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Castilla y León. Leoneses y castellanos

ROSA VALDEÓN ROSA VALDEÓN
25/04/2016

 

UNA MIRADA NO sólo es la acción y el efecto de mirar. Es, sobre todo, el modo en que esto se hace, los sentimientos que se expresan y comunican con ello, la clave de nuestro lenguaje no verbal. Nuestra mirada habla por nosotros incluso sin nosotros saberlo. Muestra, de alguna manera, nuestro auténtico yo. Quizás por eso, entre otras diversas razones, haya sido tan interesante esta serie de artículos centrados en Castilla y León: una tierra que se caracteriza, también, por su autenticidad.

Hoy, cuando todos celebramos la fiesta mayor de nuestra Comunidad Autónoma, son muchos los motivos para que nuestra mirada hacia ella sea, en primer lugar y ante todo, una mirada de orgullo.

Nuestra tierra, cada uno de sus rincones, pueblos y ciudades, ha sabido trasladar a sus habitantes, generación tras generación, los mejores y más auténticos valores, que hacen de nosotros personas únicas en una Comunidad única.

Desde el acceso a nuestra autonomía política hemos cambiado, hemos crecido, y lo hemos hecho por nosotros mismos, con sensatez y con seguridad. En este camino, hemos sabido pasar del «a ver qué nos dan» al «vamos a hacerlo». Esa ha sido también, en parte, nuestra transición, y una de las principales razones de nuestro crecimiento como sociedad. Hemos creído en el valor de hacer las cosas, y de hacerlas lo mejor posible. Lo que nos está llevando a ser, siempre con serenidad y siempre desde la lealtad, cada vez más visibles en el conjunto de España, y también un referente en numerosos campos.

Un referente, por ejemplo, cuando organizaciones externas e independientes analizan la calidad y equidad de los servicios públicos fundamentales en nuestro país: la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales, la Atención a la Dependencia. Que, junto a otras políticas muy sociales también, como las de Vivienda o las de Empleo, son para nosotros la mejor razón de ser de las comunidades autónomas.

Un referente desde cualquier perspectiva que tenga en cuenta la riqueza inconmensurable de nuestra Cultura, nuestra Lengua y nuestro Patrimonio Cultural y Natural, que nos singularizan, con los que nos identificamos, y que tanto significan en términos de nuestro atractivo turístico.

Un referente cuando nos percatamos del proceso de modernización de nuestro campo, de nuestra industria agroalimentaria, de nuestro tejido empresarial en su conjunto, cada vez más abierto al exterior y con más capacidad exportadora.

Y un referente por la propia sensatez de nuestras posiciones y argumentos, que permiten que el diálogo, tanto social como político, haya fructificado en nuestra Comunidad incluso en las circunstancias más adversas, en forma de acuerdos que nos han permitido seguir avanzando, día a día, como sociedad. Sesenta acuerdos del Diálogo Social en estos últimos años, y numerosos acuerdos políticos y parlamentarios también, dan fe de lo que digo.

Todo lo anterior forma parte de ese modo de actuar que venimos denominando «el autonomismo útil». Un autonomismo que no busca la confrontación o la diferencia con el otro, sino que encuentra su razón de ser en el servicio a las necesidades de las personas. Un autonomismo que estamos orgullosos de practicar porque actúa siempre poniéndose en el lugar del otro, desde la empatía, desde el conocimiento que da la cercanía, mirando a los ojos a las personas, tratando de solucionar sus problemas.

El esfuerzo de toda la sociedad –especialmente intenso en los años tan duros por los que hemos atravesado–, ha sido el combustible fundamental de un innegable proceso de modernización de nuestra Comunidad Autónoma. Un proceso de convergencia con Europa, de innovación social, de desarrollo estatutario, de articulación de nuestra sociedad civil, de profundización en la cultura democrática.

Por todo ello, con humildad y generosidad, tenemos motivos para sentirnos orgullosos de pertenecer a esta tierra. Pero con un orgullo consciente de lo mucho que queda por hacer. Porque, hoy más que nunca, incansablemente, es necesario seguir trabajando. Esta tierra nos ha enseñado, sin adornos, el valor del trabajo, del esfuerzo, de la constancia, de la tenacidad.

A los castellanos y leoneses, que somos gente de bien y gente que cumple su palabra, no nos gusta que ningún compromiso político o personal se quede en meras palabras. Sabemos muy bien que es un deber volcarse en la acción. Santa Teresa de Jesús, cuyo pensamiento tanto hemos recordado en estos últimos meses, decía: «Quien obra puede equivocarse, pero quien no hace nada ya está equivocado». Las personas y sus obras son las que transforman la sociedad, quienes la hacen avanzar, quienes la invisten de verdadera humanidad. Cada uno de nosotros tenemos la obligación de hacerlo. Pues, como señalaba Vicente Ferrer, «no queremos vivir de sueños, sino de hechos».

Y hay que hacer muchas cosas. Trabajar todos unidos para superar los efectos, todavía tan palpables y dramáticos, de la lacerante crisis económica y de sus graves derivadas laborales y sociales. Considerando la cohesión social y la cohesión territorial entre nuestros principales y más irrenunciables objetivos. Compartiendo nuestro compromiso para salir de una vez por todas, también, de la crisis institucional y de valores que afecta a nuestra Nación, en estos momentos en que las actitudes de algunos tanto nos indignan. Aportando lo mejor de nosotros mismos para seguir construyendo el proyecto de Castilla y León, de España y de Europa.

Todo eso tenemos que hacerlo cada uno desde nuestra propia responsabilidad. Y, por supuesto, desde el ejemplo de nuestros mejores. Esos a quienes reconocemos con los Premios Castilla y León, en el aniversario de nuestro Estatuto de Autonomía. Esos que nos enseñan, con sus diferentes trayectorias, los valores sobre los que podemos construir un futuro más sólido y con más oportunidades para todos.

Y vamos a lograrlo. Entre todos, leoneses y castellanos, castellanos y leoneses, codo con codo con nuestros paisanos de cada una de las comunidades de España, cada vez más presentes en la Unión Europea y en el mundo, vamos a lograrlo. Porque, orgullosos de ser quienes somos, pero conscientes de cuánto debemos esforzarnos aún, tenemos sin duda, cada uno de nosotros y todos como sociedad, eso que el presidente Herrera denominó «el derecho a la esperanza». Tenemos derecho a lanzar nuestra mirada al infinito. A ambicionar una sociedad mejor, una convivencia mejor, un mejor bienestar para todos.

Vamos a lograrlo, porque somos ricos en diversidad. Porque sabemos sumar gentes, iniciativas y costumbres. La historia reciente, y nuestra generosidad, nos han enseñado a ser acogedores, para seguir creciendo en esa pluralidad que forma parte de la inmensa riqueza de nuestra Comunidad Autónoma.

Vamos a lograrlo porque somos ricos, también, en capacidad de trabajo. Y porque sabemos dialogar y pactar. No en vano, llevamos muchos años practicando el diálogo y el pacto, lo que nos permite hoy gozar de una estabilidad política y social que, de seguro, querrían para sí otros territorios y ámbitos, y que tan necesaria resulta, hoy por hoy, para seguir avanzando.

Vamos a lograrlo porque somos muy ricos en tradición y en historia, pero también, y sobre todo, en ideas y en nuevos proyectos.

Si tuviera que resumir en una sola palabra lo que siento al dirigir mi mirada a Castilla y León, esa palabra sería «gratitud». Somos muchos –yo, desde luego, entre ellos– los que damos las gracias por vivir aquí, en una tierra única y llena de atractivos, rodeados de personas con grandes valores. Personas con cuya sabiduría, compromiso y entrega sabemos que vamos a salir adelante, que vamos a seguir superando todas las dificultades que se nos presenten. León y Castilla, Castilla y León. Con orgullo, con mucho trabajo y, también, con esperanza.

Felicidades: hoy es nuestro día.

 

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