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Grandes retos del sector agrario

 

Todo lo cría la tierra, todo lo puede el dinero, todo lo vence el amor. Así comienza una canción popular de siega de mi tierra burgalesa que como toda la cultura rural esconde una tremenda sabiduría. Saber que se sabe quizá sea el primer paso para sacudirnos esos estúpidos prejuicios a los que en demasiadas ocasiones nos aferramos convirtiéndolos en un enorme lastre para desarrollar nuestro gran potencial.

Castilla y León tiene enormes potencialidades todavía por desarrollar y el sector agrario de manera importante. Esta es una tierra muy diversa, muy extensa y con muchos recursos, pero el recurso mas importante es el humano por eso debemos cuidar mucho a nuestra gente. Desde el año 2008 hemos vuelto a perder población, se nos va la gente más joven mejor formada y más preparada. La pirámide de edad da miedo, tenemos una población muy envejecida demandante de atenciones, cuidados y servicios. Este problema del envejecimiento y la despoblación, en el medio rural se agrava de manera significativa. Por este motivo, incorporar gente joven a la actividad agraria debería ser un objetivo prioritario del ejecutivo regional. Para esto no basta con dar ayudas a la incorporación que casi siempre llegan tarde y después de hacer inversiones en muchos casos mal calculadas. La actividad agraria debe de ser rentable por sí misma y para conseguir ese objetivo es necesario que los precios de nuestros productos garanticen el coste de producción. Por muchas ayudas que demos a los jóvenes si la actividad no es rentable en pocos años abandonaran la actividad. Por esa razón conseguir la rentabilidad vía precio tiene que ser el objetivo fundamental de todas las partes implicadas.

En un mercado libre no se pueden imponer precios pero eso no significa que no se pueda hacer nada. La supervivencia o no de los agricultores y ganaderos nos afecta a todos. A la población en general por la sencilla razón que somos productores de alimentos y nos gusta comer todos los días y a ser posible varias veces. A la agroindustria, que es una de las actividades económicas que más dinero mueve en el mundo, y que no puede existir sin nosotros. A la distribución, porque si no producimos no tiene nada que vender y se terminó el negocio. Y por último, y no por eso menos importante, a la administración ya que somos uno de los motores económicos de esta región, gestionamos más del 80% del territorio y vivimos en las áreas rurales más castigadas por la despoblación.

Y ahora viene la pregunta ¿Qué podemos hacer para garantizar la supervivencia de las personas que trabajan en el campo? ¿Cómo se pueden garantizar unos precios al sector primario que hagan rentable su actividad?

Pues no voy a proponer nada nuevo, ni nada innovador, es tan sencillo como establecer unas relaciones contractuales justas y equitativas en las que todas las partes de la cadena de valor tengan su margen para poder seguir con su actividad. Tanto la distribución como la industria deben entender que no pueden seguir ejerciendo esa posición de dominio hacia el sector productor llevando a éste a una situación angustiosa en muchos casos como por ejemplo el sector lácteo en estos momentos. El libre mercado parece mas bien un invento para que nadie haga nada en situaciones descaradas de abuso. En estos casos es cuando la administración tiene la obligación de intervenir. No me refiero a grandes acuerdos con mucha repercusión mediática que han demostrado ser totalmente inútiles. Estoy hablando de compromiso a lo largo de toda la cadena de valor para un reparto justo de los beneficios con la tutela y el arbitraje de la administración.

No se puede obligar a nadie a comprometerse si no quiere, pero tampoco deberíamos tratar de igual modo a las empresas que garantizan la rentabilidad de los productores que a otras que no tienen ningún escrúpulo.

Para conseguir esto debe de haber una voluntad política contundente, no sirven excusas, es mucho lo que nos estamos jugando y hay que actuar deprisa. El palo y la zanahoria ha sido una estrategia que siempre ha funcionado con bastante éxito. Ahora necesitamos políticos valientes que sean capaces de llevarlo a cabo. Se dan cantidades importantes de dinero público a la agroindustria pero no se exige nada a cambio. Quizás en estos momentos sería interesante empezar a condicionarlas al cumplimiento de unas buenas prácticas comerciales, al abastecimiento de materia prima de la comunidad autónoma, a que existan contratos a medio plazo o cualquier otra medida que podemos pactar entre todas las partes. Esto seria la parte de la zanahoria. Pero no olvidemos la del palo, las administraciones tienen muchos recursos a su alcance para castigar a las industrias y a las cadenas de distribución que no quieran adquirir un compromiso con el sector productor. Las cortes tienen una labor importante en este sentido impulsando leyes que ayuden a que la cadena alimentaria llegue a acuerdos para su sostenibilidad y castigado a quien no cumpla, abuse o no se quiera sumar a ese código de buenas prácticas. Todos sabemos que sólo si no les salen las cuentas conseguiremos un reparto equitativo en la cadena de valor.

Tenemos una gran tarea por delante y las organizaciones agrarias no somos ajenas a este reto. Tenemos la responsabilidad de ser capaces de hacer propuestas que sean factibles, buscar el apoyo de las administraciones y negociar con todas las partes implicadas. En este sentido las ayudas de la PAC están muy mal diseñadas pero aún así tenemos opciones que no estamos utilizando adecuadamente. Una de ellas es la definición de agricultor activo. Los reglamentos aprobados por el parlamento europeo dan distintas opciones a los estados miembros para elegir la definición de agricultor activo. España ha elegido la más descafeinada. Sólo justificando un 20% de ingresos agrarios con respecto a la ayuda recibida. Pero por si alguien se queda fuera si demuestra riesgo empresarial también entra dentro del sistema de ayudas. Que nadie se quede fuera que nos jugamos muchos votos. Esta decisión es nefasta para los agricultores a título principal a los que representamos en la Unión de Campesinos. Repartimos dinero público a personas y a empresas que nada tienen que ver con la actividad agraria. Castilla y León tiene mucho que ganar con un cambio en la definición de agricultor activo.

Somos la región de España mas profesionalizada, es decir con mas ATPs en relación al total de perceptores de las ayudas PAC. Son matemáticas, nos cuadran las cuentas y además es perfectamente justificable desde el punto de vista social. Todo el mundo entiende que las ayudas deben ir a quien justifique que la agricultura es al menos un 30% de sus ingresos totales. Lamentablemente las ayudas hoy por hoy son una parte importante para la estabilidad de las explotaciones. Espero que llegue un día en que los precios de nuestros productos nos permitan vivir dignamente pero hasta que ese día llegue intentaremos que las ayudas estén mejor repartidas. Estas ayudas deben de servir para mover la economía de esta región, generar empleo y autoempleo, aprovechar al máximo las posibilidades del valor añadido. Por esa razón no se puede repartir el dinero como si se estuviera regando con una manguera, debemos marcarnos objetivos e implicar a todas las partes.

En la cultura china la palabra crisis significa oportunidad, es indudable que estamos viviendo tiempos de crisis pero depende de nosotros convertirlos en oportunidades. Tenemos un nuevo equipo en la consejería de agricultura con una consejera con ganas de hacer cosas y de momento con capacidad de diálogo. La UCCL tiene muchas propuestas, voluntad de colaboración y mucha capacidad de trabajo. Esperamos que todo el mundo esté a la altura de las circunstancias. Tenemos grandes retos y ahora a la tarea.

 

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