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La internacionalización como seña de identidad

 

HACE 800 AÑOS, el territorio en el que ahora se asienta la Universidad de Salamanca era un espacio convulso e inestable, tanto política como económicamente. Sin embargo, el Rey Alfonso IX de León tuvo la audacia de decidir que se fundara un Estudio General que cambiaría para siempre el incierto futuro de esa ciudad y de su entorno. Fue una valiente apuesta cuyo objetivo no era otro que crear un centro del saber, capaz que generar conocimiento y progreso, pero también de formar a las personas que debían hacer frente a esta situación compleja para mejorar las perspectivas de un pueblo donde la ciencia no era, ni mucho menos, un elemento cotidiano. Este pueblo para el que el Rey buscaba un futuro mejor, aún tardaría siglos en definirse como lo que hoy conocemos: la provincia de Salamanca y mucho más recientemente, la Comunidad Autónoma de Castilla y León, nacida en 1981 con nuestra democracia al amparo de la Constitución Española de 1978.

En 1253, Alfonso X dio al estudio salmantino el título de ‘Universidad’, siendo la primera institución educativa del mundo en llevar ese nombre. Se afirma ya de este modo la vocación universal de la Universidad de Salamanca dese sus primeros momentos, su continua búsqueda de traspasar fronteras y acercar conocimientos, intercambiando saberes y propiciando la generación de otros nuevos. Por eso, este viaje a través de los ocho siglos de nuestra Universidad ha sido un constante esfuerzo por ampliar horizontes y convertirse en un centro de atracción para sabios y maestros de todos los rincones del mundo.

Esta capacidad de atracción y proyección universal fue ya reconocida por el papa Alejandro IV que concedió en 1254 una bula que permitía a los titulados de la Universidad de Salamanca enseñar en cualquier parte de la orbe cristiana a excepción de París y Bolonia, restricción que pronto sería retirada.

La impronta internacional que la Universidad de Salamanca tiene desde su nacimiento y que ha mantenido con el paso de los siglos, hace que hoy en día siga siendo una de las más atractivas para los estudiantes extranjeros que visitan España, como muestran los datos que nos hablan de que el estudio salmantino cuenta con un porcentaje de estudiantes extranjeros superior al 11% frente al apenas 2,8% de media nacional. La USAL maneja cifras similares a las que se recogen en el resto de Europa, si bien nuestro poder de atracción es superior a la media de países como Alemania, Dinamarca o Italia, por citar tan solo algunos ejemplos.

El prestigio general de la institución contribuye a esas cifras, así como nuestra reputación como formadores en lengua española, que hace que nuestros estudiantes extranjeros consigan con su paso por la Universidad de Salamanca, no sólo un alto nivel formativo en sus materias de estudio, sino también un conocimiento del idioma español adquirido en la universidad española que compite al más alto nivel internacional en esta área y cuya experiencia ha dado origen al nuevo certificado digital del español, el Sistema Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE), junto con las universidades Nacional Autónoma de México, la de Buenos Aires y el Instituto Cervantes. Es un certificado que está llamado a ser la referencia mundial en la certificación del español a distancia. Una vez más, nos encontramos ante una iniciativa destinada a traspasar fronteras.

En términos económicos el dato que relaciona la Universidad de Salamanca con la atracción estudiantes extranjeros y de otras comunidades autónomas es muy relevante, ya que implica la llegada a la ciudad y a la región de personas que pasan un tiempo determinado en ella, viviendo en ella y consumiendo en ella. En definitiva, contribuyendo a la economía local y regional, al igual que contribuyen también sus trabajadores, tal y como muestra un reciente estudio realizado por nuestro Consejo Social ‘La parte y el todo’, que señala que solo de las transferencias de las administraciones públicas, por cada euro invertido en la Universidad de Salamanca se generan algo más de 6 euros y que el valor añadido total asociado a este aumento de la producción supone un 0,92% del PIB de Castilla y León y un 7% del de Salamanca.

Pero esta importante capacidad de atracción tiene otras implicaciones positivas como el hecho de que acerquen a la Universidad nuevas ideas y culturas que penetran en nuestra comunidad universitaria y que supone un soplo de aire fresco para compañeros, profesores e investigadores, al intercambiar conocimientos y establecer lazos que, sin duda, contribuyen a que la Universidad de Salamanca mantenga también unas satisfactorias cifras en el ámbito de la investigación.

Esta tarea investigadora se completa con la de transferencia representada de una manera muy especial por nuestro Parque Científico que cuenta con 14.000 metros cuadrados destinados a áreas específicas para nuevas empresas de base tecnológica. En estos momentos ya se han generado más de 700 empleos y hay instaladas más de 60 empresas de ámbitos como las tecnologías de la información y las comunicaciones, las ciencias agrarias, la biotecnología, el español o el márketing, entre otros. Este esfuerzo busca generar en el Campus de Villamayor un parque de Tercera Generación referente como Ecosistema de Innovación Abierto y caracterizado por impulsar un espacio de emprendimiento y atraer empresas tractoras. De nuevo, la actividad realizada en la Universidad de Salamanca traspasa limites ya que a través de estas empresas realiza proyectos para distintos lugares del mundo con egresados de la Universidad de Salamanca que trabajan a diario en oficinas ubicadas en un espacio local y regional determinado.

Todas estas relaciones y complejas redes se han ido entretejiendo a lo largo de los siglos, contribuyendo a que la imagen de la Universidad fuera de nuestras fronteras sea sólida y reconocida y gocemos de un prestigio capaz de contribuir a estrechar lazos con muchas regiones del mundo. Muy especial es la relación histórica de la Universidad de Salamanca con América Latina, donde nuestra condición de ‘alma mater’ de las universidades del continente americano nos hace mantener proyectos de colaboración en número e importancia crecientes. Además, tenemos una relación privilegiada con Japón y Brasil, alimentada con nuestros ‘Centro Cultural Hispano-Japonés’ y ’Centro de Estudios Brasileños’.

Esta es la herencia que nosotros disfrutamos, pero es también un modo de entender la Universidad más allá de las limitaciones geográficas, muy conscientes de que en el mundo de la ciencia, la cultura y el conocimiento, esas fronteras no existen. La Universidad de Salamanca, por esta tradición y este bagaje se siente cercana a los castellano leoneses en su conjunto pero también se siente cercana a todos aquellos que a lo largo de los siglos, siendo de la procedencia que fuesen, se han sentido parte de esta Universidad y han contribuido con sus capacidades a hacerla mejor, más grande y más relevante en el mundo. Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a figuras como Francisco de Vitoria o Nebrija, que pusieron el nombre de su Universidad en su impronta y con ello contribuyeron a que la dimensión internacional no cesase.

Nunca podremos saber qué habría pasado si académicos como Francisco de Salinas o más recientemente Miguel de Unamuno, no hubieran realizado aportaciones que trascendían, sin duda, al marco geográfico en que se desarrollaban. Pensar en la Universidad como un elemento de ámbito local o regional implica dejar fuera de esa mirada a todas las aportaciones que habiendo tenido Castilla y León como punto de partida, han salido al mundo para alcanzar el éxito y la difusión.

Debemos entender que en el mundo universitario la globalización es una realidad con la que convivimos y que fomentamos desde hace siglos, ya que solo entendiendo que nuestra contribución es también global, seremos capaces de apreciar la importancia que como institución tenemos para el territorio más cercano. Son 800 años y miles de historias de progreso…que muy recientemente nos han servido para obtener un nuevo reconocimiento, esta vez en forma de Medalla de Oro de la Comunidad, lo que nos llena de especial orgullo en estos días.

 

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