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Origen rural

 

CONFIANZA. EN NUESTRAS posibilidades, en nuestro futuro, en nosotros mismos. Quisiera empezar mi mirada a Castilla y León como una mirada interior, realizando una introspección siempre útil como inicio antes de afrontar nuevos desafíos. ¿Seremos capaces de superar los obstáculos para lograr un futuro mejor para nuestros hijos? ¿Estamos dispuestos a trabajar juntos, iniciativa pública y privada, los políticos generando las oportunidades y los emprendedores aprovechándolas? ¿Creemos en nosotros mismos, en nuestras posibilidades?

Comienzo con este análisis porque hace tiempo que la provincia de Ávila parece sumida en la catástrofe y el desánimo. O más bien algunos, claramente con un interés particular y partidista, se empecinan en trasladar esta catastrófica imagen. Todo en una época en la que la manipulación y otras formas de entender (o no entender bien) los nuevos canales de comunicación logran, en numerosas ocasiones, abrirse camino. La provincia ha sufrido la crisis, yo diría como la inmensa mayoría de las provincias de España, y ahora, indicadores económicos mediante, con los nubarrones alejándose y el sol abriéndose paso, es necesario pensar y repensarnos.

El medio rural, nuestro medio rural, es en Ávila mayoritario. Una gran parte de la población vive en pueblos; en alguno de los 248 municipios y dos entidades locales menores que conforman una provincia eminentemente rural. Y abro un paréntesis para subrayar que, gustará más o menos, pero esta es la realidad de nuestra provincia y la de nuestra Comunidad. Y no es otra. Ciudadanos que requieren servicios, como la atención sanitaria, escolarización, servicios sociales… y otros que pasan más desapercibidos, como la asistencia y cooperación jurídica, económica y técnica, el saneamiento o arreglo de caminos… Vecinos que son de primera, que merecen ser tratados como tal, en lugar de, como pretenden otros, abocarlos a ser ciudadanos de segunda, con menos oportunidades y, según parece, casi abandonados a su suerte.

Y aquí es donde, permítanme, diputaciones como la de Ávila tienen un papel esencial, que no es otro que el de garantizar que quienes habitan en el medio rural puedan gozar de los servicios necesarios, además de colaborar en la vertebración y cohesión del territorio. Velar y mantener el bienestar en muchísimos municipios que, sin la existencia de las diputaciones provinciales, estarían abocados al cierre. Señores y señoras que desconocen el medio rural: los pueblos no son decorados de cartón piedra que se puedan cambiar al antojo del visitante. Son entes vivos, en la que sus vecinos conviven y luchan por sacar adelante a sus familias, por ofrecer a los suyos un futuro mejor.

La Diputación es también la administración más cercana a nuestros pueblos. La que escucha y actúa con inmediatez, presta a la llamada del alcalde para solucionar los problemas. Recuerdo, al poco de mi toma de posesión, las inundaciones que anegaron varios términos municipales en el Valle Amblés, y la actuación, de la que me siento especialmente orgulloso, del personal de esta casa, que facilitó en un tiempo récord que los vecinos de los pueblos afectados fueran recuperando la normalidad. Pero no sólo están las diputaciones para actuar en situaciones de emergencia, sino también -y en la mayor parte de las ocasiones- para garantizar la normalidad en el día a día de sus ciudadanos.

Instituciones saneadas, útiles y cercanas al ciudadano. Que afrontan el reto de -si no lo han hecho- modernizarse, adaptar sus estructuras (recordemos que nacieron hace más de 200 años) y adaptarse a los nuevos tiempos. Mejorar en eficacia y en transparencia, para continuar ofreciendo una cobertura de servicios públicos. No, sin duda las diputaciones no son el problema, son parte de la solución. No es que sean importantes, es que son imprescindibles para el mantenimiento de nuestros pueblos, de nuestra propia idiosincrasia. Castilla y León sin diputaciones no sería Castilla y León.

Una solución que pasa por tener en cuenta y poner en valor la riqueza de nuestro patrimonio cultural, natural y paisajístico, Ávila es rica, diversa, excepcional y está situada estratégicamente, para nuestro beneficio, en el centro del país, lo que nos ofrece una posición envidiable. Hasta aquí todo nos ha sido regalado. A partir de aquí, es necesario seguir trabajando para poner en valor, dentro de un marco estratégico, todo lo que la naturaleza nos ha concedido.

El turismo, a nadie se le escapa, es uno de los atractivos de nuestra provincia y de Castilla y León. Pero no es el único. El sector primario, que genera empleo en el medio rural e indudablemente asienta población, es clave para lograr un futuro para todos, sin olvidar la industria y los nuevos yacimientos de empleo que están por llegar.

El rumbo que debemos tomar pasa por volver a los orígenes. Castilla y León tiene un carácter eminentemente rural, y no debe dar la espalda a lo que es. Nuestra Comunidad debe avanzar en el 2016 sabiendo de la tenacidad de sus gentes, de sus orígenes rurales y con la certidumbre de que el medio rural puede convertirse en uno de los ejes principales de progreso. Ese origen rural forma parte de nuestro carácter. Encontrar las políticas adecuadas para articular este hecho es uno de los retos más importantes que tiene por delante la clase política, pero también para la sociedad en su conjunto. Unos debemos poner a disposición los mimbres que otros deben utilizar para elaborar los cestos adecuados. Generar las posibilidades, formar el clima adecuado para crear las oportunidades necesarias para que cada vecino de cada municipio tenga opciones.

La nuestra es una Comunidad singular, llena de vida, de posibilidades y, por ende, de futuro. Un futuro por el que debemos trabajar unidos, desde las distintas sensibilidades políticas, superando lo que nos diferencia y teniendo claro que el progreso de la Región es el fin común que debemos perseguir. El cómo lograrlo incluye políticas que no tienen por qué confluir, pero el objetivo último es el mismo: progreso para todos.

En Castilla y León, y por supuesto en nuestra provincia, no sobra nadie. Todos somos necesarios. Desde las instituciones que como las diputaciones provinciales seguirán luchando por sus vecinos, como elementos clave además de la vertebración nacional, sin olvidar la Administración regional y cada ayuntamiento, hasta los emprendedores y trabajadores que, a diario, apuestan por crear riqueza en el territorio.

Son nuestras gentes, los castellanos y leoneses, nuestro principal valor. Vecinos honrados, nobles, austeros, dignos de vivir en una tierra que incluso hoy, en el marco de una gran incertidumbre política a nivel nacional, ofrece oportunidades para quien las quiera tomar. Los pueblos, esos núcleos de población de mayor o menor intensidad, son nuestro rasgo distintivo. El origen y meta de una extensa Comunidad en la que cabemos todos y, en la que, juntos, decidiremos nuestro futuro. El reto está servido.

 

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