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VALLADOLID CLUB DE ESGRIMA

Tres décadas velando armas

Hace 30 años, los ‘mosqueteros’ Alarcia,Cruz e Isabel Torres pusieron la primera piedra de un club que se ha convertido en referencia nacional / En sus vitrinas, cuatro campeonatos de España por equipos

GUILLERMO SANZ VALLADOLID
16/10/2019

 

Como si de la novela de Alejandro Dumas se tratara, tres ‘mosqueteros’ comenzaron a escribir hace tres décadas una historia en la que las espadas se convirtieron en la pluma con la que firmar una aventura que al final de cada temporada sigue plasmando un punto y seguido.

El 15 de noviembre de 1989 en Valladolid no estaban ni Athos, ni Porthos ni Aramis, y mucho menos D´artagnan. No tenían hueco en la aventura que empezaron a narrar ese día Moncho Alarcia, Cruz José Alonso e Isabel Torres -a los que poco tiempo después se les uniría Juan Ramón Merino-, tres Maestros de Armas que decidieron importar a su tierra un tesoro descubierto en sus aulas de la universidad.

«Valladolid era una ciudad con una fuerte tradición a finales del XIX y principios del XX, cuando tenía renombre, pero después se limitó al ámbito militar», recuerda Moncho Alarcia. Sacaron a la esgrima del cuartel y la sirvieron en bandeja a todo aquel que quisiera catar las mieles de una disciplina que muchos sólo conocían en aquel entonces por los libros de aventuras.

La actividad que comenzó a desarrollar Alarcia en los cursos de la FMD maduró hasta ‘emanciparse’ para convertir al Valladolid Club de Esgrima en el decano de Castilla y León. Una pequeña sala en el Pisuerga fue el primer hogar de los espadachines vallisoletanos; una sala de armas en las que se unían los primeros esgrimistas del club que empuñaron una espada.

El boca a boca y la ayuda de la FMD se convirtieron en una lanzadera para el despegue del club. «Al principio la gente lo conocía por los tópicos, pero se empezó a trabajar y, poco a poco, casi todo el mundo ha oído hablar de la esgrima en Valladolid», celebra Moncho Alarcia.

El romanticismo de los fundadores del club les impedía limitarse a sentarse después de ver su nacimiento. Se empeñaron en que la esgrima tuviera su hueco en Valladolid y Canterac se convirtió en 1996 en una fragua de la que salieron varias de las mejores espadas que ha visto nacer el Pisuerga.

Los antiguos vestuarios de Canterac se convirtieron en la primera sala de armas propia del Valladolid Club de Esgrima: «Borja Lara nos dio permiso para hacer lo que quisiéramos con ese espacio y nos pusimos, literalmente, pico y pala. Estuvimos todo el verano trabajando para acondicionado», explica el fundador. La Federación cedió las pistas usadas en el Campeonato del Mundo de Barcelona de 1980 para forrar el suelo sobre el que pisaba un sueño cumplido.

Las nuevas instalaciones permitieron mirar a un futuro deportivo prometedor; un capítulo que comenzó a escribir José Miguel García Oliveri con la primera medalla nacional conseguida por el club -subcampeón de España infantil en 1995-; un hito que redondeó, siendo aún júnior, cinco años después con el bronce absoluto. «Esto significó romper una barrera. Ya no sólo ganábamos en categorías inferiores», asegura Alarcia.

Poco después, en 2002, llegó un punto de inflexión para el club. Ese año desembarcan en Valladolid Raquel de Antonio y el cubano Iván Trevejo -medallista olímpico en Atlanta y Sidney- y Dismeva se convierte en el primer mecenas de un club de esgrima en España. Tres factores que desencadenaron en la ‘tormenta perfecta’. La llegada de un patrocinador permite pensar en exportar el talento al extranjero, en citas internacionales, algo inviable hasta ese momento. «Empezamos a entrenar con otro optimismo», reconoce el maestro de esgrima.

Raquel de Antonio consiguió la primera medalla de oro para el club y con ella como ‘tiradora franquicia’ se consiguió en 2006 el primero de los cuatro campeonatos de España que lucen en las vitrinas del VCE. Sus compañeros tardaron más en subirse al podio nacional. El esperado momento llegó en junio del 2014, cuando el equipo formado por Juan Castañeda, Yonier Pérez y los vallisoletanos Marcos García y Miguel Pírez consiguieron el único subcampeonato que hasta hoy aparece en el palmarés del club.

Al VCE la humildad le llevó por el camino del éxito. Tanto en España como lejos de nuestras fronteras, donde han llevado la bandera de la ciudad hasta en cuatro ocasiones hasta Italia, sede de la Copa de Europa, donde el quinto puesto conseguido en 2014 en Caserta marca su mejor resultado, aunque el 11 de febrero del 2008 siempre guardará un hueco en la memoria de la esgrima vallisoletana. Ese día, Raquel de Antonio, Carolina Ferrandis, María Steinberg y la pucelana Susana Blanco desenvainaron ante las mejores esgrimistas del continente.

La retirada de De Antonio en 2008 la cubrió de inmediato la húngara Dora Kiskapusi; una espadachina de renombre que ayudó al club más allá de la pista. «Dora nos da un impulso. Que haya un tirador extranjero que te elija hace que más tiradores, como Macarena Centenera, busquen venir a Valladolid. Entras en otra dinámica, sin olvidar de que si no trabajas en los colegios no eres nada», asegura Moncho Alarcia.

Para llegar a las altas esferas primero hay que subir muchos escalones. Por eso, el club no olvida que la cantera es el futuro que asegurará la continuidad de un club que hace pocos años estuvo sobre el alambre y hoy celebra su 30 aniversario con alegría. «No podemos perder de vista que nuestra tarea está en los niños», remarca el maestro de esgrima.

De los 200 tiradores del club, entre socios y aprendices en colegios y cursos, 160 nos jóvenes; una fuente inagotable de la que han brotado nombres como Teresa Delgado, Marcos García, Noé Bermejo, Diego Balmori, Guillermo Nieto, Adrián Yáñez, Daniel Alarcia, Gracia Horno, Alicia González o Andrea Martín. Tiradores con D.O. Valladolid que han dejado su firma en este libro de historia que aún tiene margen por delante para seguir escribiendo capítulos.

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