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ESPEJOS PARA LA BASE / HUGO LÓPEZ

La vuelta al mundo en 80 canastas

El nuevo seleccionador de Suecia se ha convertido en el Phileas Fogg del baloncesto / Forjado en el patio del San Agustín ha conquistado ligas en Norteamérica, Europa y África / Su sueño es levantar un título en todos los continentes

GUILLERMO SANZ / VALLADOLID
07/11/2018

 

La literatura de Julio Verne muchas veces ha logrado traspasar las fronteras de la ciencia ficción. Hace más de un siglo parecía imposible dar la vuelta al mundo en 80 días; hoy, su personaje Phileas Fogg bien podría estar describiendo al vallisoletano Hugo López, un hombre capaz de dar la vuelta al mundo con una tablilla de baloncesto en su equipaje de mano.

El maravilloso viaje de Hugo López no comenzó en el salón de té del Reform Club londinense, lo hizo en los patios de cemento del colegio San Agustín. Allí dio sus primeros botes con el balón naranja al tiempo que despuntaba en el fútbol sala (llegó a ser portero de la selección de Castilla y León). Sin embargo, su camino enfiló la dirección de la canasta cuando vio que su futuro no estaba a sobre el parqué: «Con 13 años fui el último descarte del equipo infantil del Fórum San Agustín, que era como el paso para ser bueno. Seguí jugando, pero veía que no llegaba para competir con los buenos de verdad y pensé, si éste no es mi camino habrá que buscar otro», recuerda.

Con 17 años cogió la tablilla por primera vez. Lo hizo con el equipo de minibasket femenino del colegio (como ayudante de Willy Crespo). Con 21 fue uno de los más jóvenes en conseguir el título de entrenador nacional. Hugo López se lanzó de cabeza en el océano táctico, un universo por explorar. «Yo de pequeño no salía mucho. Era de ir a ver partidos a los pabellones, a clínics y a conferencias», reconoce. Se sumergió entre apuntes como Don Quijote entre libros de caballería, pero Hugo López mantuvo la cordura; se convirtió en un erudito del baloncesto: «Me encantaba la revista Clínic. Recuerdo que iba a la biblioteca de San Nicolás y cogía libros de baloncesto para fotocopiarles y que me diera tiempo a repasármeles y a tomar mis apuntes», rememora. Primer trayecto de un largo viaje en el que no faltaron escalas imprescindibles para conocer hasta dónde llegaba su sueño. Con 20 años gastó 20.000 pesetas que tenía ahorradas para poder ir a la Final Four de Zaragoza y asistir a un clínic que impartía Messina, Moncho Monsalve y el ayudante de los Lakers Randy Pfund.

Tras pasar como asistente del equipo EBA del Fórum, el entrenador vallisoletano apuntó sus miras más allá del Atlántico. El camino lleno de baches que se encontraba en casa resultó ser una alfombra roja lejos de ella. Acudió a un campus en Carolina del Norte que le supuso una oferta para entrenar al High School de North Western (Pennsylvania); una oportunidad que le obligó a tomar una decisión crucial en su vida: «Hice algo que no hay mucha gente que se atreva: abandonar mis estudios (que terminaría más adelante) para perseguir mi sueño».

Del instituto a la universidad de Edimboro en solo un año. El sueño americano de Hugo López había tomado forma cuando recibió la llamada de su hogar. Los Barrios le brindaron la oportunidad de ser profesional en su país, una idea que siempre primó en su cabeza y que fue ganando en quilates con cada paso.

Tras siete años, la desaparición del equipo le dejó «sin ninguna oferta encima de la mesa y pensando en abandonar». Fue entonces cuando llegó la llamada salvadora. Pablo Laso marcó su número para llamarle a filas en el Guipúzcoa Basket. «Pablo vas a hacer realidad mi sueño». Esas fueron las palabras que sellaron el compromiso: «Cuando empiezas con 17 años, nunca piensas en que puedes entrenar en ACB», confiesa. No podía imaginar lo que depararía el siguiente capítulo de su historia: un desembarco en la Casa Blanca y poner al Real Madrid en su currículum, en el que luce una ACB, dos Supercopas y una Copa del Rey, que es el recuerdo más preciado que el vallisoletano guarda en el baúl de su memoria: «Fue un golpe importante de autoestima y el camino a seguir».

Una breve escala en Fuenlabrada fue la casilla de salida antes de llenar su pasaporte de sellos. «Un entrenador siempre tiene que tener las maletas preparadas en la puerta de casa»; un equipaje que vuelve de cada viaje más cargado de trofeos. El vallisoletano conquistó Canadá con los Halifax Hurricanes y después Angola (en su segunda experiencia africana tras dirigir a los Malabo Kings de Guinea Ecuatorial), donde desafió la lógica con el Desportivo do Libolo (con el que ganó Liga, Copa ySupercopa y terminó subcampeón en la Copa de Naciones de África) para conquistar un título de Liga en tres continentes; un hito al alcance de muy pocos que Hugo López quiere convertir en su particular coronación del Everest: «Se me ha metido la idea de ser campeón de liga en todos los continentes del mundo». Asia y Oceanía son las dos piezas que le falta para completar su puzzle.

Hasta ese momento, el vallisoletano dirigirá a la selección de Suecia con el Eurobasket de 2021 en el horizonte y espera repetir experiencias como la del pasado verano, cuando trabajó codo a codo con todo un NBA como Serge Ibaka. «Que una estrella de la NBA piense en ti es muy bonito», confiesa un técnico que quiere conquistar el mundo.

 

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