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Una economía dual

RAÚL ORTEGA RAÚL ORTEGA
26/04/2016

 

LOS DIFERENTES organismos oficiales y gabinetes de estudios sitúan el crecimiento de Castilla y León en este 2016 en un horizonte cercano al 3 %, significativamente por encima del conjunto de España, aunque algo menor que el registrado finalmente en 2015. Sin embargo, y a pesar de lo positivo del dato, la incapacidad para generar empleo sigue actuando como un lastre del que no podemos desprendernos y que conlleva un profundo impacto social. El paro está bajando, sí, pero a un ritmo desesperante, y nadie puede asegurar que consigamos bajar del 18 % antes de que acabe el año; una cifra que, aun siendo también bastante inferior a la media española, avanzada antes de 2008 nos habría parecido insoportable para cualquier economía.

Este es el punto de partida del análisis de las perspectivas socioeconómicas de Castilla y León de cara a 2016 que pretendo esbozar en este artículo, que adelanto que podría resumirse en una sola idea: la permanencia, casi un decenio después del inicio de la crisis, de una tensión estructural entre aquellos elementos de nuestra economía que han comenzado a despegar, con otros que siguen frenando su desarrollo, y que suponen los grandes obstáculos contra los que habrá que continuar trabajando.

Desde mediados del año pasado contamos con unos ‘vientos de cola favorables’ para la marcha de la economía, como son los bajos precios del crudo y del dinero, lo que sin duda ayuda a reducir deuda, contener costes y ganar eficiencia y, por tanto, competitividad internacional. Pero últimamente la incertidumbre viene de las bolsas emergentes, que amenazan con desplomarse y provocar una tercera recesión global en menos de un decenio. Y en todo caso esos vientos pueden cambiar de rumbo en cualquier momento y sin preaviso. Conviene, por tanto, estar preparados.

Generamos el 5,2 % del PIB español y el 5,3 % del empleo. Sin embargo, con el 18,6 % del territorio nacional delimitado por las fronteras autonómicas, contamos solo con el 5,3 % de la población del país, dos millones y medio de castellanoyleoneses, con una densidad de 27 habitantes por kilómetro cuadrado, frente a una media española que alcanza los 93. Además, hay más gente mayor de 65 años (casi una cuarta parte del total del censo) que menor de 25, lo que dibuja una pirámide poblacional invertida que puede acabar lastrando el futuro de la Región. El entramado territorial tampoco favorece el desarrollo, fruto de la dispersión no solo de los vecinos, sino de los propios núcleos de población.

LO RURAL COMO IDENTIDAD Y LA DIFERENCIACIÓN COMO OBJETIVO

El sector de la automoción, ahora revitalizado, sigue siendo el buque insignia industrial de la Región y liderando el sector exterior, sobre todo tras el colapso de la minería y el interrogante que sigue suponiendo el sector energético nuclear. Sin embargo, el 96 % del territorio de Castilla y León es netamente rural, en el que se ubica el 12 % del total de la población rural española. Desde aquí generamos el 12,8 % de la producción agraria y el 13,7 % del valor añadido bruto del sector primario nacional. Como asignatura pendiente quedan el valor añadido que genera nuestra industria, muy lejos todavía del de otras regiones vecinas, y nuestra aportación al comercio exterior, que apenas llega al 4 % del total nacional. Además, el sector agrario desempeña un papel fundamental en la cohesión territorial y cultural, donde se desarrollan especialmente las potencialidades de la economía social.

En una Comunidad como la nuestra, en la que el peso de lo rural en la economía es prácticamente el doble de la media europea, aunque más del 40 % de la renta agraria siga derivando directa o indirectamente de la PAC y otras políticas públicas, sin el aporte vital del sector agroalimentario, sin la producción de cereal, viñedo o ganado, la economía se vendría literalmente abajo. Por eso es clave cuidar de su buena salud, y apostar por él como una garantía de estabilidad y bienestar económico y un antídoto frente a ciclos especulativos y burbujas.

En cuanto al resto de sectores, en el conjunto del país hemos asistido a una especialización y diversificación de la oferta turística, superadoras del modelo tradicional de sol y playa del desarrollismo pasado en las zonas del Litoral, y en el caso concreto de Castilla y León, complementarias de nuestro rico acervo patrimonial, arquitectónico y artístico, en el marco de lo que se ha llamado la ‘multifuncionalidad de lo rural’. Además, más allá de nuestros valores naturales, o en paralelo a ellos, lo cierto es que cada vez es mayor el interés que despierta en los visitantes nacionales y extranjeros uno de los elementos más intangibles, pero también uno de los más valiosos rincones de nuestra identidad colectiva: la alimentación y la tradición culinaria continuamente renovada y revisitada, generándose toda una oferta de turismo gastronómico tan variada como atractiva. El papel de la gastronomía en la sociedad moderna se configura entonces como otra ventaja competitiva de primer orden. En nuestra Región somos especialistas en producir alimentos de calidad, y en presentarlos de una forma atractiva y saludable, combinando cuidadosamente sabores, aromas y texturas. Además, últimamente los medios de comunicación de masas han hecho de los cocineros profesionales auténticos prescriptores de usos, modas y hábitos culinarios, y cómo no, de nuestros productos. A lo que hay que sumar el creciente interés social de todo lo relacionado con la alimentación y nuestros hábitos dietéticos que, más allá de cuestiones puramente estéticas, deben ser entendidos como un problema de salud pública de primer orden. Queda mucho camino por recorrer, pero qué duda cabe de que el futuro de nuestro sector pasa, irremediablemente, porque nuestra oferta de productos tanto frescos como procesados se reivindique no solo como una de las mejores cocinas del mundo, sino también como la mejor farmacia del siglo XXI.

LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO Y LAS NUEVAS REGLAS DEL JUEGO

Firmo este texto como profesional de Cajamar Caja Rural, una cooperativa de crédito especialmente vinculada al territorio castellanoleonés, donde se asientan nuestros orígenes desde 1913. Y si de algo somos conscientes en el sistema financiero es de que al final de esta crisis habrá cosas que habrán de ser ya distintas para siempre. Y que hemos de aprender de lo ocurrido durante los últimos largos siete años, sacar conclusiones y tomar decisiones. En Cajamar no solo estamos comprometidos, como caja rural, con atender las necesidades financieras del sector agroalimentario. Sino que, como cooperativa de crédito y entidad de economía social, nuestro compromiso abarca todas las facetas del desarrollo local y de la sostenibilidad territorial, y sobre todo el fomento de la economía del conocimiento y de lo que ha venido en llamarse ‘territorios inteligentes’.

Hemos vivido años muy complicados, y eso deja huella. La economía española ha iniciado el camino de la recuperación, que aún será largo de recorrer y no estará exento de dificultades, dada la persistencia de importantes riesgos y desequilibrios pendientes de corregir y superar. Aunque haya pasado lo peor, aún queda mucho por hacer para alcanzar un modelo de crecimiento sostenible. En esta nueva etapa en la que nos encontramos es evidente que el mundo de la empresa será clave. La empresa es el agente productivo por excelencia, el que marca el ritmo del pulso económico, el que innova y genera valor y empleo, cimentando así las bases sobre las que se construye el desarrollo.

Los nuevos caminos de la sociedad global del conocimiento nos obligan a fijar nuestro foco en la competitividad, y por ende en la sostenibilidad y en la capacidad para generar empleo y valor, tanto económico como territorial. Un valor que solo puede incrementarse a través de la estricta orientación a mercado (‘producir para vender mejor, en lugar de solo intentar vender lo que se produce’), la innovación en procesos y productos y la generación de un discurso y una marca reconocibles que, partiendo de la tradición de nuestro mundo rural en Castilla y León, ponga en valor y conecte la singularidad de nuestra oferta alimentaria, cultural, gastronómica y turística.

 

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