio de nuestra Comunidad», escribió el entonces director del citado medio de comunicación, Félix Lázaro.

En aquella época nosotros abrimos una ventana y vimos lo que se había heredado, cómo estaba y cómo se trataba y decidimos abandonar la mencionada ventana y abrir una puerta para salir y ser uno más en apostar por el patrimonio cultural como seña de identidad de Castilla y León.

Ahora hemos vuelto a salir por la puerta y nos hemos encontrado un panorama diferente. En primer lugar, la sociedad ha asumido la importancia de los restos de su historia y hemos pasado de una total falta de sensibilidad, si se nos permite y lo decimos con todo el cariño, a una hipersensibilidad.

Un recorrido por esos casi cien mil kilómetros cuadrados nos permite ver como nuestras catedrales, nada más y nada menos que once, se han salvado y suelen tener, casi permanentemente, andamios. Esto que quizás a algunos les sorprenda es algo muy importante, estamos hablando de su mantenimiento permanente.

Aquellos viejos, son cientos, castillos están siendo visitados por miles de personas que comprueban como las ruinas pueden ser consolidadas y puestas a disposición de la sociedad. Lo mismo sucede con diferentes plazas, en donde la unión de los ayuntamientos y la administración regional, junto con los propietarios, han permitido primero salvar y después poner unos recintos urbanos a disposición de todo aquél que desee visitar nuestras ciudades y villas, y baste un ejemplo: Peñafiel.

Igualmente, sobre todo con coherencia, se ha hecho con los denominados Bienes de Interés Cultural lineales: Caminos a Santiago, especialmente el francés, Canal de Castilla y Ruta de la Plata o Camino Jacobeo del Sur.

Y, ¿qué decir de los yacimientos arqueológicos?, en ellos se ha llevado a cabo una puesta en valor que permite al turista no sólo visitarlo, sino también, y lo que es más importante, comprender el significado que esos restos tuvieron en su momento: Atapuerca, Siega Verde, Las Médulas, Clunia, la Olmeda, Tiermes, etc.

Todo ello, que ha supuesto la implicación de la totalidad de la sociedad, se ha podido lograr gracias a los diferentes Planes de Intervención en el Patrimonio Histórico, y van tres, que puso la Junta de Castilla y León en marcha en 1996.

¿Y esto es todo? No. Ahora ya sin puertas, ya con la conciencia de que el Patrimonio Cultural es de todos y que nuestra auténtica seña de identidad es esta, pueden existir otras, caso del medio ambiente, pero por favor no diversifiquemos mucho que entonces caeríamos en un grave error.

Estamos en el año 2016, en pleno siglo XXI, ¿hacia dónde debemos ir, cuál debe ser la ruta a seguir? Las bases están puestas, pero esto es una maratón y no una carrera de 1500 metros.

En primer lugar, es necesario, y ya, que la Administración competente en la materia presente una buena Ley de Patrocinio y Mecenazgo. Ello llevará a la iniciativa privada a apoyar el patrimonio cultural. Esta normativa, prometida por todo el mundo y nunca presentada al parlamento español por nadie, es sin duda clave y de seguir así perderemos una oportunidad importante, y los responsables de no presentarla pasarán a la historia de la cultura como lo han hecho Mendizábal o Madoz.

Los nuevos Planes de Intervención deben ser una apuesta importante y todos, y cuando decimos todos nos referimos a todos, incluidos propietarios y ayuntamientos, ya lo decíamos el 18 de diciembre de 1993 en una interesante conversación, publicada, con el periodista Fernando de Paz, debemos actuar conjuntamente.

Se debe seguir apostando por nuestras catedrales y monasterios de tal forma que puedan ser visitados, fotografiados y disfrutados por todos. Así todos nos veremos obligados a contribuir en su mantenimiento y difusión.

Un tema clave, fundamental, dentro del patrimonio es el mantenimiento. De nada sirve una importante intervención, con su fuerte inversión, si al día siguiente nos olvidamos de que, al igual que la casa de uno mismo, debe ser cuidada y en estos casos más, ya que han sido sufragadas con los impuestos de los ciudadanos.

Se debería entrar a analizar en profundidad los Conjuntos Históricos, dada la desigualdad entre unos y otros, motivada sin duda alguna por la desidia de algunos responsables municipales.

En las últimas décadas ha surgido desde la Administración Autonómica un importante proyecto: ‘El románico de Castilla y León’, este se está desarrollando por zonas. Pues bien, debe seguir en marcha hasta su finalización. El Patrimonio no debe ser una moda, ahora sí ahora no.

Siempre hemos defendido, porque hemos creído, que la inversión en conservación y mantenimiento de nuestro patrimonio cultural era rentable y así lo hemos manifestado tanto en nuestros artículos como en los cursos de gestión de patrimonio que hemos impartido.

Este planteamiento ya lo exponíamos públicamente en 1993 y lo reiteramos infinidad de veces desde entonces, especialmente entre 1995 y 1998. Últimamente se han intensificado los análisis sobre Patrimonio y Economía y todos ellos vienen a corroborar el impacto económico en diversos campos del patrimonio cultural, tanto en bienes inmuebles como en muebles.

Esto es viable, y quizás más viable diríamos nosotros, en momentos delicados económicamente hablando. En los inicios de la crisis actual el Prof. de la Sorbonne, Xavier Greffe, especialista en ‘Economía de las Artes’, decía: «Aunque el patrimonio no se ha visto tan afectado como los espectáculos en vivo, también se ve afectado en este contexto debido a su imagen nostálgica y selectiva. Sin embargo, la correlación con el desarrollo sostenible muestra que las actividades asociadas a los monumentos, los museos, la música, etc. pueden ayudar a crear puestos de trabajo, aportar interés a las regiones e incluso avivar la creatividad económica y social».

Hemos salido por esa puerta, que decíamos al inicio, que nos llevaba a nuestra gran seña de identidad, el Patrimonio Cultural, y hemos visto lo que se ha obtenido en el último cuarto de siglo y hemos comentado lo que queda por hacer, siempre desde nuestra óptica. Y si algo nos queda claro es que debemos de seguir apostando por él. Y por el importante valor intrínseco del mismo, no por el turístico que también lo tiene y de forma importante.

En 1918 los presidentes de las diputaciones de Castilla, en el manifiesto firmado en Burgos, «Mensaje de Castilla» manifestaban la identidad del regionalismo castellano; en 1994 el manifiesto surgido desde Valladolid, «Defender lo nuestro. El patrimonio Artístico de Castilla y León», mostraba el sentimiento de esta Comunidad por esta seña de identidad.

Ahora, en el 2016, sin necesidad de manifiestos, todos los castellanos y los leoneses, con sus instituciones al frente, debemos mostrar ese sentimiento que llevamos dentro por defender lo que nos legaron nuestros padres y continuar trabajando y apostando, con los pies en la tierra, pero con los zapatos manchados de barro de tanto recorrerla, por la conservación, restauración y mantenimiento de lo nuestro: el patrimonio cultural.

 

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